La represión
Tiempo atrás durante la gestión de Mauricio Macri en la Jefatura de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires hemos observado la salvaje represión que la Policía Metropolitana de la Capital Federal, creada por el actual Presidente de la Nación, desplegó, por ejemplo, en contra de trabajadores, internos, legisladores y periodistas con el objetivo de facilitar, por medio de la violencia, la demolición del Taller Protegido 19 en el predio del barrio de Barracas, donde estaba proyectada la construcción de un nuevo Centro Cívico, tampoco podemos olvidarnos de la represión en el Borda, que se volvió tan famosa como lamentable y triste. Asimismo, el Kirchnerismo no escapa a estos cuadros de violencia, las terribles agresiones que han sufrido los pueblos originarios en los mandatos K son una gran mancha negra en sus gestiones.
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En esta semana la Gendarmería reprimió a una murga de chicos que se encontraba ensayando en el Barrio Illia de la villa 1-11-14 de la Capital Federal. Ésto generó el repudio de grandes sectores de la sociedad Argentina ya que recordó, entre otras cosas, los momentos más oscuros de nuestra historia nacional. En el presente artículo intentaré brindar una visión sobre el complejo tema de la represión en el ámbito político y social. Desde las ciencias políticas, la represión es una de las plausibles acciones controladoras que los gobiernos toman contra las personas o los conjuntos que hacen frente a las relaciones existentes de poder. Ha sido precisada como el uso o la amenaza de coerción, empleada por los gobiernos sobre los actores sociales que pudiesen llegar a debilitar su resistencia frente a la voluntad de las autoridades. De un modo muy análogo, se la ha definido como toda actividad institucionalizada que pretende contener los comportamientos colectivos. Esencialmente, este concepto remite a la acción de un determinado gobierno que discrimina ferozmente a personas o a organizaciones consideradas peligrosas y representan un desafío radical a las relaciones de poder establecidas o las políticas del gobierno. Es, entonces, una amenaza contra la integridad de los individuos y es desarrollada por las autoridades estatales (basándose muchas veces en el supuesto teórico ideado por Max Weber sobre el monopolio legítimo que posee el Estado sobre el uso de la fuerza, sea también para la utilización inclusive de la violencia física), pero también por organizaciones internacionales o por grupos profesionalizados. Es decir, por aquellas instituciones impregnadas de autoridad legítima o de facto, y de medios coercitivos para lograr que se las respete como parte de un orden legal en vigor. De esta forma, la represión aparece como el acumulado de herramientas y dispositivos utilizados para el control y la sanción de conductas "descarriadas" en el orden ideológico, político, social o cultural, se torna así como una noción muy cercana a la concepción de violencia política. A pesar que en este caso la represión fue aplicada por los gendarmes en la Ciudad de Buenos Aires, la cuestionada actividad no tiene colores políticos ni temporales. Todos los partidos en casi todos los momentos históricos están sujetos a utilizar este tipo de medidas de violencia. Sin ir más lejos, los gobiernos kirchneristas del interior del país han manejado estas prácticas, por ejemplo, durante su mandato como Gobernador de Jujuy, Walter Barrionuevo fue responsable político de la represión para el desalojo de los terrenos de la familia Blaquier en donde hubo varios muertos, o sino la represión a los QOM en la provincia de Formosa donde gobierna el oficialista Gildo Insfrán. Es así, entonces, que la represión es una práctica que viola la libertad, los derechos y las garantías de las personas a través de la violencia, justificada ésta o no en una norma ilegal. Por otra parte y aunque parezca contradictorio, los gobiernos muchas veces utilizan la represión para buscar legitimidad y sostener un régimen que desde la sociedad civil se comienza a desestabilizar. Se pretende, con el uso de la fuerza, instaurar el orden perdido y no ceder autoridad ante los colectivos sociales opuestos. De esta manera, es común la represión en autoridades que comienzan a perder legitimidad e intentan a toda costa reestablecerla sin importar cruzar el límite de la ley ni siquiera el de la vida humana. Lo cierto es, también, que la violencia estatal resulta mucho más opaca ya que viene desde arriba. Desde una institución que debe protegernos como ciudadanos y no agredirnos bestialmente. En fin, como ciudadanos no debemos tolerar la represión que resquebraja nuestros derechos. A lo largo de la historia, muchos partidos políticos han usado esta temible práctica (sea la UCR, el PJ o actualmente el PRO y el Kirchnerismo), por lo tanto, nuestras banderas políticas y subjetividades no deben hacernos soslayar que la represión atenta muchas veces contra la legítima voz popular.Julián Lazo Stegeman(Fuentes: Clarín, Página 12, InfoBae, La Nación)
