Graciela Juárez: Viaje a Egipto y navegación por el Nilo (1ª entrega)
Hoy viajamos a Egipto de la mano de Graciela Juárez, gualeya, amiga de nuestra Hoja, que reside en La Plata, quien junto a un hermoso grupo visitó ese país de África que encierra en su desierto el legado de una cultura milenaria y misteriosa. Navegaron durante siete días por el río Nilo en un barco a vela, ¡algo maravilloso! No adelanto más detalles; vayamos a las vivencias de Graciela.
:format(webp):quality(40)/https://eldebatecdn.eleco.com.ar/adjuntos/289/imagenes/000/194/0000194864.jpg)
Abordar un viaje a Egipto y navegar el Nilo implica algo más que estar en contacto con sus gentes, sus costumbres, sus paisajes, sus monumentos, su historia.Conocer... Quizá nunca llegaremos a conocer mundos, por más pequeños que ellos sean. Pero deseo dejar aquí pequeñas-grandes cosas que redescubrí.He de hacer mención a Karnak, muy cerca de Luxor, en el Alto Egipto; pues, mientras recorría esas monumentales construcciones, sentí la presencia de nuestro profesor en Historia, el señor Esteban Cúneo quien, allá en 1er. año, en nuestra Escuela Normal, nos valoraba con mucho énfasis este verdadero conjunto de colosos, imposible de olvidar. Vaya mi recuerdo y gratitud hacia quien fuera nuestro profesor.Basta recordar que es el mayor complejo religioso del mundo, con más de cien hectáreas de extensión y más de veinticinco templos y capillas, dedicado a diversas deidades, especialmente al dios Amón. Mil trescientos años demandó su construcción y ampliación (en Egipto aseguran que fueron veinte siglos). Contribuyeron para ello treinta faraones; de allí su tamaño, complejidad y diversidad, únicas en el mundo. Fue la ciudad de Dios y el esplendor de Tebas, en su doble función: religiosa e imperial. Doscientos sesenta y ocho columnas completamente trabajadas, el lago sagrado, dos obeliscos construidos en una sola pieza en piedra, estatuas en granito negro, rosa, alabastro, mármol. Podrán estar en ruinas, pero nunca morirán.Para tener una visión panorámica, habría que sobrevolar Karnak. Perderíamos así, el encanto de los detalles de cada obra. Pero si consideramos cada escultura, cada columna, cada dintel, en forma individual, sería como fotografiar tan sólo un ladrillo de una catedral.Es tal su magnificencia que el hombre se siente insignificante y absorto ante ello.Después, la navegación por el Nilo, en dahabiya; es uno de los siete tipos de barcos a vela, todos con nombres de mujeres. Nosotros navegamos en el Agatha Christie. Sus seis plantas (tres en popa y tres en proa) se conectan entre sí, con una diferencia de media planta entre ellas. Tienen capacidad para dieciséis pasajeros, pero en nuestro caso, sólo viajamos los ocho integrantes de nuestro grupo. Durante siete días de navegación estuvimos en Esna, Edfu, Kom Ombo y Aswan. No me detendré en estos puntos, maravillosos todos, porque mi objetivo es otro. Desde Aswan, nos trasladamos a Abu Simbel.Los monumentos aquí existentes eran desconocidos en el mundo, hasta 1813. Estaban prácticamente sepultados por la arena. Son muchos, pero haré referencia al Templo de Ramsés II y al Templo de Hathor.El Templo de Ramsés II es el más grande que este faraón mandó construir en Nubia, y está junto al Templo de Hathor dedicado a Nefertari. Fueron declarados Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1979.En 1960 comienza la construcción de la gran represa de Aswan, dando origen así al embalse del mismo nombre. El objetivo era terminar con las inundaciones que ocurrían en el Bajo Nilo, con las aguas provenientes de Uganda y Sudán. El embalse, denominado luego Lago Nasser, inundaría gran parte de la Baja Nubia, lo cual suponía una gravísima amenaza para las decenas de templos y monumentos nubios.Fue la Unesco quien convocó entonces a los mejores arqueólogos del mundo, para que planificaran y proyectaran el traslado de veinticuatro de esos monumentos y templos a lugares más altos y seguros
