Ivana Recalde: “Mi viaje en moto con destino a Bolivia”
¿Recuerdan que el año pasado compartimos parte de los viajes realizados en moto por Ivana Recalde? Hoy retomamos esos viajes, esta vez con destino al noroeste argentino, camino a Bolivia, oportunidad en que se presentaron circunstancias muy diversas.
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Etapa Formosa-Jujuy."Luego de pasar hermosos días familiares, llego el triste momento de la despedida; con mucha pena nos separamos para no saber el hasta cuándo. Mis padres y abuelos se dirigían a Gualeguay y nosotros con destino fijo a Jujuy, atravesando el norte de este a oeste.Salimos para transitar la Ruta Nacional 81 que atraviesa todo el norte de nuestro país. Yo estaba feliz porque volvería a Jujuy, pero no sabía, ni siquiera me imaginaba lo que me estaba por encontrar. De esta ruta, no logramos obtener mucha información, nadie nos sabía decir en qué condiciones estaba, pero la Vespa se tuvo que aprontar para soportar uno de los calores más intensos. La ruta era recta, muy recta, no tenía ni una sutil curva, no había absolutamente nada, ni una casa, ni un auto, ni camión, nada.A los pocos kilómetros nos dimos cuenta que ese sería el recorrido más aburrido que íbamos a tener, sin distracción. Pero tampoco sabíamos que sería el camino donde íbamos a observar cosas tan curiosas, como un burro muerto siendo el almuerzo de un centenar de buitre, una serpiente atravesando la ruta que media casi el ancho del camino, una familia de chanchos con cinco o seis chanchitos que esperaban que crucemos para ellos poder salir a la ruta, muchos cabritos en mitad de la carretera y en todo el trayecto nos acompañaban los arboles palo borracho, hermosos, erguidos, con la copa tupida y sus troncos panzones.En medio del calor extremo, aburrimiento de la ruta recta y desierta, tuvimos la grandiosa idea de que yo aprenda a manejar la Vespa. Ya sentada delante, con las indicaciones, sentimos un sutil sonido y...parada sin movimiento, la Vespa se nos pinchó....Si.... ¡se pinchó la rueda de atrás! Luego de cambiarla, seguimos viaje hasta llegar a Ingeniero Juárez, un pequeño pueblo. Aquí, luego de hacer como 400 km (10 horas) decidimos parar. Fue difícil conseguir alojamiento; estuvimos en un hospedaje un tanto humilde, pero con lo necesario. De noche salimos a buscar estación de servicio; un poco ingenuos, no había estación. Nos vendió combustible una señora de un tambor de 200 L con una bomba manual. Con un miedo le pusimos ese combustible y nos fuimos a dormir. Al otro día salimos rumbo a Jujuy, llegamos de tarde, otro calor infernal, hicimos cerca de 450 km. Entramos a la capital de Jujuy, al centro y recorrimos todo buscando donde alojarnos. Pasamos por el Cabildo, la Catedral, hermosas construcciones, esculturas de Lola Mora; una ciudad muy bella e iluminada.Algo sucedió con la Balita (moto) que empezó a estar rara, complicada, nos contactamos con unos amigos de Brasil y nos recomendaron a un mecánico que revisa las motos BMW y quedamos de encontrarnos. Mientras lo esperábamos apareció nuestro ángel, pero no volando, en un auto. Esta persona, Ramiro, sólo se acercó y nos dejó su número por cualquier cosa.... Sin conocernos, nos encontró en la calle y nos brindó su ayuda. El nunca se imaginó lo que para nosotros significó su gesto, su humanidad.Para resumir, el mecánico luego de 8 hs revisando la moto, nos dijo que tenía malo el motor, que había que abrirlo y revisarlo, que nos aconsejaba que dejemos la moto ahí y sigamos en bus, a pie, o en avión, que ya no servía más, que la habíamos exigido, que no se nos ocurriera ir a Bolivia y la peor frase: "Va a llegar un momento que la moto andará a 20 km/h". Nuestro mundo se estaba derrumbando.Francisco quería subirse en un camión y que nos lleve a Chile, pero había sucedido un alud y estaba cerrado el paso. Luego de varias conversaciones, analizar y actuar impulsivamente, decidí llamar a Ramiro, ¿para qué?,... no sé. Pero lo llamé.... y este ángel apareció en cuestión de minutos. Lo tranquilizó a Francisco, nos contactó con un amigo de él que tenía Vespa, con su mecánico y mientras la Vespa estaba en el taller, Ramiro nos invitó a pasar cenas, almuerzos, tardes con su familia, nos alojó en su casa cinco días. El Sr. Albornoz, nos entregó a la Balita sana y salva, arreglada, con un motor de una potencia increíble, con un sonido extraordinario, nuestra alma regresó al cuerpo y el sueño podía seguir cumpliéndose.Al día siguiente, sin esperar más, nos fuimos con Ramiro, su amigo Martín en su Vespa naranja y nosotros rumbo a Purmamarca."
