Juan Pablo Duvillard: “Gualeguay - Cartagena de Indias en auto”
Después de la interrupción por del fin de semana largo, continuamos el viaje en auto rumbo Cartagena de Indias, Colombia, junto a Pablo Duvillard y Darío Villarruel. Compartimos paisajes increíbles de nuestro país, también algunas dificultades climáticas, pero ya comienza el cruce hacia Chile. Habíamos quedado en Catamarca para descansar una noche. ¿Seguimos acompañándolos a través del relato? Listo. ¡Disfrutemos!
Juan Pablo nos relata: "Seguimos viaje hasta Uspallata donde dormimos para ya al tercer día cruzar a Chile. Las rutas chilenas son fantásticas, casi todas autopistas y continuamente van bordeando el mar, un espectáculo soñado; en cada curva, en cada paisaje que se nos presentaba yo decía "acá me quedo a vivir". Es muy desértico, pero donde hay agua hay fertilidad. Pasamos por "La Serena", un lugar al que habíamos ido con María Lidia y nuestros hijos cuando eran chiquitos y me impactó el desarrollo que ha tenido esa zona, ha crecido en forma impresionante. Ese día dormimos en Copiapó para seguir para Antofagasta, luego Iquique donde hicimos noche. Iquique es zona dedicada a la minería. Nos impresionó ver, a la tardecita, como bajaban de las dunas camionetas y más camionetas trasladando a los mineros que trabajan en esos lugares. Es como que la arena, el desierto, cobra vida a la caída del sol. En esa zona es difícil conseguir hoteles porque está todo ocupado por los mineros. Conseguimos un hotel en Iquique y como es zona franca, mi amigo se compró un iPad y yo una buena cámara fotográfica que hacía mucho la quería tener." Con el relato de Darío volvemos un poquito atrás, pero es sabroso: "Nos dirigíamos hacia el túnel de el Cristo Redentor donde luego de hacer aduana ingresamos a Chile, bajando por el interminable caracol en medio de un intenso tránsito de camiones, en su mayoría argentinos, llegando luego a la ruta 5 que cruza Chile hacia el norte.Bajando el Caracol desde el túnel del paso de Las Cuevas, en las cercanías del "Sky Resort Portillo", en vista de que se había parado el tránsito de bajada, luego de esperar un momento, vimos que el vehículo que estaba delante nuestro se adelantaba y la ansiedad de Juan Pablo lo llevó a imitarlo. Avanzamos unos metros y de repente el vehículo que nos precedía se metió a la derecha entre dos camiones; cuando vimos que se venía en contra nuestro un monstruo de amplio giro y por supuesto que inmediatamente imitamos la maniobra de quien iba delante nuestro, pero quedaba poco lugar y en consecuencia quedamos con la cola afuera (a todo esto ya había otro detrás nuestro que quedó afuera totalmente). La cuestión fue que, los pocos segundos que tardó en girar el camión parecieron una eternidad ya que el camionero visiblemente molesto nos mandó la bestia encima y vimos el paragolpes pasar a centímetros de la ventanilla de Juan Pablo, Luego de que se nos pasó el julepe recordamos que estábamos tomando mate, y al cabo de unos minutos continuamos la marcha con mucha paciencia.Paramos en una Estación de Servicio Shell, tal vez la más limpia y perfecta que hemos conocido; seguimos luego de un café y felicitar a los empleados que en agradecimiento nos regalaron unas nueces. Dejamos la zona para dirigimos por autopista hacia La Serena. En el camino y sobre una caleta lindísima, con unas espectaculares olas de color azul, almorzamos en un pequeño y precario restaurante de pescadores, cazuela de mariscos (paila) recaliente y picante y un pescado. Seguimos rumbo a Copiapó en un agotador viaje de más menos 1200 km. Nos costó bastante encontrar un hotel ya que los mejores estaban completos mucha minería y el GPS, no sé por qué razón, no los tenía en su programa. Finalmente conseguimos algo muy modesto llamado "Archi Hotel" y rezaba elegancia y distinción; nada más lejos de esto. Pero como ya no teníamos opción, resultó ser lo mejor para algo que se convertía en emergencia y ya se nos presentaba el fantasma de dormir en el auto"Continúa Juan Pablo: "Seguimos viaje alrededor del mediodía, muy entusiasmados por lo que habíamos visto, comentando la belleza del paisaje. Entre tanta conversación nos habíamos olvidado de cargar nafta, a pesar de que antes de salir nos habíamos hecho un pequeño protocolo entre cuyos puntos estaba salir siempre con el tanque lleno. Vimos que teníamos 3/4 tanque así que tranquilos dijimos "más adelante cargamos" porque en Chile se encuentran sobre la ruta varias estaciones de servicio. Empezamos a andar, andar, ¡andar...!!!!!!!!!, y por ahí ya llevábamos como 3 hs. de marcha y no encontrábamos nada. En un momento encontramos un corte en la ruta, habitual en esa época del año por los derrumbes, por arreglos o nuevas construcciones. A esa altura marcaba la luz amarilla de reserva. Me fui caminando al pueblito, pregunté en uno y otro lado y me respondían que ahí no iba a conseguir. Un hombre con el que me puse a charlar me comentó que a 35 km. había un lugar llamado "La posta del camionero" y que posiblemente ahí conseguiría nafta. Seguimos avanzando regulando la marcha del auto, llevándolo en el mínimo de consumo y cuando le quedaban unas gotas encontramos ¡"La posta del camionero"! Nos atiende una señora y nos dice que creía que había, pero la llave del depósito lo tenía su hermana que había ido a dar agua a los chivos y regresaba a la tardecita. No quedamos esperando, mientras el frío avanzaba, y ¡mucho!, hasta que llegó la hermana con la llave del depósito que por suerte tenía nafta. ¡Nos volvió el alma al cuerpo! Con los 20 litros que nos vendió llegamos a la próxima estación de servicio en medio de un tránsito muy intenso de camiones, muy grandes, que creo hacen conexión con Cartagena y Cali; hay mucho comercio entre países.Llegamos a Arica donde para festejar cenamos muy bien, dormimos y al día siguiente ya cruzamos a Perú."(continuará)
