RECLAMO POPULAR
A pasar de que ya han pasado varios días, la repercusión de lo que fueron los cacerolazos en los barrios más pudientes de la CABA y en algunas ciudades de la República Argentina, todavía sigue siendo grande. Esta mas que claro, entonces, que aquellas palabras del Senador Aníbal Fernández alegando que “en Plaza de Mayo no hubo mas de 20.000 personas” o los dichos del Jefe de Gabinete Juan Manuel Abal Medina expresando que “fueron sectores minoritarios de la oposición” establecen una clara falta de interpretación (seguramente a propósito) de lo sucedido aquel jueves 13 de septiembre.
No obstante, es cierto que hubo algunos funcionarios como el Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, Mauricio Macri, que intentaron sobredimensionar la magnitud de la protesta diciendo que "tal vez fue el movimiento espontáneo y pacífico más grande que haya habido en estos últimos 30 años de democracia", olvidándose, por ejemplo, de las manifestaciones durante el 2001 (antes de que el poder político las mandara a reprimir, solían ser pacíficas). Más allá de todo esto, los cacerolazos, tuvieron ciertas características que son imposibles de soslayar: el debate acerca de si fueron verdaderamente espontáneas o fueron diagramadas y organizadas desde distintos lugares; la falta de representatividad de estos sectores antikirchneristas que no ven en la oposición un único sujeto político capaz de ubicar en el poder democrático para que tenga las facultades de darle lugar a sus reclamos, pese a que funcionarios como Macri, entre otros, intentan adjudicarse la "personería política" de la manifestación; la alienación de varios estamentos de la clase media y media baja que confunden sus petitorios con la agenda impuesta desde los sectores dominantes (tal como sucedió en el conflicto de la "ley 125 de retenciones móviles"); la falta de consignas claras a diferencia de lo que sí sucedía en el 2001 cuando se pedía por "comida y trabajo".La espontaneidad de estas manifestaciones sociales, fueron puestas en un pedestal por los defensores de ellas. Cuando en realidad, ese factor "espontáneo" no sé si resulta positivo ya que demuestra escasez de organización y representantes que se puedan hacer eco de lo que se reclama y así lograr que lo solicitado se pueda lograr. Además, no es seguro si la espontaneidad haya sido tal ya que la protesta fue convocada por la red social y promulgada implícitamente mediante los grandes medios opositores. En adición,los segmentos de la ciudadanía opuestos al oficialismo, demuestran muchos puntos en contra de las políticas kirchneristas. Sin embargo, no logran encontrar al político que logre representarlos y aglutinar sus demandas. El FAP, el PRO, la Coalición Cívica y la UCR son las plataformas que intentan más fervorosamente quedarse con este espacio vacante aunque en la actualidad están teniendo bastantes dificultades, logrando únicamente, dividir al electorado opositor. La alienación también juega un papel fundamental debido a que las clases media y media baja formadas por trabajadores, suelen fusionar sus válidas quejas por la inseguridad, la corrupción y la inflación con los pedidos de las clases altas que ven como sus privilegios dominantes se ven puestos en duda (como decía Arturo Martín Jauretche: "ignoran que la multitud no odia, odian las minorías, porque conquistar derechos provoca alegría, mientras perder privilegios provoca rencor". Otro punto a tener en cuenta, es la falta de consignas homogéneas que puedan generar una verdadera manifestación sólida y concisa. Se mezclaban títulos como "Basta de diKtadura" o "Basta de Cristina" (ilustrado con simbología nazi intentando plantear una comparación con el gobierno kirchnerista) con legítimos reclamos por las pésimas condiciones de transporte público, la alta inflación, la continua inseguridad, la utilización partidista de la TV Pública, sólo por nombrar algunas. Esta extraña mezcla, derivado del ya mencionado concepto marxista de "alienación", pone puntos oscuros a la verdadera legitimidad popular de las manifestaciones. En definitiva, no se puede menospreciar la importancia que tuvieron los cacerolazos como se hizo desde las cúpulas del Frente Para la Victoria. Fue un reclamo popular que todavía no encuentra a sus representantes (lo cual pone de manifiesto la crisis de representatividad que hay en el país), manchado también, por las influencias de los bloque de poder dominantes que observan con peligro sus intereses. Tampoco hay que obviar, el odio y la crispación que hay en muchos segmentos de nuestra sociedad y por eso es sumamente relevante intentar que esto no divida a los argentinos. Porque es a partir de la "batalla cultural" que se está llevando a cabo que, nosotros, los ciudadanos, podemos perder algo sumamente clave: el compañerismo y la solidaridad popular.Julián Lazo Stegeman
