López y la corrupción
“Con la democracia se come, se educa y se cura” dijo una vez Raúl Alfonsín. ¿Y con la corrupción? Si existiese algún tipo de antítesis a los dichos del ex Presidente, sin lugar a dudas la corrupción se encontraría en el primer lugar. Que quede claro: con la corrupción no se come, no se educa y no se cura. Las evidencias están a la vista, a más plata robada, malversada o lo que fuere, menos escuelas, hospitales, caminos y obras en general, con todo lo que esto implica. Es una ley inversamente proporcional, si se quiere.
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Mirándolo desde afuera es difícil interpretar a aquellas personas en cargos públicos que se corrompen, como es el caso de José López. O tal vez no, es probable que la combinación de poder y dinero sea una fórmula mortífera para aquellos que no están capacitados para manejarla. Seguramente el proceso de comprender a los funcionarios corruptos viene por este lado. Que no se malinterprete, comprender uno de los ejes de la corrupción no quiere decir perdonarla, ésta debe ser juzgada con todo el peso de la ley, nadie puede meterse con las arcas públicas, ningún particular puede entrometerse con lo que es de todos. Entender por qué la corrupción funciona es una tarea que excede a López, Báez, Jaime y demás malvivientes. Entender el porqué de la corrupción es intentar comprender como un fenómeno tan hostil y turbio para cualquier democracia se ha instalado tan sólidamente en la Argentina. No caben dudas que esto sucede hace muchísimo tiempo, sin embargo, desde el 2003 hasta la actualidad estuvo sumamente lejos de cambiar. La corrupción no comienza ni termina en los políticos, hay otras personalidades de diferentes ámbitos que son cómplices de esta miserable cadena. Es una maquinaria que trabaja a la perfección, y para que esto sea así son muchos los implicados que laburan como deberían laburar en actividades lícitas. En circunstancias así es imprescindible comprender el papel que juega la ciudadanía, muchas veces justificando estas cosas que suceden por pertenecer al partido al cual apoyan. Por una parte es cierto que la mentira siempre está y que las campañas sucias para embarrar a algún adversario político existen. No obstante, no debemos engañarnos ni dejarnos embaucar por dogmas y/o ideologías. La corrupción es mala para todos y ésto es un axioma político que siempre será igual.Julián Lazo Stegeman
