Nicolás Fiorotto, su viaje a países de Europa
Nicolás Fiorotto comparte con nosotros vivencias del viaje que realizó hace apenas unos días a Europa, donde visitó Holanda, Hungría, Austria y República Checa. En forma amena nos entrega descripciones de ciudades, construcciones emblemáticas, paisajes de ensueño. Los invito a disfrutar de esta nota que se publicará en dos entregas. 1ª parte
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"Al armar un viaje a un destino tan lejano, empiezan a surgir inquietudes sobre cómo será la estadía, en este caso, en el Viejo Continente. Sin embargo para poder conocer el mundo, es necesario ser un poco arriesgado, y allí marchamos con Adrián, mi compañero de ruta, para visitar Holanda, Hungría, Austria y República Checa, en un viaje de 15 días de duración.Partimos de Buenos Aires el martes 19 de enero, con 36 grados de temperatura y luego de un vuelo de catorce horas con escala en Madrid, llegamos a Amstedam el martes 20, en donde nos esperaban tan solo 2 grados. Era sabido; en la latitud norte del globo es invierno, y quizá ese era el único factor que inicialmente me amedrentó para viajar en esa fecha; pero finalmente me convencieron que no era nada que una buena remera térmica, gorro y guantes puedan resolver.Llegar a Amstedam fue como aterrizar en un set de filmación: a los canales de tipo venecianos (Amsterdam tiene el título de ser "la Venecia del norte europeo") hay que agregarle las bicicletas, los tranvías, las casas "torcidas" (inclinadas levemente hacia adelante para subir bultos en mudanzas y no romper las fachadas), y la tolerancia en todo el sentido de la palabra. Tolerancia que se ve reflejada en la diversidad cultural, siendo una de las capitales más cosmopolita del mundo.La palabra Amsterdam es una conjunción de dos palabras: Amstel (río que escurre sus aguas en la zona) y Dam (dique). Es que otrora, la ciudad se fundó a la vera de un dique sobre el río Amstel, ni más ni menos. El territorio de los Países Bajos es el más bajo de toda Europa: con tener en cuenta que el aeropuerto internacional Schipol está a tres metros por debajo del mar, nos da todo un panorama.Todos estos datos logramos retenerlos de una visita guiada por el casco histórico de la ciudad. Lorena (madrileña ella), supo con mucho atino relatarnos y mostrarnos los hechos y lugares más característicos de la capital holandesa.El viaje continuó en un vuelo interno por el viejo continente hacia Budapest, capital de Hungría, y sinceramente fue como viajar en el tiempo. Ese territorio que hoy por hoy es una República, en el pasado no tan lejano supo ser tierra de muchas guerras y asedios de las disputas humanas; desde el imperio Austro-Húngaro, pasando por la dominación nazi y luego la Rusia comunista en la llamada Guerra Fría con los EEUU, determinó en gran parte la forma en la que en la actualidad el pueblo húngaro se relaciona con el mundo. El parque automotor, los subterráneos y hasta la forma cerrada y desconfiada de tratar al turista, son un sello aún de todas esas épocas de catástrofes y opio. Sin embargo la capacidad de reinventarse es asombrosa: la ciudad lucía con sus palacios, iglesias y monumentos como si nunca hubieses sufrido el asedio de las miserias humanas. Budapest es una ciudad fusionada, unida por el río Danubio (aquél que diera título a la famosa obra de Strauss, el Danubio Azul): por un lado la ciudad de Buda, con sus colinas y castillos, y por el otro la de Pest, más plana, con avenidas anchas ("a lo Buenos Aires") y la mayor parte de la actividad económica. Indudablemente el emblema de la democracia actual es el edificio más destacado de la urbe, un gran palacio que albera al parlamento húngaro, representando el mayor logro: lograr finalmente y tan solo desde 1989 (luego de la caída del Muro de Berlín y la caída de la Rusia comunista) la ansiada democracia. Un dato más: Budapest tiene más de treinta complejos de aguas termales naturales, dentro de la misma ciudad."(continuará)
