Narcotráfico y corrupción
El jefe de Policía y el ministro de Seguridad de Córdoba tuvieron que renunciar al ahondarse la investigación que llevó a la detención del jefe y otros cuatro policías de la Dirección de Lucha contra el Narcotráfico. Este episodio, sumado al recuerdo de los “narcopolicias” en la provincia de Santa Fe, enciende nuevamente una luz de alerta en lo que respecta al negocio de la droga en nuestro país y la complicidad de los mecanismos policiales y de seguridad.
Ya es un hecho casi consolidado que Argentina pasó de ser un país de tránsito de drogas a convertirse en un importante centro de distribución y producción de la misma (las "cocinas" de estupefacientes siguen aumento su número a lo largo y ancho del país). Y como si esto fuera poco, desde las cúpulas más altas del Estado no se actúa con la verdadera urgencia que requiere el asunto. Asimismo, la complicidad de vastos sectores de importancia en el área de seguridad crean las condiciones necesarias para que este complejo y nocivo tema no se solucione en el corto plazo (suponiendo que en algún momento se solucionará). Como expresa el periodista Luis Bruschtein a propósito de la cuestión: "no hay fuerza política, incluyendo al kirchnerismo, que pueda vanagloriarse de haber superado esta problemática. Y no hay política de seguridad que no incluya una estrategia para sus fuerzas de seguridad. La herramienta tiene que adecuarse al objetivo. Los gobiernos de Córdoba y Santa Fe nunca se plantearon reformas ni reorganizaciones o replanteos de sus fuerzas policiales, las que permanecieron intocadas durante años. En el caso cordobés, los dos funcionarios renunciantes eran a su vez policías. En el gobierno bonaerense hubo intentos de reestructurar a la fuerza policial más grande y conflictiva como es la bonaerense. Y el más importante fue la reestructuración que implementó León Arslanian. No fue tampoco una solución definitiva, porque también implicaba la aparición de nuevos problemas. Y finalmente fue limitada". Es decir que faltan planes integrales de lucha contra el narcotráfico que abarque verdaderamente toda esta terrible contingencia que mueve, por un lado, mucho dinero y por otro termina con la vida de muchas personas. A su vez, se necesitaría un replanteo en el ámbito de la Seguridad, una reconfiguración que vaya, inclusive, desde las raíces económicas de administración hasta las socio-culturales para finalizar con la corrupción allí presente. Como expresa Bruschtein: "Una policía profesional es un cuerpo con formación técnica de excelencia, bien pago y equipado con tecnología de punta. Las policías están implantadas en la frontera con el delito. Por su propia función ocupan necesariamente ese lugar pegado a la línea que traza la ley. La policía brava hace su propia ley, por lo tanto desprecia a la que se aplica en el resto de la sociedad. Y de esa manera también es más vulnerable para la corrupción, como ha sucedido con las policías de las provincias de Córdoba y Santa Fe". En fin, como otros fenómenos sociales, el panorama delictivo en estas nuevas sociedades capitalistas tiene raíces económicas, sociológicas, políticas y culturales diferentes al de otros períodos históricos. En estos nuevos tiempos se han generado formas sociales y desigualdades diferentes a las del capitalismo industrial de antaño. El valor y expansión de los medios masivos de comunicación y los raciocinios que los penetran fabrican a su vez expresiones culturales que se interpelan con esos novedosos formatos sociales. Pero, además, estas tecnologías en conjunto con los procesos culturales han forjado a escalas masivas delitos como el narcotráfico.Julián Lazo Stegeman
