José Luis Zanetti, su exquisita mirada de París
Tal como lo anuncié el pasado sábado, durante algunas ediciones vamos a entregar recopilaciones de notas publicadas durante el año 2015. En esta oportunidad compartimos las vivencias de José Luis Zanetti de su viaje a París que nos ofrece descripciones exquisitas constituyendo esta nota una verdadera guía, profunda, detallada y emotiva de la Ciudad Luz.
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"... Llegué a París en una tarde llena de sol y, gracias a Dios, así se repitieron los días de todo el paseo. Hospedado en el Barrio de Montmartre, caminaba por sus calles de adoquines, calles empinadas que, a primera vista, nos llevan a pensar que la caminata puede resultar extenuante, sin embargo el ambiente luminoso y romántico del barrio eximen al cuerpo de cualquier cansancio y, si bien esta zona bohemia lógicamente ha cambiado con el tiempo, al pasar por la vereda del Moulin de la Galette (desde hace algunos años cerrado al público) o por el iluminado Moulin Rouge, la imaginación puede engañarnos y creamos ver salir de allí a una cocotte del brazo de Renoir o, borracho de alcohol y de talento, a Toulouse Lautrec, artistas que inmortalizaron en sus pinturas los dos famosos cabarets.Subiendo la colina, al doblar una cortada apareció deslumbrante, brillando su blancura iluminada por el sol de la tarde, la Basílica del Sacre Coeur; el esplendor de su interior se corresponde en equilibrio perfecto con su paisaje exterior, desde el que se aprecia prácticamente toda París. Los Ginkgo bilobas y los castaños de su plaza admiran tanto como el resto del paisaje. Entre la Basílica y la Plaza du Tertre se ubica la iglesia Saint Pierre de Montmartre, pequeña, pero con un interior de increíble belleza. La plaza de los artistas callejeros, sus restaurantes centenarios, sus negocios pequeñísimos y pintorescos, abarrotados de mercadería, las luces de Pigalle y sus melodiosos bistrós o tascas, llenan, para mí, de magia innegable a Montmartre.El emblemático castillo de Versailles con su lujo inimaginable en las innúmeras habitaciones y sus enormes jardines que son de por sí un museo a cielo abierto me empujaron, emocionado, nuevamente al recuerdo de aquellas clases de Historia con el profesor Vico y el inolvidable Cacho Gálligo y el libro de Secco Ellauri.""En el Palacio del Louvre, enorme museo, por razones de tiempo sólo recorrí la galería Sully y la Denon, en la que se encuentra la célebre Gioconda...Y el río Sena... desde una embarcación que lo navega, regala una panorámica única de la ciudad.Una amiga de mamá (conocedora de París) solía repetir que la mejor vista de la ciudad es la que se ve desde el balcón y desde la torre de Notre Dame. Tenía razón. Es una maravilla las vistas desde el segundo y tercer piso de la Torre Eiffel o desde la azotea del Arco de Triunfo, pero ver Paris desde la torre de Notre Dame es sublime, el paisaje que nos ofrece desde sus estatuas de bronce representando a Jesús en la aguja de la cúpula, los rosetones de cemento y las célebres gárgolas, (en algunas los siglos y la intemperie han hecho estragos), es una pintura inolvidable a los ojos y al corazón. Y uno se olvida del ajetreo de la estrecha e interminable escalera de caracol.En el mismo barrio donde se encuentran la catedral y el imponente Pantheón ( Templo de la Nación Francesa, edificio de increíble belleza arquitectónica, en cuya cripta descansan muchos de los grandes de Francia y que recorrí maravillado por su majestuosidad) se ubican la Santa Capilla, con las joyas grandiosas que son sus vitrales góticos que tiñen de colores las paredes del edificio, Sainte Ètienne en Sainte Genevieve con su interior asimétrico e imitando encajes en el mármol, el Palacio de Justicia y la Conciergerie, que de cárcel despiadada durante el Terror, pasó a monumento histórico. En él se encuentra la celda de María Antonieta donde se puede observar la promiscuidad y humillaciones que la Reina tuvo que vivir en sus últimos días.Todo lo que se puede conocer y apreciar en esta ciudad deslumbra los sentidos, pero el lugar que me impactó (si alcanza el término) es el de los Jardines del Palacio de Luxemburgo. Veinticuatro hectáreas de jardines primorosamente cuidados, (no recorrí, por supuesto, las veinticuatro hectáreas), con su castillo de cuento de hadas mandado a construir por el capricho de la reina viuda María de Medicis y en el que se filmaron algunos exteriores de la película "El hombre de la máscara de hierro". Es enorme la cantidad de estatuas distribuidas por el lugar; olmos y castaños centenarios sombrean el lugar y una increíble variedad de flores de distintas especies que hacen del predio una fabulosa paleta de colores. La fuente de Medicis es una alhaja en medio de los jardines. El verde de los prados se pierde en la lejanía y el espacio es aprovechado por los parisinos y por los turistas con una vista digna de postal desde el encantador bistró en el que almorcé.Pasear por esta mítica ciudad me confirmó que "París bien vale una misa".
