Silvia Meda: Medellín, la tierra a la que quiero volver
Continuamos en América, esta vez de la mano de Silvia Meda que comparte con nosotros sus vivencias en Medellín, Colombia, sobre todo de la calidez de su gente, de una tierra que alberga una cultura singular, apasionante. La naturaleza, el clima, el color, la música y el baile la hacen única.
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"Amañada es la palabra con la que los paisas dicen que una persona está encantada, que no se quiere ir de un lugar."Si venís seguro te vas a amañar", me prometieron mis amigos cuando me invitaron aviajar a Medellín. Me sorprendió su entusiasmo, la pasión con que hablan de su tierra y el orgullo con que aseguran que su ciudad es la mejor del mundo.Paisa es el gentilicio con el que se conoce a la gente de Antioquia, el departamento de Colombia del que Medellín es la capital. Departamento en ese país es el equivalente a una provincia Argentina y éste, el antioqueño, es uno especialmente verde, porque se encuentra repleto de montañas.Sin pensarlo mucho y sin saber realmente lo que me encontraría, un día aterricé en una de esas montañas y pronto comencé a descubrir de lo que se trata esa tierra que alberga una cultura tan propia y singular.Medellín aún es reconocida por su dolorosa historia de narcotráfico y violencia, pero como ese es un asunto que poco apasiona a mis amigos y a los millones de paisas alegres, emprendedores y hospitalarios que habitan esta tierra, pronto el recién llegado descubre que es un tema del pasado y reconoce lo mejor que tiene este lugar: su gente.Allí murió Gardel y aún lo veneran y aman su música. También esperaron con los brazos abiertos al Papa Francisco y lo acogieron en una misa en donde se reunieron más de un millón 300 mil personas.Los paisas son amorosos, querendones, fiesteros y optimistas. Siempre tienen un abrazo, una sonrisa y un dicho para todo. Se esmeran por atender al recién llegado y se hacen querer desde el primer día."Colombia es muy bella", me decían para que me animara a viajar, pero ahora tengo que decir que es una belleza difícil de describir. Su variedad es abrumadora, porque es moderna pero también colonial, tiene montañas y páramos, pero también hermosas playas y llanuras. Es como una variada caja de chocolates en la que cada pieza ofrece una experiencia particular.Medellín me impresionó por su tamaño, su transporte público tan moderno y variado, en el que hay bicicletas públicas, metro y tranvía. Las barriadas que cubren las laderas de sus montañas, que hace décadas eran fortines de la delincuencia, hoy son destinos turísticos atendidos por los vecinos, gracias a sistemas de cables aéreos que acercan al viajero a su pintoresca realidad, repleta de grafitis multicolores, música y baile.Lo que másme encantó fue la salsa, el ritmo que se baila en los bares hasta el amanecer, el clima, la variedad de sus frutas, pero sobre todo la familia. Me encontré con un numeroso clan, con abuelos, mamás y papás, tíos, primos, hijos... todos unidos, gozando juntos de la vida. Me aclararon mis amigos que así son las familias antioqueñas, no es que ellos fueran la excepción.Fue en sus encuentros familiares en los que pasé los mejores momentos, instantes en los que recordé el valor de un abrazo, de una sonrisa, de sentirse acompañado, acogido y amado.Mi viaje duró tres semanas y aún no he podido decidir qué fue lo que me gustó más, lo que sí sé es que volveré, porque en mi se cumplió la sentencia, en ese lugar sí que me amañé."
