Laura Telenta:
De Taipei a Salzburgo
Laura Telenta junto con Nicolás, su esposo, y Lucas, su pequeño, estuvieron en Gualeguay; ahora ya están de regreso en Europa. En la primera entrega participamos de la despedida de Taipei, una ciudad y una sociedad con la que se sintió cómoda por la calidez de su gente, y de la cual le costó marcharse. Desde hace un año viven en Salzburgo, Austria, en donde nació Lucas, el niño que trajo más felicidad a la pareja. En esta entrega continúa comentando de ese paraíso austríaco y de la idiosincrasia plena de pulcritud.
Salzburgo, una ciudad impecableVivo al sur de la ciudad, cerca del centro. Salzburgo es una ciudad muy cara para vivir, más cara aún que Viena que es la capital de Austria, diría exclusiva, y eso se nota en la gente que es bastante elitista y muy conservadora.En lo que hace a la naturaleza, son muy cuidadosos, respetuosos todos y en todo. El agua de los ríos es cristalina, más allá de que es lecho rocoso. Hay una cosa que lo ejemplifica hasta qué extremo llegan: cuando se comete una falta por exceso de velocidad en la ruta, no sólo se paga multa por esa razón, sino también porque se está contaminando el aire por ir más rápido. El aire es puro y eso hace que todo se vea con plenitud, incluso hay muchos pájaros y se escuchan trinos por todos los lugares, como también hay otras muchas especies a las que nadie les hace daño.Por otra parte, la gente que vive en Salzburgo es muy deportista, andan mucho en bicicleta, corren en invierno y en verano disfrutando del paisaje y haciendo ejercicio.Salzburgo es una ciudad chica, baja, ya que ningún edificio supera los cinco pisos. La conozco bastante, visito mucho el casco histórico, la catedral que es hermosa; allí se hacen conciertos de música clásica. Justamente el año pasado, durante el Festival de Música Clásica, nos cruzamos con Ángela Merkel, la canciller alemana, que había ido a presenciar un concierto. Hay una peatonal muy linda con negocios importantes, y lo que llama la atención son los letreros, antiquísimos, labrados en metal y que indican el rubro por medio de un dibujo; por ejemplo el zapatero tiene dibujado en el cartel una bota, el peluquero, las tijeras; muy gráficos y pintorescos.La población está compuesta por mucha gente mayor, y una cosa que me llamó la atención es que las mujeres recién son madres alrededor de los 40 años; se dedican primero a viajar, a disfrutar solas o con su esposo y después a la maternidad, pero casi siempre uno o dos hijos como mucho. Por eso digo que hay pocos niños.En lo que hace a la economía, Austria está muy relacionada con Alemania que sigue siendo el motor de Europa; no se ha sentido tanto la crisis como en otros países, la gente sigue viviendo muy bien. El estándar de vida es altísimo, pese a que los indicadores económicos no son tan buenos hoy. Austria es caro comparando con Italia, España, Francia, no tanto con Suiza, y lo sueldos están de acuerdo con los costos. Es un país donde todo funciona, transporte, la atención de la salud, la educación que es subsidiada por el gobierno después de los 3 años. Antes de esa edad, el gobierno incentiva a que las madres estén al cuidado de su hijo.Desde que nos fuimos a Taipei vinimos una sola vez a nuestro país y ahora hacía 3 años que no viajábamos. El viaje desde Taipei es muy largo, desgastante, no nos animaba mucho ya que de puerta a puerta, hay unas 40 horas. Desde Taipei hacíamos San Francisco, en Estados Unidos, después hasta México y luego recién hasta Buenos Aires.Ahora es distinto ya que desde Salzburgo hacemos una escala en Frankfurt, otra en Madrid y de ahí a la Argentina.Que el viaje sea más corto, comparado con Taipei, es muy importante especialmente ahora que tenemos a Lucas; además nos pone muy felices el hecho de recibir más visitas de familiares y amigos que se animan más ahora que estamos en Europa. De igual forma quiero comentar que si bien me costó acostumbrarme a Taipei, mucho más me costó irme de ahí, no me esperaba sentirme así, pero me pasó, me encariñé mucho. La gente de Taipei, a diferencia de la de Salzburgo, es muy hospitalaria, solidaria, nos sentimos muy bien recibidos; eso se sigue extrañando. Igual, esta apreciación es en rasgos generales, porque en Salzburgo conocimos gente que vale oro, por ejemplo una señora que nos ayudó a conseguir alojamiento, nos prestó muebles, nos hizo regalos con mucho cariño. No vive cerca de nuestra casa, pero seguimos en contacto con ella. Hemos hecho amigos austríacos, pero al final resulta más fácil relacionarse con otros extranjeros que están en la misma situación que uno, así que en general estamos más en contacto con gente de otros países diferentes.Y ahora estamos disfrutando por unos días más de mi casa en Gualeguay, de Buenos Aires, de nuestra familia en Argentina. Luego ya volvemos los tres a Austria.
