Gualeyos por el Mundo
Patricio Míguez Iñarra, su visión de Perú (4ª entrega)
En la entrega anterior Patricio Míguez Iñarra nos describió Cusco, su arquitectura, costumbres, sus paisajes y curiosidades. Hoy nos vamos más arriba, entre caminatas y campamentos, ya que recorreremos el Camino del Inca, paso a paso, junto a sus amigos y al guía. Lo pintoresco se convierte en emoción, tanto que su relato es una invitación para no dejar de conocer esos lugares únicos que despiertan asombro, interrogantes, dudas.
Por los pasos de los incas El viernes 16 de enero, Willy nos llevó hasta una plaza de Cusco y de ahí partimos en colectivo rumbo al origen del Camino del Inca. El Camino solo se puede realizar con guía, no hay otra forma, y las razones son varias, pero la principal es el cuidado de esta zona arqueológica que está entre las más importantes del mundo. Nosotros habíamos "contratado" el camino largo, que consta de cuatro días y tres noches: se camina durante el día y por la noche se acampa en medio del Valle Sagrado. La experiencia es única, no solo porque uno camina siguiendo los pasos de los antiguos habitantes de esas tierras, sino porque, además, el recorrido permite conocer numerosas ruinas que no pueden observarse de otra forma, y tiene la ventaja de poder escuchar a alguien que sabe, que estudió para eso: el guía (vale aclarar que no todos los guías son buenos, pero, por suerte, a nosotros nos tocó uno excelente). Para aquellos a quienes nos gusta la naturaleza y la historia cultural de las antiguas civilizaciones, el Camino del Inca se convierte en algo impostergable. El viernes comenzamos la caminata. Fue el día más tranquilo, menos cansador, y sin embargo, una anécdota lo hizo un tanto más interesante: como cada uno va a su ritmo. El grupo, que era de unas veinte personas aproximadamente, comenzó a separarse y en un momento quedé solo; llegando al primer campamento, seguí de largo y de alguna forma me "perdí". Willy nos contó que era la primera vez que le pasaba algo así... Siempre hay una primera vez. Ese día pasamos por las ruinas de Llactapata y acampamos en Wayllabamba (por cuestiones de espacio, simplemente mencionaré el nombre de los sitios arqueológicos, pero no explicaré qué función cumple o cumplía cada uno). El sábado desayunamos bien temprano y empezamos el recorrido más complejo del Camino: llegamos al punto más alto del Camino del Inca (Warmihuañusca o el paso de la mujer muerta, a 4.200 m.s.n.m.), y luego comenzamos el descenso hasta el siguiente campamento, Pacaymayu, donde tuvimos un buen almuerzo y la tarde libre. Al otro día, abrir la carpa y encontrarnos rodeados de montañas y vegetación nos produjo una gran satisfacción y tranquilidad: simplemente contemplábamos el paisaje, tomando el té de coca que nos servían todos los días antes del desayuno, porque ayuda a combatir el soroche. Luego, iniciamos la marcha en el que sería el día más largo, pero no tan agotador como el anterior. Ese domingo conocimos Runkuraquay, Sayacmarka y Phuyupatamarka (la ciudad de las nubes). Acampamos en Wiñaywayna. El último tramo lo empezamos a las tres de la madrugada, rumbo al último sitio arqueológico. A las seis llegamos a la Puerta del Sol, desde donde se puede observar Machu Picchu, el lugar más impresionante de todo el recorrido: conocer la arquitectura andina (en aquella época ya habían creado las maquetas); el conocimiento que tenían sobre la naturaleza, la espiritualidad, sobre las estrellas y sobre el universo en general; entender que no existían ladrones, literalmente; todo eso y el hecho de haber llegado hasta ahí con amigos, hizo de Machu Picchu algo difícil de describir. Hablar de Machu Picchu significaría utilizar cinco entregas de Gualeyos por el mundo. Hay demasiado para contar y demasiado para preguntarse. Más que aclarar y dejarnos satisfechos, el Camino del Inca y Machu Picchu nos llenaron de interrogantes, de dudas. De todas formas, de algo estamos seguros, aunque nos lamentamos: la mayoría de los seres humanos hemos ido involucionando. Habría que aprender mucho de los antiguos habitantes de estas tierras. En la próxima y última entrega hablaré de la Isla del Sol (Bolivia), y de la ciudad de Iquitos (Perú).(Continuará)
