Áurea “Chichita” Bascoy de Núñez: “Recuerdos de mi viaje a Rusia” (2ª entrega)
Hoy entregamos la segunda parte de los recuerdos de Chichita Bascoy de su viaje a Rusia en 1983. Con esta interesante y amena nota seguimos recorriendo lugares y costumbres de la entonces URSS. La primera parte finalizó comentando de la Plaza Roja y el Kremlin: “Las estrellas rojas que brillan en las torres del Kremlin en la noche son de cristal de rubí; tuvimos la oportunidad de verlas brillar”.
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"Frente al Kremlin se encuentra la embajada británica; es un enorme edificio que ocupa una cuadra, de estilo constructivista, una mera aglomeración de figuras geométricas. Nos dijeron que esos enormes edificios grises eran comunitarios, varias familias vivían en poco espacio y tenían que compartir cocina y baño. Se tomaba mucho alcohol. Desde mi infancia en Gualeguay no había visto borrachos en la calle. En Moscú nos dijeron que en invierno la temperatura llegaba a 20° bajo cero. Yo me compré en la Berioska del Hotel Cosmos de Moscú una chaqueta corta de conejo negro. Era tan pesada que cuando regresé a Buenos Aires le descosí el forro, tenía adosada a la piel una capa de algodón en rama para soportar esas temperaturas tan extremas.Cerca de Moscú estaba Suzdall donde nos llevaron; tenía una sucesión de iglesias convertidas en Museos. Por otra parte vimos varias novias que iban a las plazas y se sacaban una foto delante del monumento de Lenin.Luego tomamos un avión que parecía el colectivo 60 por lo lleno que iba, y fuimos a Leningrado (hoy San Petersburgo), esa ciudad extraordinaria que hizo Pedro el Grande (Pedro medía 2,10 m de estatura). Pedro el Grande era un gran viajero, y se enamoró del estilo italiano: la ciudad es un ejemplo de ello.Para mí, que ya había conocido París, es, junto con ésta, una de las ciudades más lindas del mundo. La catedral de San Isaac, convertida en museo, es increíble por su majestuosidad, y tiene una enorme variedad de minerales en su composición.El Palacio de Invierno, la Torre del Almirantazgo que fue la sede de la Escuela de Almirantes Imperiales Rusos, la Fortaleza de Pedro y Pablo, el Arco del Edificio del Estado Mayor, son extraordinarios por su arquitectura, pero lo que se lleva la palma es el Hermitage, un museo increíble con salas de gran belleza que tiene en su colección más Rembrandt que el Rikl Museum de Amsterdam y más impresionistas que el museo dOrsay de París. Vimos el edificio del Bolshoi, pero no pudimos ir a ninguna función porque era verano y estaban actuando en el extranjero.Fuimos a la ciudad de verano de Pedro el Grande sobre el golfo de Finlandia. A las diez de la mañana toda una serie de surtidores empiezan a funcionar. Hay lugares en los cuales uno se sienta a la sombra de un árbol acogedor y una fina lluvia empieza a caer sobre el inocente visitante; se llaman "Las Fuentes Bufonas". Hay un enorme tablero de ajedrez en un piso de mármol con los colores en blanco y negro.En Leningrado estuvimos en uno de los hoteles que los soviéticos habían hecho para las Olimpíadas del '80; era todo de madera en estilo noruego. En el piso 25 había una confitería giratoria. Con mi compañera de habitación, Esther, con la congeniamos muy bien, a pesar que ella tenía 70 años y yo 47, íbamos a la confitería todas las noches después de cenar. Había música de los años `50 y los rusos se cruzaban la pista, a la vieja usanza, para sacarnos a bailar. Una de las palabras que aprendí a decir fue "niet" (no) y "spasiba" (gracias).Luego fuimos a Tallin, capital de Estonia, a Riga, capital de Letonia, y Kiev, capital de Ucrania. Allí la gente estaba más distendida.En Riga nos recibió el Rector de la Universidad y su cuerpo de profesores. Nos explicaron que no todos los estudiantes tenían acceso a la Universidad, sólo los que tenían un determinado promedio, y las carreras estaban establecidas de acuerdo a las necesidades del país.Cuando las clases terminaban en cada facultad, los alumnos hacían la limpieza y pintura del lugar, y de los bancos y pupitres. Cuando se graduaban, el egresado de mejor promedio entraba a la oficina del Decano. Sobre el escritorio estaban las propuestas de trabajo; cuando elegía uno tenía que mantenerse en el puesto por lo menos dos años.Luego seguían entrando los egresados de acuerdo a sus promedios, hasta que se acababan las propuestas. En Kiev visitamos la famosa catedral de Santa Sofía.Luego volvimos a Moscú y el 2 de septiembre volamos en Aeroflot a Oslo para seguir nuestro viaje de catorce días por los Países Escandinavos.Esa noche los rusos, con el pretexto que habían invadido su espacio aéreo, derribaron un avión de pasajeros de la línea Caribean. Por suerte nosotros íbamos, al mismo tiempo, en un avión de Aeroflot.Tengo una sola foto personal de todo este periplo; los rollos eran muy malos y se velaron al querer revelarlos.Pasó mucho tiempo hasta que digerí ese apretado y extraordinario viaje por la URSS. Vi un mundo que estaba implosionando, la gente estaba ahogada, al borde del colapso. Fue una experiencia inolvidable.
