Patricio Míguez Iñarra, su visión de Perú
Queridos lectores, a partir de esta edición compartiremos varias entregas de Patricio Míguez Iñarra sobre su viaje a la tierra de los Incas. Con un relato ameno y muy rico en observaciones de las costumbres, de la cultura y del paisaje, nos ofrece una visión muy interesante y enriquecedora de nuestro vecino país.
Perú, primera parte: el arribo a tierra Inca Un año atrás, aproximadamente, comenzamos a planear el viaje a Perú con dos amigos: Santiago y Juan Pablo. Lo empezamos a planificar, pero, en realidad, se trataba de un deseo que nos acompañaba desde hacía mucho tiempo. Queríamos conocer la cultura andina (nosotros le llamábamos cultura inca, pero allá aprendimos que está mal nombrarla de esa forma, y más adelante explicaré por qué), caminar por donde caminaron quienes portaban un conocimiento ancestral, una relación íntima con la naturaleza, una forma de vivir y entender la vida muy distinta a la nuestra, con otra mitología, con otro idioma. Partimos el jueves 8 de enero desde Ezeiza (Buenos Aires), hicimos unas horas de escala en Asunción (Paraguay), y arribamos a Lima (Perú) el viernes 9 de enero a las 7:30 hs. El recorrido en avión fue muy tranquilo y, al principio, sentimos esa especie de duda y cosquilleo que perciben quienes no están acostumbrados a viajar en ese medio de transporte. Supongo que dudamos porque es un invento del hombre que, lógicamente, tiene más posibilidades de fallar que algo creado por la naturaleza. Creo que sentimos el cosquilleo porque el hombre no vuela, y surcar los cielos es algo raro, es un hecho que desafía ciertas leyes. En el aeropuerto de Lima nos esperaba Miguel, un taxista que nos habían enviado desde Allpamama Hostel, alojamiento que contratamos. El trayecto era de una hora y media, así que aprovechamos a preguntarle a Miguel varias cuestiones sobre la vida cotidiana de un peruano, haciendo hincapié en uno de los asuntos que más nos interesaba y nos interesa: la comida. Entre otras cosas, nos contó que un peruano come arroz al menos una vez al día; que se puede comer afuera por S/. 10 (Nuevos Soles Peruanos), que son $30 argentinos, o incluso por menos; que lo mejor para un turista es parar en el distrito de Miraflores (por suerte, hacia allí nos dirigíamos) por la seguridad; que admiran y ven mucho fútbol argentino; y que allá se sintió y dolió mucho la desaparición física de Gustavo Cerati. Lo primero que hicimos fue recorrer Miraflores. Fuimos al Parque Kennedy, que es como una plaza bastante grande y con bastante verde; al Parque del Amor, que se inauguró el día de San Valentín, en el año 1993, donde se encuentra la escultura El beso, de Víctor Delfín, en la cual se observa a dos enamorados acostados, besándose. Además, el Parque del Amor está colmado de placas con frases como las siguientes: "Branquias quisiera tener, porque me quiero casar. Mi novia vive en el mar y nunca la puedo ver", de Rafael Alberti; "Yo soy, como mi cuerpo, de la tierra que lo aguarda", de Juan Ríos; o "Amor es luz", de Martín Adán. Es interesante saber que cuando la mujer que nos atendió en el hostel nos recomendó visitar ese lugar, nos dijo: "Lo que pasa es que los peruanos nos enamoramos mucho". Esa misma mañana, también fuimos al mar, a una playa minada de piedras, donde los surfistas suelen acercarse para conquistar algunas olas. Por la tarde, luego de probar unos ricos tallarines saltados (comida típica peruana), fuimos a conocer el distrito Barranco. Allí se encuentra el Puente de los suspiros. Se dice que ha sido lugar de amores de todas las épocas. No tiene un diseño muy especial, es un puente de madera común y corriente, pero la esencia se encuentra en su historia. Ahí mismo, en Barranco, los bares se imponen cuando comienza a caer la noche, por eso es uno de los lugares nocturnos más transitados. El sábado, temprano, fuimos al Centro Histórico de la ciudad de Lima. Aprovechamos y nos movimos en transporte público (bus), que es barato y eficiente, más allá de que el tránsito limeño sea un caos. Primero, conocimos la Plaza de Armas: hermosa, con una fuente muy linda en el centro, y rodeada por el Palacio de Gobierno y la Basílica Catedral de Lima.(continuará)
