Patricio Míguez Iñarra, su visión de Perú (3ª entrega)
¡Y llegamos a Cusco con Patricio Míguez Iñarra y sus amigos! Así seguimos compartiendo este viaje por Perú, con una mirada especial, muy exhaustiva, acerca de las costumbres, la cultura, ese gustito especial de esos pueblos y paisajes que disfrutó y nos entrega Patricio para todos nosotros.
Cusco: el ombligo del mundo El miércoles 14 de enero arribamos a la Ciudad del Cusco (cusco, en quechua, quiere decir ombligo), capital de la cultura quechua. Dejamos las mochilas en el Campanario Hostel, y nos fuimos a sacar el boleto turístico, que incluye muchísimos lugares para conocer (ruinas, museos, peñas, etc.) y que tiene descuento para aquellos estudiantes que tengan la tarjeta ISIC. Primero, recorrimos la ciudad, que tiene una de las tantas Plazas de Armas peruanas. Quizás, lo que caracteriza a Cusco son las angostas callejuelas que rodean la plaza, la calidad arquitectónica (tiene forma de puma, diseñada por Pachacútec) y, claro, la altura: se encuentra a 3.399 m.s.n.m. Juan Pablo y yo sufrimos los efectos de la altura rápidamente, y Santa casi ni la sintió. Por suerte, en todo Perú venden las Sorojchi Pills, que son unas pastillitas "mágicas", muy buenas para el mal de altura. Además, hay que agregar que Cusco resultó ser la ciudad más cara de todas las que recorrimos, pero es lógico: la visitan casi dos millones de turistas al año, y es una de las fuentes más importantes de ingresos del país. Sin embargo, la comida seguía siendo muy barata, siempre más barata que acá. Después de recorrer la ciudad, visitamos el Museo Histórico Regional, que incluía una visita guiada de forma gratuita. En el primer piso, pudimos conocer un poco más de la historia de los Incas y las comunidades anteriores a ellos: sin esas tribus que habitaban la tierra cusqueña, hubiera sido imposible el surgimiento de los Inkas, de la cultura andina como la conocemos hoy. Subiendo las escaleras nos encontramos con imágenes y relatos que ilustraban la invasión española en territorio americano, especialmente en el Perú. Y aquí es necesario resaltar dos figuras más que importantes: Túpac Amaru (último inca de la dinastía rebelde de Vilcabamba) y "El Inca" Garcilaso de la Vega (escritor e historiador peruano, que tuvo como madre a una mujer inca, y como padre a un español). Ambos hombres son claves para conocer no solo la historia peruana, sino también la lucha contra el invasor. En Cusco también recorrimos el Valle Sagrado, donde se encuentran Písac (lugar en el cual se encuentra un cementerio inca, y donde uno puede observar el trabajo que realizaban en la tierra las comunidades indígenas), Ollantaytambo (complejo militar, arqueológico, en el que se encuentra una montaña que era considerada Wiracocha, el dios más importante de los incas, y uno de los templos construidos en honor al sol) y Chinchero (pequeño pueblo que conserva un estilo de época y que está diseñado, más que nada, para la compra de objetos y vestimenta que caracterizan al lugar). Nos faltaron Maras Moray (sitio de investigación agrícola incaico) y Sacsayhuaman, un lugar de ceremonias que resalta por su arquitectura: hay construcciones con rocas que pesan varias toneladas, lo cual hace difícil entender cómo lo hicieron aquellas comunidades, y deja la puerta abierta a las hipótesis sobre la visita de alienígenas ancestrales. Estuvimos dos días con sus noches. El viernes, bien temprano, Willy, quien sería nuestro guía en el Camino del Inca, nos buscó por el hotel. Tanto del Camino del Inca, como de Machu Picchu hablará la próxima entrega.
