Juan Pablo Duvillard: “Gualeguay - Cartagena de Indias en auto”
¿Recuerdan que en la entrega anterior, a través del relato de Juan Pablo Duvillard, en Lima estuvimos en el barrio de San Isidro, de noche caminamos hasta el mar, visitamos Miraflores, nos extasiamos con la arquitectura colonial y salimos de esa ciudad plenos de la belleza limeña? Después seguimos de regreso el camino hacia Pisco y al llegar a Nazca había que darse un gusto, sobrevolar las Líneas, y en eso estamos. ¡Bienvenidos a la anteúltima entrega de este relato con el que hemos viajado miles de kilómetros!
"Cuando llegamos a Nazca teníamos como objetivo sobrevolar las líneas, por lo tanto nos fuimos directamente al aeropuerto donde estaba lleno de turistas que querían conocerlas y muchas líneas aéreas que en pequeños aviones te llevan a dar una vuelta y así poder observarlas desde el aire en un vuelo que unos 40 minutos. Después de un rato conseguimos embarcar en un avión, que por suerte era muy nuevo, un Cessna Caravan para 10 pasajeros y 2 tripulantes. Dimos una gran vuelta y apreciamos desde arriba las Líneas de Nazca que la verdad que son un gran misterio. Todavía no se sabe bien qué son, cómo y quiénes las hicieron. Algunos se las atribuyen a civilizaciones milenarias y hasta hablan que pudieron haber sido extraterrestres; no se sabe qué metodologías usaron; hasta el día de hoy siguen siendo un misterio.Puede haber un viso de realidad en la versión de que hay líneas paralelas a éstas en un país asiático y otras en Escocia. La historia cuenta que las descubrió una señora, de un matrimonio que vino a vivir a la zona después de la primera guerra mundial y se radicaron en la zona. Ellas la empezó a barrer a mano lo que causaba la risa de la gente, pero así las fue destapando y aparecieron no sólo las líneas, sino dibujos de aves, de monos, figuras geométricas. Ha despertado la curiosidad del mundo entero por eso vienen tantos turistas de todo el mundo.Terminado el vuelo, regresamos a la ciudad y nos quedamos esa noche. Al día siguiente llegamos a Arica, y acá me detengo nuevamente para destacar la amabilidad de la gente de todos esos lugares. Le preguntamos a un señor por un hotel y enseguida nos dijo "síganme que los guío", y nos llevó hasta la puerta de un hotel muy lindo donde descansamos esa noche para salir muy temprano al día siguiente.El próximo destino era el Paso de Jama, el lugar por donde no habíamos podido cruzar a la ida por la gran cantidad de nieve. Queríamos pasar y seguir porque es una zona muy alta y el que tiene propensión a apunarse la puede pasar mal. Cuanto estuvimos en Quito, a la ida, empecé con el malestar, pero zafé porque enseguida me atendió un médico y tratamos de salir rápido de ahí. Por lo tanto, en esta oportunidad arreglamos con Carlitos que él manejaba hasta San Pedro de Atacama y desde ahí yo así me distaría en la conducción y me olvidaba de la altura. Después de varias horas llegamos a Atacama donde se hacen los trámites para ingresar a Argentina, pero desde ahí faltaban aún 160 km. para la aduana de nuestro país. Empezamos a subir el altiplano, lugares muy secos; creo que es uno de los desiertos del mundo donde menos llueve, como mucho 15 mm. al año y, como todos los lugares desérticos, tiene una luminosidad extraordinaria. El color del cielo, del sol cuando va iba poniendo, las montañas es algo muy bonito. Esos 160 km. fueron de subida, primero rectas y luego camino sinuoso; teníamos que poner el motor en baja para no hacer tantos cambios. Llegamos a las 4 de la tarde al Paso de Jama, un lugar muy alto, y allí a la aduana argentina. Cuando nos bajamos del auto estábamos los dos casi apunados. Por suerte, debido a que andaban poca gente, los trámites fueron rápidos y pudimos seguir. Enseguida encontramos una estación de servicio muy linda y moderna del Automóvil Club; queríamos tomar unas fotos, pero no teníamos ni ánimo para eso. Así que seguimos y empezamos a bajar, pero luego otra vez a subir porque todo ese tramo, que es largo, tiene permanentes subidas y bajadas. Llegamos a las Salinas Grandes llevando la ilusión de ver la luna llena en ese lugar, pero tuvimos mala suerte porque se nubló. Cuando pasamos las salinas, se despejó y disfrutamos del paisaje de la luna entre las montañas. Llegó un momento en que el camino muy sinuoso bajó en picada hacia Purmamarca. Desde ahí, hasta Salta manejó Carlitos. Hicimos 1.400 km, desde las 7 de la mañana, hasta las 0,45. por caminos sinuosos, mucha altura, aduanas. Ahí nos quedamos a descansar. Al día siguiente almorzamos con un amigo y nos fuimos a la estancia de otro amigo donde estuvimos 2 días, muy necesarios para descansar y emprender el último tramo para llegar a Gualeguay."(continuará)
