Punta Cana, un sueño hecho realidad
En esta edición les ofrecemos la segunda parte de las vivencias de Marcelo Curutchet, nuestro compañero de trabajo, junto a Flavia, su novia y otros gualeyos quienes pasaron días inolvidables en Punta Cana, un lugar soñado y plenamente turístico de la República Dominicana. En esta segunda parte, Marcelo se detiene más en la descripción de la isla Saona, uno de los lugares que más disfrutaron.
"Con la delegación de gualeyos, y no tanto, dado que Gimena es de Buenos Aires y Flavia, de Larroque, solíamos compartir los desayunos y cenas, y algunas de las excursiones. Realmente se conformó un buen grupo humano, fraternal, solidario, que compartió momentos agradables e inolvidables. Los vendedores de excursiones estaban al orden del día sobre la playa. Ofrecían travesías tales como kayak, velero, snorkel, moto subacuática, buggy, contacto con delfines, parasailing, buceo, entre otros. También están los comerciantes de sombreros, habanos, masajes, trenzas, regalería en general. Muchos de ellos trabajan a comisión, es decir, alquilan servicios a un particular propietario y buscan obtener sus ganancias en las ventas. Cabe mencionar que el sueldo promedio de un dominicano es de 200 dólares. El equivalente a una unidad de la moneda estadounidense es de 45 pesos nacionales.Isla Saona Al tercer día de estadía dominicana llegó uno de los momentos más esperados: la excursión a la Isla Saona. Es oportuno indicar que Cristóbal Colón pisó el suelo de la isla por primera vez el 14 de septiembre del 1494 durante su segundo viaje, y la nombró Bella Savonesa en honor al savonés Miguel da Cuneo (Miguel da Cunio). Para llegar a la isla primeramente nos trasladamos en colectivo durante una hora aproximadamente hasta Bayahibe, un puerto de pescadores, desde donde parten distintas embarcaciones hacia Saona. Es así que zarpamos en una lancha catamarán y previo a llegar a este paradisíaco lugar nos detuvimos en una "piscina natural", un banco de arena con aguas cristalinas, verdosas y azuladas, de un metro de profundidad, aproximadamente, que se encuentra a unos 500 metros de la costa de Saona. Allí nos tomamos fotografías con estrellas de mar y disfrutamos de tragos que nos servían desde las embarcaciones. Luego, llegamos al ansiado lugar, donde disfrutamos de las hermosas playas y bellezas naturales.Últimos días y el regresoEl resto de los días fueron soleados con breves e intermitentes precipitaciones. Claramente ello no impidió que continuáramos disfrutando y deleitándonos de los atractivos que ofrecía el hotel, ya que todas las tardes había un evento popular de entretenimiento. Los animadores realizan una tarea incansable para mantener entretenidos y alegres a los turistas, brindando un colorido de fiesta con bailes y músicas típicas del país. El merengue y la bachata están a la vanguardia de las danzas preferidas. Además de las propuestas de los anfitriones, continuamos realizando excursiones y actividades deportivas y recreativas. Cabe mencionar que donde nos alojábamos, "Be-live Hotels", el ranking de turistas lo encabezaban portugueses y españoles. Le seguían estadounidenses, canadienses, brasileños, franceses, rusos y grupos menores de otros latinoamericanos y europeos, entre otros. Cuando emprendimos el viaje de regreso tuvimos que padecer algunos contratiempos, debido al paso del Huracán Erika, que tenía su epicentro en Puerto Rico y haría su recorrido cercano por Rep. Dominicana con destino a Miami, Estado desde donde provenía nuestro avión para volver a la Argentina. Sin embargo, luego de 9 horas de espera, volamos hacia Río de Janeiro donde hicimos una escala de 6 horas. Finalmente, tocamos suelo argentino el sábado 29 de agosto hacia la medianoche. En resumidas cuentas, volvimos con el alma repleta de alegría, sabiendo que realizamos una experiencia inolvidable, que quedará grabada en nuestros corazones por el resto de nuestras vidas."
