Néstor y Olguita en Nueva York
Néstor Larreteguy y Olguita All viajaron a Estados Unidos como un festejo especial de cumpleaños. Con la chispa que caracteriza a Néstor nos comenta la estadía en Nueva York y en Washington. En esta primera entrega nos habla de la ciudad de los rascacielos, de la Estatua de la Libertad, de Manhattan, del Empire State Building, del Central Park y otros lugares que identifican a la cosmopolita Nueva York. ¿Disfrutamos con ellos? ¡Allá vamos!
Nuestro viaje a USA: New York"Cumplí cincuenta y ocho años en mayo de 2012, en Roma, más precisamente en El Vaticano, un miércoles que incluyó misa oficiada por el Papa (Benedicto XVI, todavía) al que veía borrosamente a través de mis lágrimas de emoción. Contradictoria emoción, tratándose de un escéptico religioso como yo. Se ve que la historia familiar, en mi cultura, había hecho algo de mella.Cuando me acercaba, peligrosamente, a los "sesenta" opté por festejarlos siguiendo mi gusto por viajar y por las contradicciones: a pesar de mi posición ideológica, absolutamente desencontrada con el capitalismo ortodoxo que identifica a USA, decidí cumplirlos en el "Imperio". Más aún, en la capital económica del Imperio: Nueva York. Hacia allá partí este mayo (obvio! jeje) de 2014 con mi mujer, Olguita All, que suele acompañarme en mis aventuras, aunque no siempre muy convencida. Esta vez, parece, era una de esas y se notó: a tan sólo tres horas de haber despegado de Ezeiza, en un avión repleto de pasajeros y tan cómodo como una combi, Olguita se descompuso, se desmayó en pleno vuelo. Continuaron ocho horas de zozobra y angustia que finalizaron, felizmente, con la llegada al aeropuerto John F. Kennedy, con descenso en silla de ruedas incluido (ella), pero con el privilegio de una atención migratoria preferencial (algo positivo tenía que tener el episodio).Superado el trance, ya alojados y después de unos mates, salimos a caminar por las inmediaciones del hotel, en Manhattan. Nos sorprendió inmediatamente la cantidad de tulipanes en flor en las veredas y en el boulevard de la avenida Broadway: ¡bellísimos!, algo que iba a repetirse en muchas avenidas y paseos. Más avanzado el día, dispuesto a estrenar el "american english" que con tanto denuedo me había enseñado la "Seño Star" (María Estrella Quattrochi), y con nuestra Metrocard (tarjeta de "subterráneo") en mano, comenzamos la recorrida por lo que aparentaba ser una ciudad fascinante. Y realmente lo era. Una multitud incansable, infinitos rascacielos, una parafernalia de carteles luminosos, un tránsito endemoniado y muchas cosas más eran el escenario de nuestro deslumbramiento.Durante el tiempo que duró nuestra estadía caminamos sin descanso y dejamos "delgadísima" de tanto uso a nuestra muy útil Metrocard. Fuimos a ver la Estatua de la Libertad, ubicada en una isla desde donde se divisa Manhattan tan impactante y monstruosa como es. Subimos al Empire State Building, mítico ícono desde nuestra niñez y escenario de tantos films, en un ascensor velocísimo, que "cuenta" los pisos de a diez y que nos depositó en el mirador del piso 86 en casi "un suspiro". Desde allí se tiene una vista grandiosa de la isla y del Central Park. Visitamos el MOMA (Museo de Arte Moderno), una estructura de seis pisos que alberga innumerables obras de artistas contemporáneos de todo el mundo, donde pudimos admirar, entre otras, el retrato de Marilyn Monroe y la imagen de una lata de sopa Campbell, ambas de Andy Warhol, famoso artista pop. Subimos al Rockefeller Center, al piso 65, para ver otro sector de la ciudad y tener, paradójicamente, una vista inigualable del Empire State. En la plaza que está debajo, un mediodía soleado, almorzamos un pollo agridulce con arroz, ¡tan rico como picante!!! Nos confundimos con la multitud de Times Square, centro neurálgico de NYC, donde jamás nadie duerme y donde los carteles luminosos son enormes y apabullantes. Caminamos la 5ta. Avenida (imposible comprar allí) y también "la 34", mucho más accesible a nuestros bolsillos. Nos metimos en algunos shoppings y caímos rendidos a los precios de Camdam Street, donde se pueden comprar marcas muy famosas y muy baratas (falsas, ¡por supuesto!!!). Recorrimos Central Park, verdadero pulmón de la ciudad, de mañana y cerca de muchos deportistas y vimos, allí, el monumento a John Lennon. Estuvimos en la Zero Zone, donde tuvo lugar el emplazamiento de las Torres Gemelas, no sin sentir el peso del recuerdo de aquel 11 de septiembre, a mi juicio una trágica y dolorosa rémora, para la certidumbre capitalista, de lo que fue la caída del Muro de Berlín para el comunismo soviético (otra tragedia).Sería largo de detallar todo, pero no quiero dejar pasar algo anecdótico: salíamos de ver "Mamma Mia", un musical encantador y muy exitoso, en Broadway, cuando en medio del tumulto advertimos, incrédulos, otro matrimonio de Gualeguay con cuyos integrantes apenas nos habíamos visto alguna vez y con quienes no compartíamos ni siquiera el saludo. Luego de la sorpresa del encuentro, charlamos, fugaz y animadamente, con la sensación de conocernos ¡de toda la vida!!! Como para finalizar la nota con un lugar común: ¡qué chico es el mundo!!!"
