Silvia Inés Sallenave, educadora en E.E.U.U. y en el mundo 2º parte
Hoy compartimos la segunda entrega de las vivencias que nos brindó Silvia Inés Sallenave, doctora en lingüística y en literatura norteamericana, oriunda de Gualeguay, ciudad a la que la ligan profundos afectos familiares y amistades. Junto con su esposo César Chelala reside en Nueva York, Estados Unidos, desde el año `71. Retomamos en los viajes por trabajo, tanto de ella, como de su esposo, la triste experiencia del atentado de las Torres Gemelas y la vida social en Nueva York.
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"En Cabo Verde estuve acompañando a mi esposo, pero esos viajes nunca lo planteamos como turismo, sino como trabajo. Hemos tenido la oportunidad de conocer muchos países, juntos o separados. Mi trabajo en Europa por más de 10 años fue muy interesante, ya que la Institución a la que pertenecía era fantástica; hablo en pasado porque las personas van cambiando, vienen otras con nuevas ideas, entre esas algunas ávidas del dinero. Nuestra tarea con los alumnos en educación a distancia era muy personalizada, siempre buscando la conexión entre la vida del alumno y sus intereses personales o profesionales, o ambos y la materia académica."Más adelante Silvia recuerda el terrible atentado de 2001: "-Vivimos muy cerca de la Torres Gemelas, a unas nueve cuadras. Recuerdo que ese día se votaba en elecciones preliminares, es así que temprano me fui a votar. Un día divino, con un cielo azul precioso. Luego me fui en mi auto a trabajar a la universidad que está a unos 45 minutos fuera de la ciudad de Nueva York, en una zona que se llama Long Island. Como todas las mañana iba escuchando música por radio, una manera de sobrellevar la tensión de manejar en medio de un tránsito enloquecido. Escuché que un avión había chocado contra una de las torres, pensé que era de los aviones chicos que sobrevolaban turísticamente la ciudad. Al rato anuncian de otro avión, en la segunda torre. Ahí me alarmé, pero llegué a la universidad, todo normal, estaban mis compañeros, estaban los alumnos, había clases. Alguien sugirió que prendiéramos la televisión y nos esteramos de lo terrible que era lo que se vivía y cancelamos las actividades. Mientras tanto mi esposo, que estaba a nueve cuadras veía a la gente correr desesperada por la calle, ya que nuestra calle desemboca exactamente en las Torres Gemelas. Por su parte mi cuñada vive a dos cuadras de las torres, así que mi marido le pidió que se fuera de inmediato a nuestra casa. Pero César no podía comunicarse conmigo porque las comunicaciones quedaron saturadas por lo que tuvo que llamar a un tucumano que vive en Queens, un distrito de Nueva York y por medio de él nos comunicamos De esa forma ya sabíamos que estábamos bien. Empezaron a cortar todas las entradas, por lo que no pude volver a mi casa y me alojé en lo de una compañera durante 3 días. Mientras nuestra hija estaba en Washington, en donde tampoco era seguro ya que se preveían ataques a esa ciudad. Una de las cosas que hicimos después de este atentado tan terrible, que parecía algo irreal, impensado, es tener un plan de fuga, cómo salir de la ciudad, la forma de comunicarnos con Celina en Washington. Y la vida sigue, nosotros en el mismo lugar."Con respecto a lo opinión que tiene en E.E.U.U. de nuestro país y de nosotros comenta: "-Todo depende, hay una gran colonia de científicos argentinos que han llegado a Estados Unidos en distintas épocas, distintos rubros académicos, médicos, biólogos, genetistas, hay gente de letras, artistas. Muchos de los argentinos que están en E.E.U.U. fueron para aprender y llevan de aquí una buena formación; ese grupo es muy valorado. También hay grupos de gente sencilla quien fue a probar suerte, se fue quedando y se la valora. Cuando dicen que se los ve mal a los argentinos, muchas veces es una reflexión de lo que pasa en el país, las conmociones sociales, los problemas económicos. Eso se refleja sobre el concepto que se tiene a la Argentina."Más adelante Silvia se refiere a su adaptación a la sociedad estadounidense y a la vida social: "-Hay un período de transición muy largo para todos los que cambiamos de país. Yo soy bilingüe desde la escuela primaria y tuve la oportunidad de estar en mi adolescencia como becaria extranjera en Estados Unidos. Para mí, parte de la cultura fue más fácil de aceptar, a lo cual contribuyó mi trabajo en distintos países. Mi formación me ayudó. Por su parte, a mi esposo le costó más, no tanto en el idioma, sino en la cultura. En cuanto a la vida social, tenemos muchos amigos, sobre todo por parte de mi esposo que es muy sociable. Con ellos compartimos hermosas reuniones, pero hay cosas muy formales, como por ejemplo para una cena se invita un mes antes, dicen de qué hora a qué hora, como se debe ir vestido. Con el tiempo eso ha ido disminuyendo, se ha hecho más informal, pero de cualquier manera persiste. No ocurre como acá en que uno pasa por la casa de un amigo, entra y toma unos mates; eso no. Para ir a visitar a alguien hay que llamarlo con anticipación. En nuestro caso invitamos a comer a casa dos o tres veces por semana, a amigos, a gente que está de paso, gente interesante que tenemos ganas de conocer más. De todo eso mi marido es el motor y nos encanta."Con respecto a sus viajes a la Argentina expresa: "-Siempre he venido todos los años a Gualeguay y me quedo un mes, pero ahora lo estoy haciendo muy seguido, por mi mamá que está muy viejita y necesita de nuestra compañía. Ahora estoy hasta fines de abril y ya veré cuando retorno. Aquí tengo parte de mi familia y amigas de toda la vida con las que me gusta compartir reencuentros."
