Zélika Alarcón de Tamaño: “Mi soñado viaje a París” 2ª parte
Hoy continuamos con el maravilloso viaje que realizó Zélika Tamaño a París cumpliendo así uno de sus sueños que para concretarlo lo planificó detalladamente. Algunas de sus amigas le preguntábamos: “¿15 días sólo en París?” A lo que ella nos contestaba que quería recorrer lo máximo posible, admirar sus bellezas y que posiblemente le fuera poco el tiempo. Y fue así pues nos dice que le quedaron varios lugares pendientes de esa Ciudad Luz. En esta entrega, Zélika nos describe una parte de su visita al Palacio de Versalles, el cual es de los lugares más lujosos de la monarquía francesa, hoy un museo cuidado hasta el extremo y que se constituye en una visita impostergable, símbolo de una época de ostentación y de arte exquisito.
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Mis dos primeros días en Paris fueron de aproximación a todos los lugares que me había propuesto conocer, en un incansable deambular. Fue el tercer día en que viajamos a Versalles, un palacio extraordinario, de una riqueza realmente admirable. Su arquitectura, su mobiliario, sus cuadros y obras de arte, además de sus jardines, con sus fuentes y estatuas nos impactan por momentos por el buen gusto, pero nos asombran por la riqueza y ostentación, la que por momentos nos agobia.Versalles se encuentra a tan sólo 17 km. del centro de Paris y fue, desde fines del siglo XVII, hasta la muerte de Louis XIV, la residencia del rey y de la corte. Desde allí se tomaban las decisiones políticas y de gobierno. A la muerte de Louis XIV la sede del gobierno volvió por algunos años a París, siendo el Louvre el palacio del gobierno, hasta que nuevamente se establecería en Versalles en 1789 en que comienzan los graves hechos que desembocarían en la Revolución Francesa. En 1871, cuando los acontecimientos conocidos como la Comuna de Paris, el gobierno se establece una vez más en el bello castillo. Éste ha sido frecuentemente a lo largo de la historia de Francia el sitio de reuniones y congresos. En él se firmó por ejemplo, el tratado que dio fin a la Primera Guerra Mundial. Al arribar al palacio y aproximarnos a la imponente portada esperábamos encontrar una larga cola para entrar. Habría tan sólo 50 o 60 personas que, luego de pasar el control correspondiente, comenzaron como nosotros, a recorrer y admirar las bellezas de la arquitectura, mobiliario, plafones pintados y cuadros, jarrones de Sèvres increíbles, tapices y moquettes, enormes arañas de purísimo cristal, mármoles y esculturas. Entre los cuadros que más recuerdo se encuentra un enorme cuadro de María Antonieta con un imponente vestido de gala, otro de María Leszcinska, esposa de Luis XV, también espectacular y un gran cuadro de Louis XIV. Imposible no dejar de admirar la belleza de la famosa Galerie des Glaces, la galería de los espejos. Tanto lujo, tanta riqueza reunida en un enorme salón de más de 70 metros de largo, por 10 u 11m de ancho, con un extraordinario plafón pintado por Charles Le Brun y en donde prima el dorado y el cristal de sus arañas y espejos en todo el largo del mismo, nos deja sin palabras. Para remarcar, la vista desde el salón hacia los bellísimos jardines.En todo el recorrido del castillo, tanto las paredes, como las aberturas están ricamente trabajadas en dorado sobre blanco. Tanta suntuosidad, tanta ostentación de riqueza por momentos me hace pensar en contraposición, en la miseria del pueblo, el que reaccionaría tan violentamente después de terribles hambrunas, mientras la nobleza y toda la corte dilapidaba los recursos del reino. Todas las posesiones de los reyes y la nobleza fueron saqueadas. Muchos tesoros fueron destruidos, otros robados, los que a través del tiempo se fueron recuperando. Nos cuentan que hasta hoy, se recuperan objetos que pertenecieron a la época.
