Represión a los pueblos originarios
"...Mario Vargas Llosa explica que no hay más remedio que modernizar a los indios, aunque haya que sacrificar sus culturas, para salvarlos del hambre y la miseria. La salvación condena a los indios a trabajar de sol a sol en minas y plantaciones, a cambio de jornales que no alcanzan para comprar una lata de comida para perros. Salvar a los indios también consiste en romper sus refugios comunitarios y arrojarlos a las canteras de mano de obra barata en la violenta intemperie de las ciudades, donde cambian de lengua y de nombre y de vestido y terminan siendo mendigos y borrachos y prostitutas de burdel. O salvar a los indios consiste en ponerles uniforme y mandarlos, fusil al hombro, a matar otros indios o a morir defendiendo al sistema que los niega. El indio salvado es el indio reducido. Se reduce hasta desaparecer: vaciado de sí, es un no indio, y es nadie…".
Este fragmento pertenece al libro "Ser como ellos y otros artículos" de Eduardo Galeano. Y lo que pretendo generar con su reproducción en la columna del día de hoy es apuntar la falta de conciencia que existe en la mayoría de las sociedades capitalistas (incluida la República Argentina) con respecto a los derechos y a las posibilidades del indígena. Las mencionadas palabras del escritor uruguayo no sólo reflejan una lamentable mentalidad del premio Nobel en Literatura, Vargas Llosa, con respecto a los habitantes más viejos del continente sino que es tan sólo un ejemplo de como grandes personalidades de la historia latinoamericana han despreciado las tradiciones y costumbres pertenecientes a los aborígenes de estas tierras. Asimismo, estos rechazos no forman parte exclusiva de ciertos intelectuales, muchos gobernantes de este continente, mediante la represión y el silencio, continúan destruyendo los pocos vestigios que quedan de los pueblos originarios. Particularmente en nuestro país, se observa que la situación QOM en cuanto a los reclamos y protestas en pos del reconocimiento de su soberanía sobre las tierras que por muchísimos años fueron de ellos, aún se encuentra en una situación complicada. Ni el gobierno de Formosa ni las autoridades del Chaco han otorgado una respuesta concreta y tampoco parece que la brindarán en un corto lapso de tiempo. Más allá del sostén ofrecido desde un principio por organismos de Derechos Humanos, algunos dirigentes políticos y ciertos medios de comunicación (con más intenciones políticas en el enfrentamiento que llevan adelante con el Kirchnerismo), las voces QOM no son escuchadas en plenitud. Es más, en las ya citadas provincias de Formosa y Chaco se sigue con la violencia despiadada en contra de esta comunidad, lo cual ya ha dado como resultado varios muertos. Todo esto llevado a cabo bajo los mandatos de los gobernadores Gildo Insfrán y Jorge Capitanich. En todo este opaco y triste tema, no se puede soslayar el rol que lleva a cabo la gestión de Cristina Fernández de Kirchner en las cuestiones de pueblos originarios, tierras, violencia y silencios. Desde el oficialismo se ha llevado adelante una política en lo que respecta a los Derechos Humanos (claramente referidos, en gran parte, a la reivindicación de derechos violados durante la última dictadura militar de 1976). No obstante, esto no se percibe con el mismo ahínco en relación a la vejación que sufren los pueblos originarios a sus derechos, los cuales son violados constantemente desde hace mucho tiempo por parte de los gobernantes y el poder económico. Tampoco se observan normas que pudiesen diagramar una estrategia política eficaz a favor de los indígenas. No caben dudas que esto es un punto pendiente que tiene el Kirchnerismo. Lamentablemente, todo parece indicar que tampoco esta en sus planes cercanos resolverlo. Es más, son cómplices de todo lo que sucede mediante la postura del silencio y la poca importancia que le dan a los pedidos de los QOM.Ya van muchos siglos de opresión al aborigen y si no se toma conciencia, esto no cambiará.Julián Lazo Stegeman
