Graciela Juárez, de Mongolia a China en el Transmongoliano
Muchas curiosidades quedan guardadas de los distintos viajes que realizan nuestros amigos. Una de ellas la compartimos hoy. Graciela Juárez, gualeya, desde muy joven vive en La Plata. En los últimos años ha tenido la oportunidad de hacer viajes muy interesantes a distintas partes del mundo. Uno de ellos fue el año pasado a Rusia, Mongolia y China. Desde Irkutsk hasta Beijin se trasladaron en el tren Transmongoliano, con escala de algunos días en Ulaan Baatar. Y justamente en ese trayecto se ubica lo que Graciela nos relata y describe en esta entrega.
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Cambio de trochaHabíamos partido desde UlaanBaatar, capital de Mongolia, en el tren Transmongoliano, rumbo a Beigín. Esta parte del viaje supera las treinta horas, pero nos resultaría grato pues ese tiempo se distribuiría entre observación de los paisajes, entretenimientos con amigos, concurrencia al coche comedor y de noche, dormir. Todo resultaba ser una experiencia nueva y única.Antes de llegar a la frontera con China se nos anunció que en la próxima estación ferroviaria deberíamos permanecer en nuestros vagones y nos estaría prohibido bajar al andén. Llegamos a esta estación, Ereen, ya en tierra china.Esta parada demandaría bastante tiempo, pues hay que considerar además, las horas que tardan para realizar los trámites migratorios los funcionarios de ambos países. Había transcurrido un rato, aproximadamente una hora, cuando salimos de nuestros camarotes hacia el pasillo del vagón. El panorama que tuvimos fue fascinante. En el andén frente al nuestro había otro tren estacionado. Lo veíamos situado mucho más bajo que el nuestro, pero a nivel del andén. No podíamos comprender esta posición pues le veíamos el techo a ese tren. Además, todos sus pasajeros nos estaban tomando fotografías. ¿Por qué? Era una visión felliniana, aceptable sólo en la fantasía. No se podía bajar, no había camareros, ninguna persona a quien consultar.Pasado un rato, volvimos al pasillo y de acuerdo con cuanto veíamos, el tren de enfrente estaba volviendo lentamente hasta posicionarse a igual altura que el nuestro.Continuamos observando. El tren, con anterioridad y sin que lo advirtiéramos, había sido dividido y colocado sobre las dos vías adyacentes a ambos andenes. Se habían separado todos los vagones de tal forma que entre uno y otro habría no menos de diez metros.De pronto, tres operarios acercaron y adosaron a cada uno de los extremos del vagón de enfrente, una maquinaria especial, que después de ver cuánto ocurrió, puede compararse a un criquet para levantar automóviles. En este caso, esos tres operarios-especialistas fueron comandando desde cierta distancia las máquinas mientras ascendían a tres metros del suelo el vagón con todos sus pasajeros. Nosotros comenzamos a tomar fotografías!! Aquí se inició el cambio de los bogies del vagón. Los de trocha ancha se deslizaron, alejándose, por las vías correspondientes, y luego llegaron los de trocha estándar que es la que se utiliza en China. Cada eje con su rodaje fue colocado en el lugar exacto para producir el ensamblaje con el vagón. Lo hicieron descender hasta su posición inicial. Y dejamos de tomar fotografías!!!Es fácil inferir que cuando nosotros éramos fotografiados desde el otro vagón, habíamos sido elevados y se estaba realizando el cambio del rodamiento. Resulta muy significativo y destacable, que todo ese movimiento pasó inadvertido para nosotros, ningún ruido, roce, que llamara nuestra atención.Así hacen en la frontera entre Mongolia-China el cambio de trocha.Aquí, en Argentina, bajamos de un tren, nos desplazamos unos metros y subimos al otro.Transmongoliano:La ruta denominada Transmongoliana recorre 7.621 kilómetros durante cinco días. El primer tramo es el mismo que realiza el Transiberiano, pero en Ulán Ude, la capital de Buriatia, toma un trayecto diferente hasta llegar a Pekín. Durante su camino se pueden observar varios asentamientos mongoles y chinos, la frontera entre Rusia y Mongolia, y la capital de este último país, Ulán Bator.
