Betty y Chela Diez, un crucero inolvidable
Ya entramos en la última etapa del soñado crucero que realizaron Betty y Chela Diez, junto a María Elena Petre por el Mediterráneo, el Egeo, el Tirreno y sus islas Ahora recorreremos las bellas islas griegas, completamos el viaje por el Mar Egeo, navegamos cruzando el Estrecho de Messina para entrar al Mar Tirreno y recorrer la costa amalfitana. Este viaje ¡maravilloso! termina en el puerto de Civitavecchia, cerca de Roma para, después de recorrer un poco más esa hermosa ciudad, tomar el vuelo para nuestro país. Le agradecemos mucho a Betty y a Chela que nos acercaron sus vivencias y, de esta forma tan generosa, nos hicieron vivir un viaje inolvidable.
Las islas griegas son un espectáculo aparte. Primero visitamos Mykonos, pequeña ciudad toda blanca y azul; ¡qué maravilla con sus callecitas angostas, sus casas blancas, impecables, sus pisos de piedras y sus uniones pintadas de blanco, sus balcones con flores y las Santa Rita formando pérgolas!Luego visitamos Rodas y fuimos al pueblo de Lindos, (que hace honor a su nombre), ubicado en la colina donde estaba la Acrópolis.Completamos el recorrido por el Mar Egeo visitando la isla Santorini, un espectáculo desde el mar y desde arriba. Es una isla con base volcánica; el volcán está enfrente y ya ha partido a la isla en tres partes. Su suelo es de lava y se distinguen los colores negro, rojo y beige. Tiene pequeñas poblaciones como Oia, y su capital Fira. Subimos hasta la parte más alta en bus y recorrimos esas poblaciones. Luego bajamos al puerto en el cable carril desde una altura de 500 metros. En la isla dicen que hay más burros que personas, más vino que agua y más iglesias que casas. Tienen un clima seco; recibe pocas lluvias, las vides son rastreras como los tomates cherry, dulcísimas, y con ellos fijan la tierra.Salimos de Santorini, hicimos un día de navegación y entramos de noche por el Estrecho de Messina. Fue un hermoso espectáculo, pues tanto en las costas de Sicilia, como en las de Italia hoy pueblos y estaban todos iluminados hasta con fuegos artificiales.Ya entrando en el Mar Tirreno llegamos a la ciudad de Salerno en la costa italiana y comienza la costa amalfitana. Salerno es maravillosa; desde el mar se ven larguísimos puentes y rutas en las montañas. Es más linda desde afuera que adentro, aunque tiene sus encantos como las viejas construcciones, entre ellas la iglesia del Dommo. Tiene una amplia y larga peatonal llena de casas comerciales, importantes boutiques, cafés, joyerías, etc.; las plazas son grandes, con estatuas y fuentes con mucho verde.Al salir de Salerno el crucero va paralelo a la costa amalfitana mostrando los pueblos como Positano, Amalfi y otros hasta Nápoles, Sorrento, Pompeya. Detrás de ellos está el volcán Vesubio causante de haber sepultado Pompeya. Toda esta costa es ¡maravillosa!, mantiene hipnotizado mientras dura la luz solar.Seguimos navegando y llegamos al puerto de Civitavecchia, a 80 km. de Roma. Nos quedamos dos días más recorriendo esa ciudad. Ya empezaba el regreso. Fuimos hasta el aeropuerto de Fiumicino donde tomamos el vuelo que nos trajo a la Argentina dando fin a este hermoso paseo.
