José Luis Zanetti, su exquisita mirada de París
Hace muy poco tiempo José Luis Zanetti tuvo la oportunidad de visitar París, exclusivamente París, ciudad donde permaneció una semana en la que recorrió y pudo admirar los monumentos, museos, esculturas, palacios, templos, jardines que tanto recuerda de las clases de historia y de sus múltiples lecturas. José Luis sabía lo que quería conocer y, si bien sus conocimientos y su imaginación son vastos, el hecho de estar allí despertó más su emoción, vivencias que comparte con nosotros en una nota que entregamos en dos ediciones y que constituyen una verdadera guía, profunda y detallada y emotiva de Ciudad Luz.
"Era alumno de la Escuela Nacional de Comercio cuando el profesor Humberto Vico nos relataba en su clase que durante los dos años siguientes a su llegada a Francia, María Antonieta, que vivía en Versailles, aún no había ido a París y se mostraba ansiosa por conocer la ciudad. En mi paso por la Ciudad Luz emergió súbitamente el recuerdo de aquella lejana lección de Historia y recorriendo sus calles, viendo sus monumentos, sus edificios, sus boulevares casi entendí a la desgraciada Reina en su imperioso deseo.Llegué a París en una tarde llena de sol y, gracias a Dios, así se repitieron los días de todo el paseo. Hospedado en el Barrio de Montmartre, caminaba por sus calles de adoquines, calles empinadas que, a primera vista, nos llevan a pensar que la caminata puede resultar extenuante, sin embargo el ambiente luminoso y romántico del barrio eximen al cuerpo de cualquier cansancio y, si bien esta zona bohemia lógicamente ha cambiado con el tiempo, al pasar por la vereda del Moulin de la Galette (desde hace algunos años cerrado al público) o por el iluminado Moulin Rouge, la imaginación puede engañarnos y creamos ver salir de allí a una cocotte del brazo de Renoir o, borracho de alcohol y de talento, a Toulouse Lautrec, artistas que inmortalizaron en sus pinturas los dos famosos cabarets.Subiendo la colina, al doblar una cortada apareció deslumbrante, brillando su blancura iluminada por el sol de la tarde, la Basílica del Sacre Coeur; el esplendor de su interior se corresponde en equilibrio perfecto con su paisaje exterior, desde el que se aprecia prácticamente toda París. Los Ginkgo bilobas y los castaños de su plaza admiran tanto como el resto del paisaje. Entre la Basílica y la Plaza du Tertre se ubica la iglesia Saint Pierre de Montmartre, pequeña, pero con un interior de increíble belleza. La plaza de los artistas callejeros, sus restaurantes centenarios, sus negocios pequeñísimos y pintorescos, abarrotados de mercadería, las luces de Pigalle y sus melodiosos bistrós o tascas, llenan, para mí, de magia innegable a Montmartre.El emblemático castillo de Versailles con su lujo inimaginable en las innúmeras habitaciones y sus enormes jardines que son de por sí un museo a cielo abierto me empujaron, emocionado, nuevamente al recuerdo de aquellas clases de Historia con el profesor Vico y el inolvidable Cacho Gálligo y el libro de Secco Ellauri."(continuará)
