La politización de las cosas
La política es una creación cultural del hombre que, en un principio, atendió a las necesidades de la organización social de los individuos. Con el devenir de la historia, las características de este concepto se fueron transformando, complejizando y trascendiendo hacia distintas aristas que la alejaron de su concepción inicial tendiente a la mera cuestión organizacional.
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En nuestro tiempo, la política esta sujeta a muchas definiciones de diversas índoles. No obstante, en todas ellas existe un denominador común: la cuestión del poder (las pujas, la obtención, las relaciones, el dominio y las direcciones de éste, etc.). Entonces, en la medida en que la actividad política tiene un sentido que la trasciende (el poder y sus facetas), los valores y las nociones son consustanciales a ella. Ahora bien, el Diccionario de Ciencias Sociales y Políticas Torcuato S. Di Tella se pregunta de forma atinada, "¿es posible que la reflexión sobre la política escape a esa relación?". Claro está que el poder (como ya lo demostró, por ejemplo, Michel Foucault en su vastísima obra) impregna todos los espacios, discursos y actividades de la vida humana. En este sentido, y como está ligada a él, la política se encuentra adherida a absolutamente todos los temas que se tratan en el cotidiano de cualquier sociedad. Aún más si se enmarcan en asuntos de interés público. La triste desaparición de Santiago Maldonado despertó, entre otras cosas, las reflexiones de muchísimos sectores de la sociedad acerca de esta cuestión mencionada en el primer párrafo. Digna del debate de muchos pensadores, esta temática se instaló en la agenda pública de la Argentina bajo la noción de "politización". Es redundante a lo que se viene planteando en el escrito de hoy lo que expresaré a continuación, pero también se vuelve imprescindible remarcarlo: todas las cosas que se experimentan en el cotidiano, desde acontecimientos públicos hasta privados, desde leyes macroeconómicas hasta microeconómicas, desde valores y conceptos particulares hasta colectivos, todo está atravesado por la política. Es decir, que la politización de las cosas no es un fenómeno nuevo, sino que siempre está presente, lo que sucede es que en situaciones extremas y conmocionantes como lo acontecido con Maldonado nos lleva como sociedad a explicitarla. Lo cual tampoco, a mi consideración, está mal. Bienvenido el debate político. Enhorabuena las reflexiones sobre temas que, directa o indirectamente, nos impactan a todos como seres sociales. Dicho esto, es clave establecer una salvedad: la politización esgrimida en vistas de una sociedad mejor, abierta, comprometida y reflexiva, es muy saludable. Sin embargo, cuando pasa al plano de las discusiones vacías, huecas, oportunistas y "chicaneras" propias de nuestra política vernácula, la politización se traslada a un terreno tan árido que ni siquiera permite el debate y las deconstrucciones de los mecanismos de poder. La politización siempre está presente y en circunstancias como las que estamos viviendo en estos días, aflora mucho más. Si bien la política ha quedado herida desde aquella década de 1990, se debe comprender que, además (y por ser) una noción que implica el poder en toda su magnitud, es la herramienta fundamental que tiene toda sociedad para cambiar su realidad. En vistas de esto, no debemos omitir el debate político ni pretender suprimir la politización de las cosas, siempre y cuando se haga en el terreno de la reflexión sin tintes oportunistas.Julián Lazo Stegeman(Fuentes: Clarín, Página 12, "Diccionario de Ciencias Sociales y Políticas Torcuato S. Di Tella")
