Patricio Míguez Iñarra: Viaje al interior de Bahía, Brasil (segunda parte)
En esta edición les entregamos la segunda parte del maravilloso viaje y de la inolvidable experiencia que vivió Patricio Míguez Iñarra, quien, junto con un amigo, estuvo en Bahía, Brasil en el pasado mes de julio. Con un relato ameno, Patricio revive y nos hace disfrutar de paisajes encantados, plenos de aventuras.
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Luego de haber terminado el trekking por el Vale do Pati, Juan Pablo y yo nos dirigimos a Igatu, pueblo histórico de la Chapada en el que vive quien fue nuestro guía: Dmitri. Acá hay que hacer un paréntesis y mencionar un dato importante que, en la entrega anterior, no se detalló, y es que hay dos opciones para recorrer la Chapada Diamantina: una, alquilar un auto y tener un mapa a mano, porque las distancias son realmente largas (esta opción es arriesgada porque los caminos son de tierra y no están en buen estado, por lo que las posibilidades de romper el auto son altas); otra, contratar empresas para realizar lo que ellos llaman "roteiros", es decir, tomarse un día entero, desde muy temprano, para visitar puntos claves del Parque (esta opción fue la que tomamos nosotros). Pues bien, llegamos a Igatu, un lugar que no tiene más de 360 habitantes (aunque la web diga lo contrario), dato que nos hizo conocer nuestro guía. Allí visitamos las ruinas que no están muy bien cuidadas, y Dmitri nos comentó que Igatu, antiguamente, era un asentamiento de minas y "garimpeiros" (buscador de piedras preciosas) que se encargaban de encontrar diamantes. Algo similar a lo que sucedía en Andarí, ciudad que mencionamos en la entrega anterior, solo que Igatu es un pueblo mucho más pequeño. También nos enteramos que el Gobierno de Bahía prohibió la búsqueda de diamantes para cuidar el Parque y apostar al turismo, algo que dio resultado, más allá de que sigan existiendo garimpeiros clandestinos que no pueden dejar de ejercer la profesión que sus ancestros practicaron. Dmitri nos decía: "acá la gente sigue buscando diamantes porque no ven otro modo de vivir, se preguntan '¿de qué otro modo podríamos sobrevivir?', y porque es algo que han heredado". Digamos, entonces, que los primeros dos días los utilizamos para descansar y para comer, porque la comida es muy barata y abundante. Conocimos a Neu, una mujer pura, sin maldad, y a Pedrinho, un hombre grande que estuvo viviendo en Argentina y que necesitó ayuda del gobierno brasileño para salir del país, porque justo estallaba el Golpe de Estado de 1976 y le impedían marcharse. Luego, visitamos el Poço Encantado y el Poço Azul. Se trata de dos grutas que contienen un gran caudal de agua de color azul (esto sucede por la gran cantidad de minerales, especialmente el magnesio), pero tienen algunas diferencias entre sí: el Poço Encantado es una cueva muy grande, en la que es posible ver cómo entra un rayo de sol (en el horario apropiado), formando un espectáculo increíble, y no está permitido bañarse; el Poço Azul es una gruta que tiene características similares, solo que el caudal de agua es menor y la profundidad también, además, aquí uno puede nadar y hacer snorkel durante unos veinte minutos. Otro de los días lo disfrutamos yendo a la Cachoeira do Buracão, cerca de Ibicoara, una ciudad un tanto más moderna y sin belleza, en comparación con la gran mayoría de los pueblos de la Chapada. Para llegar a la Cachoeira es necesario hacer un trekking de una hora y media. Allí uno se encuentra en una especie de cañón por el que corre un río. Desde ahí se puede ir nadando (el agua es helada) o a través de las rocas a la Cachoeira. La cascada es muy grande (98 metros de caída) y no hay palabras para describir la vista que uno tiene desde dentro. Al mediodía alumbra al sol y se forman arcoíris, en algo así como una pileta natural enorme. El último día de recorrido no significó esfuerzo físico. Nos trasladamos en auto hasta el Poço do Diabo, otra cascada del Parque, y de ahí nos dirigimos hacia Pratinha, una suerte de balneario privado, donde el agua es cristalina y tiene una temperatura agradable. Acá también se puede nadar en una gruta de agua azul, incluso se puede hacer tirolesa. Terminamos en Lençois, el pueblo más hermoso de la Chapada y el más barato. Nos quedamos dos noches descansando y luego volvimos a Bahía, para finalizar un viaje lleno de experiencias y regresar a Argentina.Patricio Míguez Iñarra
