Papelón en el fútbol
Los incidentes ocurridos en el Superclásico por la Copa Libertadores del pasado jueves vuelven a poner sobre el tapete la problemática acerca de la violencia en el fútbol. Una cuestión que ya lleva muchos años de debate y, lamentablemente, mucho tiempo en donde hay heridos y muere gente en las canchas.
Lo ocurrido en La Bombonera fue la repetición a gran escala de lo que viene sucediendo recurrentemente en los espectáculos deportivos. La característica de que haya sido en un Boca-River mediante la agresión directa hacia un grupo de jugadores, despierta la conmoción de toda la sociedad. Asimismo, reitero, estas circunstancias violentas vienen pasando continuamente en las diversas categorías del fútbol argentino. Lo que sucedió el pasado jueves no fue un hecho aislado ni casual, fue la resolvente de un conjunto de factores que históricamente vienen afectando a este juego y por los cuales nadie hace nada por solucionarlos. A mi entender, la cuestión acá no es ponerse en perfil moralista y enunciar pomposas declaraciones en contra de lo que sucedió sólo para quedar bien en la opinión pública. Este accionar que vienen desarrollando muchísimos dirigentes que deberían encargarse de resolver eficazmente el asunto de la violencia, no permite ningún tipo de beneficio, al contrario, sólo posibilita que el fútbol se marchite y se pudra cada vez más. Desde los mismísimos jugadores y cuerpos técnicos hasta las cúpulas estatales más altas, pasando también por la AFA, los medios de comunicación, los barrabravas, los dirigentes de los clubes, los organismos de seguridad y los propios hinchas, todos somos responsables de lo que está pasando con este deporte. Nadie escapa a esta situación. A los hinchas, como elementos claves de este espectáculo y esfera en la cual nos ubicamos muchos de nosotros, me quiero referir en este párrafo. Más allá de la identificación que cada uno pueda tener con una determinada camiseta, el fútbol es algo más global que el club por el cual simpatizamos. Éste juego (repito, juego, no hay que olvidarse de esto) es un fenómeno popular que nos interpela desde lo masivo y es precisamente en esta interpelación donde deberíamos enmarcar diversos interrogantes introspectivos como hinchas: ¿Qué nos genera el fútbol? ¿Qué emociones y sentimientos nos suscita este juego? ¿Vale la pena continuar con esta pasión dado la sucesión de hechos lamentables que observamos y experimentamos? ¿A quien pertenece el fútbol actualmente? ¿Quiénes manejan los clubes? ¿Cómo los manejan? ¿Qué rol y relación cumplen y llevan adelante las dirigencias del futbol argentino con los barrabravas? ¿Actualmente importan más los hinchas o los "barras"? ¿Qué debemos hacer para terminar con la violencia? ¿Cómo actuamos ante ésta? ¿Indirectamente no seremos cómplices de lo que está pasando? ¿Qué entendemos como "folklore del fútbol"? Sobre esta última pregunta me quiero detener. El intelectual italiano, Antonio Gramsci, definía al folklore como "la forma más desorganizada y asistemática de la cultura". Es decir que el folklore vendría a estar compuesto por fragmentos de todos los puntos de vista generados en épocas pasadas y constituidos por una multiplicidad heterogénea de creencias y valores.Asimismo, Gramsci, lejos de caracterizar al folklore como algo pintoresco, plantea analizarlo seriamente dado que es ahí donde se cristalizan las condiciones de vida cultural de un pueblo. Entonces, basándonos en las palabras de este intelectual, podríamos preguntarnos lo siguiente: ¿es la problemática en el fútbol la continuación de una contingencia social más general? Según creo yo, la pregunta debe ser respondida positivamente, las mencionadas condiciones de vida cultural en las que vivimos actualmente nos llevan a observar a menudo como la violencia se instala en muchos ámbitos de nuestro país. Desde la lucha hegemónica que se establece entre los poderes económicos, mediáticos, políticos, sociales y estatales hasta las discusiones que oímos por la calle en el cotidiano, como por ejemplo los recurrentes insultos entre los distintos conductores de vehículos. Nada escapa a estos actos violentos. Es así, que el fútbol es otra expresión más de la mencionada violencia que vivimos día a día como sociedad. Por ende, es necesario que se cambien estos parámetros culturales (objetivo muy difícil pero no imposible). Para finalizar, considero oportuno citar los dichos irónicos del sociólogo argentino Pablo Alabarces: "Si el estado argentino -cómplice y responsable, responsable y cómplice- no para el fútbol en esta semana, propongo al menos algunas regulaciones sencillas para reducir daños, a saber: 1. Armas químicas, solo una vez por mes. 2. Misiles, sólo de disparo manual con carga al hombro: se prohíben los teledirigidos. 3. Los jugadores pueden entrar armados, pero sólo uno de los once, de los que no se sabrá el nombre. O mejor: se sorteará antes del partido. Y puede ser arma de puño, no fusiles de asalto. 4. Los hinchas pueden matar sólo un hincha adversario más que los muertos propios. No se permite, para llevar la suma, acreditar los muertos por las internas. Esos no se cuentan. 5. Los periodistas podrán pronunciar la palabra "inadaptados" una vez por semana; "animales", dos; "bestias salvajes", una al mes; "escoria", dos al año...."
