Ivana Recalde: “Mi viaje en moto”
Ivana Recalde, joven gualeya que estudió hotelería y gastronomía en Gualeguaychú, nos relata y describe su recorrido en moto por países de Sudamérica. Una hermosa aventura llena de color, sorpresas, paisajes y costumbres increíbles que comenzó en Brasil. En este momento Ivana está viviendo en Santiago de Chile, desarrollando su profesión. Ella se presenta así: Soy Ivana Belén Recalde Lucardi, en ese entonces tenía 27 años. Compañero Francisco Sepúlveda, ecuatoriano. Viaje en moto marca Vespa año 1997. Dos tiempos. Velocidad máxima 70 km/h. Hospedaje mediante Couchsurfing, o motoposadas, o casa de familia que nos recibían, sin pagar nada. Tiempo en Brasil, dos meses.
:format(webp):quality(40)/https://eldebatecdn.eleco.com.ar/adjuntos/289/imagenes/000/115/0000115849.jpg)
"Toda mi travesía comenzó un 18 de enero de 2015. El sur de Brasil sería mi primer destino, allí no sólo me esperaba la aventura, la emoción y un sueño, sino que también mi gran compañero de viaje, Francisco y su novedoso medio de transporte, una Vespa de 1997 motor dos tiempos, color gris llena de calcomanías de distintos países. Mis padres y mi hermano más chico me llevaron al encuentro. Una mezcla de ansias y susto, adrenalina y nervios convivían en mí. Al llegar a la frontera de Santo Tomé, me di cuenta que lo que había planeado y pensado, tenía ahora que llevarlo a cabo.Brasil, donde siempre pensé que iba a encontrar morenos bailando samba, tomando tragos... me hizo chocar con una realidad diferente. Al llegar al sur de Brasil, específicamente a Santa María Rio Grande Do Sul, vi que toda su población es blanca, no bailan samba y se les llama "gaúcho". Esto fue una gran sorpresa para mí. Pasamos allí dos semanas. Es una ciudad donde se toma mucho mate en grandes calabazas, una yerba muy verde, casi flúor y la decoran con figuritas de duendes, hongos, flores. El asado de Santa María es muy cotizado, ya que tienen muy buenas vacas debido a que es zona ganadera, pero la diferencia de ellos es que lo hacen con "spettos" que le clavan en el medio de la carne, unas espadas, y lo asan a fuego lento; ¡queda exquisito ya que se lo hacen jugoso!Lo que me llamaba la atención eran sus contundentes desayunos, donde prácticamente uno quedaba satisfecho hasta la tarde. Sirven desde frutas, embutidos y hasta carne y arroz. Claro que a eso nosotros lo sabemos porque en los hoteles brasileños los desayunos son abundantes, pero a esto lo vimos a lo largo de todo Brasil en casas de familia.Con el tema del idioma fue un choque sobre todo en algunas palabras utilizadas que para nosotros significan una cosa y para ellos otra, entonces muchas veces sin querer expresábamos cosas que no queríamos, pero pronto logramos entender y hasta conversarlo. Dejando Santa María, pasamos en moto a Novo Hamburgo, ya nos acercábamos a la costa brasileña, y a Dois Irmãos. Este último nos tomó por sorpresa; es un pequeño pueblo que sólo geográficamente está ubicado en Brasil porque las costumbres, las conversaciones, las casas, los colegios, todo esto gira en torno a la cultura alemana. La totalidad de los pobladores de esta ciudad son descendientes alemanes, pero que aún viven en sus raíces. Nos contaban que alemanes nativos venían a Dois Irmãos a conocer cómo realmente se vivía antes en Alemania, ya que ellos acá, en Sudamérica continuaban con tradiciones perdidas en el otro lado del océano.¡Y por fin llegó la playa!!! Primer destino costero, Torres, un pequeño pueblo de calles de tierra, restaurante en la costa, casas de verano, personas muy abiertas y simpáticas. Allí nos alojamos en una casa frente al mar, fuimos por dos noches y nos quedamos una semana. Bueno..., nada raro, siempre terminábamos quedándonos más de lo pensado.Torres es un pueblo para ir a descansar y relajarse, donde el amanecer comienza a las 5 am, y rápidamente el sol está arriba tempranito para empezar un día de veraneo.El camino que debíamos tomar ahora por ruta era todo por la costa. Un viaje con un paisaje excepcional nos acompañaba, playas de arena blanca, agua celeste, palmeras, playas que no las había escuchado nombrar nunca, que no son turísticas, sólo las disfrutan los lugareños. En cada una nos parábamos para tomar un juego natural, disfrutar de las frutas tan jugosas y deliciosas. Nos teníamos que alimentar ya que el próximo destino se encontraba a 400 km, eso en moto viajando a 60 km/h y parando cada hora para relajar los músculos nos significaba, 10 hs en la moto. Pero valía la pena, sabíamos que sí, porque pronto estaríamos ¡en Florianópolis!!!(continuará)
