Brenda Martínez en Samoa, Polinesia
La semana anterior compartimos con ustedes la rica experiencia de Brenda Martínez en Nueva Zelanda, lugar donde reside junto a su novio Javier Rostan. Antes de venir a la Argentina para visitar a familiares y amigos, estuvieron de vacaciones en la paradisíaca isla de Samoa, perteneciente a la Polinesia. Sencillamente maravilloso, diferente, natural, ¡un sueño que compartimos con ustedes y un agradecimiento especial a Brenda por habernos entregado estas hermosas notas!
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Hace unas semanas estuvimos visitando la isla polinesia de Samoa, en el Océano Pacífico; una isla tropical, con paisajes paradisíacos y gente alegre.Estuvimos 10 días alojados en un fale cerrado frente al mar, donde pasamos la mayoría de los días haciendo playa, snorkel y caminando por los alrededores.Conocimos la cultura de los samoanos, comimos y compartimos con ellos. Disfrutamos de lugares únicos como cascadas rodeadas de selva tropical, un profundo cráter en la tierra creado por una erupción volcánica donde se formó una piscina conectada al mar, muy buena comida, música, bailes típicos del lugar y malabares con fuego. Tienen una cultura muy interesante, viven en armonía con la naturaleza, no alteran demasiado los paisajes, conviven libremente con animales como cerdos, gallinas, vacas, perros y gatos considerados como un habitante más. Están rodeados de árboles y plantas frutales como coco, bananas, mango, papaya, naranjas, mandarinas, entre otros. Llevan una vida simple y feliz; no tendrán bienes materiales, pero son ricos en todo lo natural que les rodea, realmente en el paraíso.El clima en Samoa es extremadamente húmedo y cálido, con temperaturas de más de 30°, bastante inestable donde la lluvia está casi todos los días presente, al menos por un rato. El agua del mar es muy cálida y transparente, totalmente disfrutable, da gusto meterse, sus playas son en su mayoría de arenas blancas, pero suele haber algunas de arena negra por los sedimentos volcánicos.Debajo del mar parece otro mundo, plagado de peces multicolores, corales, moluscos y crustáceos de todos los tamaños y colores que parecen sacados de una película.Las viviendas son construcciones llamadas fales, que constan de columnas como estructura y un techo, de forma cuadrada u ovalada; utilizan troncos y hojas de palmeras para la construcción de éstos. Al hacer tanto calor, la mayoría de los fales son abiertos, sin paredes; suelen dormir con colchones en el piso.Llama la atención que los hombres usan faldas, o también pareos. A pesar de que hace mucho calor la gente no anda de traje de baño, las mujeres se bañan en el mar totalmente vestidas y los hombres en pareo o short.Sus habitantes son de tez marrón oscura con rasgos polinesios muy marcados. Hablan en su propio idioma samoano y un poco de inglés con el que se comunican con los turistas.Es curioso ver frente a sus casas las lápidas de sus seres queridos enterrados, ya que no tienen la costumbre de tener cementerios.Tuvimos el coraje de ir hasta la capital en el bus local que recorre unos 60 km, el mismo no tiene vidrios en las ventanas, iba cargado de lugareños. Cuando el bus está demasiado lleno las mujeres se sientan sobre las piernas de quienes están sentados en los asientos, y cabe decir que íbamos con los oídos aturdidos por la música tan fuerte.Fue una grata experiencia visitar esta isla tan bella de la cual me llevo hermosos recuerdos.
