Juan Pablo Duvillard: “Gualeguay - Cartagena de Indias en auto” 4ª entrega
Y ya estamos cruzando Ecuador, rumbo a Colombia acompañados por el relato de Juan Pablo Duvillard y los “bocadillos” de su amigo Darío Villarruel. Recordemos que estábamos en Manta, Ecuador. Seguimos entonces, y ¡hoy llegamos a Cartagena de Indias!
Juan Pablo nos relata: "De Manta seguimos por una ruta en zona muy montañosa rumbo a Quevedo. Unos km. antes de llegar a Quevedo, delante nuestro iba un patrullero de la policía. Después de un rato lo pasé y empezaron a seguirnos hasta que nos hicieron seña de luces para que nos detuviéramos. Y acá hago una acotación: durante todo nuestro viaje por los países que cruzamos la policía se mostró muy amable. Antes de pedir documentos, saludan, dan la mano. Lo más importante para presentar es un certificado que entrega la aduana al cruzar, y un seguro; eso en todos los países. Todo el mundo tiene a obligación de tener ese seguro; por supuesto que las motos también. Nos recomendaron no transitar de noche en esas rutas porque no son seguras y nos aconsejaron buscar pronto un hotel. Esa noche dormimos en Quevedo y al día siguiente salimos con la idea de llegar hasta Quito. Pasamos por Santo Domingo en una zona agrícola- ganadera y ¡justo había una exposición ganadera! Allá fuimos; en ese día ingresaba la hacienda, no estaba inaugurada, pero nos atendieron muy bien, entre ellos el presidente de la Sociedad Rural y profesionales, varios de ellos egresados de la Universidad de La Plata y de la UBA. Conocían muy bien la Argentina. Pese a que teníamos ganas de quedarnos, decidimos seguir y llegamos a Quito por la zona de la selva ecuatoriana con unas cascadas preciosas, caídas de agua de 150 mts. Por momentos estábamos a 4.400 mts. de altura.Ya en Quito, (4.300 mts. de altura) a la noche me sentí mal, se me subió la presión y el médico me aconsejó seguir viaje. Así que al día siguiente seguimos, el GPS nos mandó por un camino horrible, así que retrocedimos para tomar la ruta buena. "De ahí en más, el paisaje natural era imponente e imperdible, cerros agrestes que se complementaban con zonas cultivadas de forma tan intensiva que de lejos se ven como colchas artesanales, hechas con retazos de distintos colores, sin desperdiciar ningún espacio", acota Darío de la ruta hasta Tulcán.Seguimos con el relato de Juan Pablo: "Llegamos a Tulcán que es la última ciudad antes de pasar a Colombia. Nos quedamos ahí a descansar en un hotel cuyos dueños eran muy simpáticos. Nos llamó mucho la atención Ecuador porque es un país que ha crecido mucho, prolijo, lleno de autopistas, escuelas, hospitales. Hay miles de hectáreas con bananeros protegidos y con riego permanente (ellos lo llaman "el oro verde"). También es increíble el tamaño de los galpones donde se hace floricultura y de ahí que Ecuador es uno de los principales exportadores de flores del mundo y constituye el segundo ingreso económico del país, después del petróleo y la minería. A mí no me gustaban mucho los discursos del presidente Correa, pero debo reconocer que el país se ve muy bien.De ahí pasamos a Colombia, entramos en Ipiales que es la ciudad vecina a Ecuador, nos dimos cuenta que teníamos una goma baja. No mandaron a una "llantería" a unos 1.500 mts., y enseguida solucionamos el pequeño inconveniente, el único que tuvimos en el viaje. De ahí pasamos por Pasto que es una ciudad antigua, muy bonita; de ahí a Popayán que se la llama la ciudad blanca porque la mayoría de las casa están pintadas de ese color. Se ve una ciudad muy religiosa, con varios monasterios. Ahí nos quedamos a dormir en el Hotel San Martín. Al otro día, compramos unas paltas en la puerta del hotel y seguimos hacia Cali, pasando por Manizales, una zona con unos campos que me hacían acordar a la mejor zona de la Argentina. Nos detuvimos en un establecimiento y la gente empezó a acercarse y estuvimos charlando un rato del quehacer agropecuario colombiano; nos llamó la atención el valor de los campos, mucho más altos que los nuestros. Los sembrados son de caña de azúcar, que demora varios años, además maíz, soja en plantaciones rotativas. Les ayuda el calor y la humedad, con suelos con mucho fósforo.Cuando ya nos marchábamos, un señor nos dice "esto que han hecho, no lo hagan más porque esta es una zona muy comprometida con las FARC, solamente hablen con la policía, con el ejército o en la estaciones de servicio." Más adelante encontramos un control policial y nos preguntaron si nos habían parado los de las FARC porque sabían que andaban por ahí. No empezamos a preocupar y encontramos en la cabecera de un puente más controles con armamento. Decidimos no comer las paltas en el camino, sino en una estación de servicio donde conversamos con una señora que nos dijo que estaba peligroso. Los colombianos casi no andan por las rutas, se trasladan en avión, le tienen miedo a las FARC y la razón de la custodia en los puentes es por miedo a que los dinamiten y corten el territorio en dos.A la noche llegamos a Medellín donde vive hace 15 años el hijo de un amigo nuestro, entrerriano, que se casó con una colombiana. Él nos dio ánimo y nos dijo que ha recorrido toda Colombia en moto con la esposa y nunca ha tenido problemas. Con él pudimos hablar un poco de la actividad ganadera que es su ocupación.Colombia tiene rutas fantásticas, especiales para andar en moto. Nos encontramos con un matrimonio mayor, de 70 años, que iban de California hasta Ushuaia y se los veía acostumbrados a andar en moto y también con varios grupos de moteros.De ahí seguimos para Cartagena con la intención de cruzar a Panamá, pero no hay una ruta en condiciones fruto de un resentimiento entre colombianos y panameños por el tema de la construcción del canal.Cartagena es muy bonita con playas tranquilas, de olas suaves, no hay bajadas bruscas en la playa así que se puede caminar hasta donde uno se siente cómodo y puede nadar. Hay infinidad de vendedores ambulantes muy, pero muy insistentes y seguidores. Conversé con algunos de ellos y encontré personas muy interesantes, muy inteligentes, pintorescas, y todos muy educados y amables. La parte antigua la recorrimos en un mateo que es muy tradicional.Nuestro próximo objetivo era Panamá y podíamos llevar el auto en un container, en un barco, hasta Colón. El trámite era de varios días tanto de un lado, como del otro, por lo que decidimos dejar el auto en la casa del amigo y nos fuimos en avión.(continuará)
