Marcelo Fiorotto, su vida en Colombia (2ª parte)
En esta edición reflejamos la segunda parte de la larga charla que mantuvimos con Marcelo Fiorotto cuando estuvo visitando a sus familiares en Gualeguay, junto con su esposa y a su pequeña hija, Anteriormente nos había hablado del paisaje, el clima sus gustos, su trabajo. Ahora entramos más a los gustos de la cocina colombiana, a la que ha tenido que adaptarse como en su profesión de chef, de la situación social y, con asombro, una comparación con la Argentina.
Los colombianos se vuelven locos con el choripan. Los que ellos hacen son muy distintos de sabor, no quiero decir feos, diferentes, por eso cuando los elaboro al estilo argentino, les encanta. Me han contratado para cumpleaños para servir choripanes, únicamente. En cuanto a las milanesas las impusieron los argentinos que viven allá, pero se fue adaptando al modo bumangués. Les encanta la salsa en todas las comidas, es así que a las milanesas las tapan con salsa y pierden la esencia argentina. Son hechas por argentinos, pero aggiornadas al estilo colombiano. No es que usen muchas especies, sino salsa en todo y de todo tipo de salsas. Si comen una porción de pizza, le agregan mayonesa encima. Eso significa un inconveniente para nosotros, porque si quiero abrir un restaurante para servir pizza italiana y me piden salsa tártara para echarle encima, me pone como loco, porque no es lo que yo quería que degustaran, lo que les quería ofrecer, así que me tuve que colombianizar en ese sentido. Tengo amigos que han abierto una parrilla y también se han tenido que adaptar a los gustos colombianos.En lo social y político, Colombia está bien, viendo qué va a pasar con las FARC, en negociaciones para firmar el tratado de paz, supuestamente se habían puesto de acuerdo. A mí me tocó feo el primer año que estuve allá porque me encontraba muy cerquita de donde explotó un coche bomba en el Canal Caracol. Eso fue lo más grave que vi, ya después se fue aplacando.En general Colombia es muy tranquila. Poe ejemplo, fui solo a ver el partido Colombia- Argentina, en las eliminatorias, que se jugó en Barranquillas, con la camiseta argentina, en el medio de la tribuna colombiana y no tuve ningún problema. Es más, se sacaron fotos conmigo, y eso que perdieron.Obviamente que tiene sus partes muy feas como es el narcotráfico, pero lo importante para no tener problemas es saber dónde no ir y no meterse. Desde que estoy, allá nunca me han asaltado, no he sufrido violencia. Hay que saber no ir para no llevarse sorpresas feas. Bucaramanga es una ciudad muy tranquila; Bogotá y Medellín ya son más peligrosas, son muy grandes, de 8 millones de habitantes, demasiado, y en ciertos sectores, peligrosas. Pero nosotros no estamos ajenos a eso, porque lo mismo ocurre con Buenos Aires y Gran Buenos Aires.La diferencia en cuanto a los medios de difusión es que allá no se ve tanto el amarillismo de las noticias. Lo dicen, lo dan a conocer y pasan a otra cosa; no es como acá que machacan todo el día la misma noticia de crímenes, robos, tumultos y eso crea más angustia y más violencia. Ellos dan la noticia de una forma más objetiva y no atormentan todo el día. Lo he visto en estos días en los distintos canales argentinos y me doy cuenta que crea miedo constante en todos. Estuve en Rosario y me pasé todo el tiempo atento, mirando para todos lados porque pensaba que en cualquier momento me iban a robar.A la Argentina ya la veo con ojos de turista, bien; para saber cómo está realmente, me tendría que quedar más tiempo. Gualeguay está muy arreglada, con muchos paseos nuevos y bien cuidados. Deseo encontrarla así o mejor aún cuando vuelva. El gobierno cambia y sería muy importante mantenerla y mejorar lo que falta.Lo que sí no puedo creer los precios que hay que pagar en Argentina, es una locura; la gentes saca de a mil pesos, como si fueran cien. Yo les contaba a mis amigos colombianos que una botella de cerveza vale tanto o más que una de vino de mesa, que jamás en la vida pasó eso.Allá los precios también suben, pero no de la forma que ocurre en la Argentina que deja con la boca abierta a quienes nos hemos ido ya hace un tiempo. En enero pasado, en Colombia el dólar se disparó de dos mil a tres mil, eso es mucho, pero las cosas no subieron; la leche, el pan siguieron al mismo precio; la gente no fue como loca a comprar dólares. Es más, no preguntan la cotización en forma permanente como acá; sólo los que viajan al exterior. Colombia es un país estable económicamente y tranquilo si uno no se mete donde no debe hacerlo. Hay que conocer, ser precavido, pero no se vive angustiado, ni temeroso.En esta etapa, con el cambio de gobierno deseo lo mejor para mi país, Argentina, porque es mi tierra, y la quiero mucho.
