Reflexiones sobre mi viaje a China en 1986
En la presente edición comparto con ustedes los recuerdos y reflexiones que guarda en su memoria Aurea B. de Núñez, Chichita Bascoy para sus amigos, sobre su viaje a China en 1986, junto a un grupo de 50 mujeres universitarias. Una nota con vivencias imperdibles.
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Hoy, que China está tan de moda, y escuchando ahora continuamente hablar sobre los problemas mundiales en los cuales China ha adquirido un papel preponderante (motivo por el cual creo que Trump ganó porque los norteamericanos se dieron cuenta de que podían estar perdiendo la partida), pienso en nuestro viaje a China de cincuenta mujeres universitarias en 1986 cuando nadie hablaba entonces de ese lugar.Yo me había hecho socia de la Asociación de Mujeres Universitarias de Buenos Aires en marzo de 1983, algunos años después de recibirme de abogada. Tenía entonces bien pasados mis cuarenta años, pues estudié en la UCA de Derecho mientras mis chicos crecían. Cuando me enteré de la existencia de esa Asociación, me hice socia de ella, y en julio, con cuarenta y nueve mujeres universitarias, fuimos al Congreso Internacional de Mujeres Universitarias en Groningen (Holanda); luego, viajé - de Post-Congreso - a la URSS, a los países Escandinavos y a Francia. Mi marido con mis cinco hijos se quedó en Buenos Aires, y su esposa y madre se perdió por el mundo con mujeres a quienes apenas conocía, que me llevaban como 20 años, pero que resultaron muy interesantes compañeras de viaje. Me enseñaron a gastar el dinero en cosas que valían la pena (aunque yo siempre encontré ocasión de comprar algún trapo), y cuando fuimos, tanto a la Rusia de Breznev, como a la China post-Mao, nos hicieron la Visa en papel aparte para que eventualmente no tuviéramos problemas en el caso de viajar posteriormente a USA. ¡Qué tiempos aquellos de la "guerra fría" y de la separación del mundo en dos esferas al parecer irreconciliables!Como habíamos estado tres años antes en la URSS, con el régimen comunista y la gente al límite, cuando fuimos a China, otra civilización, el ambiente nos pareció más tranquilo. En 1979 había accedido al poder Deng Xiaoping..., y ahí se acabó el régimen de Mao de la Revolución Cultural.La gente ya no vestía uniformes; las mujeres tenían blusas de seda, bordadas, que se hicieron por millones y se distribuyeron por todo el mundo.Cuando yo bajé del hotel a la calle, en Cantón, primera ciudad China a la que llegamos, la cantidad de gente en bicicleta (mujeres y varones) que había allí, me apabulló. ¡Mil doscientos millones de chinos!... Yo pensé: "No hay régimen político que pueda absorber semejante cantidad." Sin embargo, el régimen chino, a diferencia del soviético, si bien sigue siendo comunista, ha hecho conquistas impresionantes.En el tiempo que nosotros estuvimos en China, las mujeres de la Federación de ese país, que habían conocido a la Presidenta de nuestra Asociación - quien representaba también a la Federación Argentina - en un Congreso Internacional en México, se hicieron cargo de nosotras, ¡cincuenta mujeres universitarias argentinas!, y nos hicieron recorrer en distintos medios de transporte muchas ciudades del país, hasta que llegamos a Beiging. Desde ya que absolutamente todos los gastos de las Mujeres Universitarias que participan de estos Congresos y viajes conexos, corren por cuenta propia. Pero si no hubiéramos tenido el apoyo y la organización de las Federaciones locales no hubiéramos podido, en el limitado tiempo de nuestra estadía, acceder directamente a los distintos lugares que visitamos y participar de los eventos a las que fuimos invitadas. Las mujeres de la Federación china nos pusieron tres guías que hablaban perfectamente el castellano y conocían, sobre todo, la economía de nuestro país. Nos acompañaron en trenes, aviones, micros, y nos alojaron en buenos hoteles. Las mujeres chinas tenían una importante injerencia en el gobierno. La Ministra de Planeamiento nos recibió a seis de nosotras y nos dijo que ellos pretendían para el año 2000, que cada familia china con un hijo, tuviera un departamento de 50 metros cuadrados propios.Ellos entonces propiciaban, sobre todo en las ciudades, que en cada familia hubiera un solo hijo. El casamiento solo podía realizarse a partir de los 22 años. Se beneficiaba a los que tenían un solo hijo, se los promovía en los trabajos y les era más fácil conseguir un lugar en donde vivir.Fuimos a talleres en donde estaban trabajando muchas chicas, y en las paredes había carteles que decían: "Somos felices porque somos hijos únicos."Me gustó China, y me gustaron los chinos. Eran afables, y si bien no nos entendían, nos miraban con afecto. Cuando visitamos la Ciudad Prohibida, en un determinado momento yo me extravié, y la gente que me rodeaba me acompañó hasta que una de las guías me encontró.No iría hoy a China, pero me alegro de su prosperidad y desarrollo. Me pareció que era un pueblo que valía la pena.
