Nicolás Fiorotto, su viaje a países de Europa
Compartimos hoy la 2ª entrega del maravilloso viaje que realizó Nicolás Fiorotto a Europa, en especial a Holanda, Hungría, Austria y República Checa. En la primera parte disfrutamos de Amsterdan y Budapest; en ésta, de Viena y de Praga en una descripción que las pinta en todo su esplendor.
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"Viajar en tren por Europa es un culto a la puntualidad. La formación salía de Budapest a las 9.02... y 9.02 arrancó. Recorrimos la campiña húngara y austríaca, muy lejana a la planicie pampeana a la que estamos acostumbrados. Allí no pasan más de diez kilómetros sin ver un pueblo o caserío. Es que tengamos en cuenta que la extensión de esos países se asemeja a la de las provincias más pequeñas de nuestra Argentina.Luego de cuatro horas llegamos a Viena, capital de Austria y antigua capital del Imperio Austro Húngaro; y así nos recibió, con toda su majestuosidad. Esta ciudad albergó a reyes y emperadores, músicos y pintores, poetas y novelistas. Viena es la cuna del arte europeo, y ello lo reflejan la más de veintena de museos en los que uno puede adentrarse a recorrer.Allí optamos por tomar un bus turístico con el que logramos tener un pantallazo general de la ciudad: sus bellos palacios, colinas, nuevamente el hermoso río Danubio, la casa de Mozart y la mundialmente reconocida Ópera de Viena, edificio cultural que sirvió de inspiración de tantos otros como nuestro querido Teatro Colón. Es que viajar a estos lugares significa convivir e interactuar constantemente con parte de nuestra historia. Todo aquello que estudiamos en libros, mapas o que nos contaron nuestros antepasados, está allí, vivo y expectante, fusionándose pasado con presente.Desde Viena tomamos otro tren con destino a Praga, capital de la República Checa, otra ciudad con un gran derrotero histórico. Felizmente el termómetro nos dio una tregua, ya que trepó hasta los 12 grados, nada mal para un invierno europeo.Como todas las capitales de Europa atravesadas por ríos, Praga no es la excepción. El río Moldava recorre sinuoso la geografía praguense, unida por una decena de puentes. Sin embargo el Puente Carlos es uno de los emblemas de la ciudad, declarado patrimonio de la humanidad. Y no es para menos: ¡se construyó en el Medioevo!, y sigue intacto luego de siglos. En la actualidad es un puente peatonal, una de las mayores atracciones de la ciudad y de toda Europa del Este. Corona la cima del cerro el Castillo de Praga, una monumental edificación de palacios de diferentes estilos, sumado a ellos una iglesia de estilo gótico, algo que en Europa abunda. Nos llamó la atención una pequeña réplica de la torre Eiffel de París, construida por el mismo arquitecto francés.De todas las ciudades visitadas, Praga es la que mejor representa la Europa medieval: fortificaciones, torres y hasta un recorrido de túneles subterráneos, realmente nos hicieron viajar en el tiempo.Desde Praga tuvimos que volver a Amsterdam para tomar nuestro vuelo intercontinental que nos devolvería a Argentina. Pudimos realizar algunas otras visitas que nos habían quedado pendientes en las jornadas anteriores, y comprar los obsequios para nuestros seres queridos.Desde ya que poder salir del terruño natal siempre es una posibilidad movilizadora. Pero recorrer estos territorios tan lejanos, tanto espacial, como históricamente a nuestra realidad, es una posibilidad por más enriquecedora. No sólo para conocer la arquitectura, va mucho más allá de ello. Adentrarse en la idiosincrasia de cada pueblo y descubrir que hay otras formas de encarar la vida, siempre es enriquecedor en dos aspectos: para saber que siempre se puede estar mejor, pero mucho más importante... para saber que en estas latitudes del mundo tenemos todo para lograrlo.
