Mariano Beresiartu tras los pueblos originarios en San Martín de los Andes
Hoy entregamos la segunda parte de los testimonios de Mariano Beresiartu del viaje a tierras de los Curruhuincas, en San Martín de los Andes, que realizó entre enero y febrero junto a un amigo de la Plata en pos de nutrirse de la idiosincrasia de esos pueblos originarios, con el fin producir un fotodocumental que les llevará varias etapas de viajes y compaginación. Acerca de la vida de los Curruhuincas, sus costumbres y el paisaje del lugar nos sigue comentando:
"Cuando comienza el día toman mate dulce, no en el mate que usamos nosotros porque ellos no tenían esa planta en sus ancestros, por lo que utilizan más los de cuerno de vaca o de metal. Cuando salen de sus viviendas hacen oraciones y pedidos por su familia, por su vida, dan gracias a la naturaleza y ofrendan a la tierra con un poco de yerba de su mate. Elaboran tortas fritas, pan casero, pero además tienen alimentos comprados, como galletitas.En 1930, aproximadamente, cuando a ellos les prohíben tener animales, tienen que salir a trabajar al pueblo a distintos lugares, dentro de la ciudad o en el campo. Ahora están tratando de volver a tener sus huertas, sus animales; nunca dejaron de tener, sí perdieron la cantidad. Por ejemplo recorrimos 5.000 hectáreas y vimos en total unas 100 vacas que para un montón de familias no es nada. Son cinco parajes; no pudimos recorrer todos. En esos parajes, ellos ubican sus viviendas distantes una de la otra en una determinada cantidad de metros. Por esta distribución, hay muchos que no pueden vivir dentro de esos parajes por lo cual se está trabajando en un barrio intercultural en donde van a fabricar 125 casas para su comunidad, y otras tantas para los blancos, los "huincas" como le dicen ellos. Ahí van a poder nuclear a familias que no tienen espacio dentro del paraje. Dentro del paraje hay casas de material fabricadas por planes del gobierno hace varios años, otras son hechas por ellos mismos en las cuales han usado ladrillo, madera, piedra, y muchísimas son de madera en su totalidad.Nosotros compartimos varios días en la casa del subjefe de la comunidad y sus hijos están estudiando. La más grande, de 26 años, se está por recibir de abogada; el de 24 ya es profesor de Educación Física, y la más chica está por finalizar el mismo profesorado. Eso demuestra que más allá que le fueron usurpadas sus tierras y su cultura, ellos, a pesar de la discriminación que han sufrido en muchos casos, las nuevas camada son bien recibidas y pueden hacer estudios superiores como cualquier habitante que se lo proponga. Y los jóvenes que se van a Córdoba, Neuquén, a Bariloche, son los que más luchan por volver a recuperar su cultura.Lea m{as en la edici{on impresa en papel
