“Nuestra misión es difundir el espíritu de la Madr
Hermanas María Jesús y Mercedes de la Obra Misionera de Jesús y María
“El Debate Pregón” tuvo la oportunidad de reunirse con las hermanas María Jesús y Mercedes de la Obra Misionera de Jesús y María creada por la Beata María Pilar Izquierdo. Ambas ya han visitado nuestra ciudad en dos oportunidades convocadas por el Grupo Misionero Laico Madre María Pilar Izquierdo. Estaban acompañadas por miembros del grupo Helen Bur de Neffa, Viviana Giaccio y Marta Iriarte. El diálogo versó sobre el legado de la Madre, sus obras de misericordia y la difusión de ese espíritu de fe amor.
:format(webp):quality(40)/https://eldebatecdn.eleco.com.ar/adjuntos/289/imagenes/000/025/0000025241.jpg)
(Nota realizada por la Prof. Graciela Saavedra)La hermana María Jesús habla de la misión que cumplen: "-Lo nuestro difundir el espíritu de la Madre, las obras de misericordia, a través de nuestros apostolados. Por lo tanto la Obra Misionera de Jesús y María debe acoger a todo el mundo que sufre. Hay que están en asilo, diferentes hogares, hospitales y hacia allí vamos nosotros, pero hay personas que están en sus domicilios, que no pueden internarse, o están solas, entonces vamos a sus casas a ayudarlos en las comidas, a cuidar a los niños, a acompañarlas. Cuando vivía la Madre también tenía escuelas para gente mayor, nocturnas o dominicales para que concurrieran en un horario en que el trabajo se los permitía. Hay otras que no han ido nunca a una escuela o han tenido que dejar: a ellas se les brinda así otra oportunidad para aprender, un oficio. Para las mujeres se les ofrece corte y confección, trabajos manuales, cocina." Luego agrega: "-Se acerca personas a colaborar con la para colaborar, pero mucho más para pedir ayuda; ven en nosotros como la presencia de Dios y la intercesión de la Madre.Con respecto a la vida de la Madre Pilar, su entrega al amor de Dios, su legado y sedes de su Obra, la Hermana María Jesús expresa: "La sede principal está en Logroño, España, la Casa Madre como le llamamos nosotros porque es la primera que la obra tuvo después de morir la Madre. Ahí estaba el primer obispo que nos recibió y donde se aprobó la obra de modo diocesano." La salud de Pilar fue siempre muy delicada, desde muy pequeña, pasando por momentos de mucha gravedad, casi irreversibles cuando tenía 29 años, pero nunca renegó del sufrimiento, sino que entregó esos dolores al Señor como ofrenda de amor. Su fe era tan grande y como los designios del Señor sobre ella que la curó de sus males, pero quedó ciega. No obstante ello desplegó un gran apostolado junto a sus seguidores, socorriendo a pobres y enfermos. A quienes la seguían les llamaba "mi rebañico" y trataba de encaminarlos de acuerdo con sus vocaciones, ya sean religiosas o familiares. Y se produjo otro milagro en ella, recobró la vista. Su Obra siguió creciendo y en 1939 el Obispado de le dio el permiso para crear la fundación, pero esa autorización duró poco porque espíritus incrédulos dudaban del milagro que en ella se había producido. La Madre guardó silencio y se dedicó a la oración formando espiritualmente a las jóvenes que creyeron en el milagro y en ella"Luego continúa la Hermana Mercedes: "-España había terminado la Guerra Civil y estaba destruida. En ese momento la Madre se instaló en los barrios más pobres de Madrid y allí llevaba a cabo el apostolado de la catequesis, iba a las casa a socorrer a los enfermos y ancianos. Luego fue creando guarderías, residencias de ancianos, que ella les llamaba cooperadoras. La gente se unía a esa ayuda, a la obra, como una consagración al Señor, pero sin ser religiosas. Ahora ya no les llamamos cooperadoras, sino Misioneros Laicos de Jesús y María." Más adelante agrega: "-En 1941, por los informes recibidos el Arzobispo de Zaragoza autorizó a las misioneras a trabajar como particulares. María Pilar se sentía plena junto a los niños y atendiendo a los enfermos, y esa plenitud era mutua, ya que se sentían reconfortados con el cariño y la comprensión que recibían. En 1942 se aprobó la fundación de la Pía Unión de Misioneras de Jesús, María y José. Pero a María Pilar le esperaba nuevas pruebas muy dolorosas, no sólo por enfermedad, sino por la intromisión de un sacerdote que se acercó a colaborar y provocó la división del grupo. En él pudo más la soberbia y se proclamó el fundador, su forma de ser era muy contraria a la de Madre, ya que ella era toda humildad. Sufría mucho por esta razón y su salud estaba muy delicada, sufría por "sus hijas" que se habían alejado. En la última etapa de la vida de la Madre colaboraba con su Obra el padre Daniel Diez quien la hizo resurgir después de la muerte de la Madre en 1945, esa misma obra que comenzó en 1939 y que está impregnada del espíritu de amor y entrega de la Madre Pilar. Antes de morir les dijo a sus Hijas y a su colaborador: "No estéis tristes..., estaré con los que sufren, con los pobres, con los enfermos." Esas palabras proféticas se cumplen en los pedidos de mediación ante el Señor."Le preguntamos a la Hermana María Jesús acerca de los lugares donde tiene sede la Obra: "-Entre otros estamos en Colombia, Ecuador, Venezuela, México. También en África, en Indonesia y en Roma. En España tenemos ocho casas ubicadas en la mitad norte. Donde estamos nosotras, en Logroño, es la comunidad más numerosa, somos 42 hermanas. En otras comunidades varía el número. En Europa no hay mucha gente joven y tampoco vocaciones; estamos incorporando hermanas de Indonesia y de África.Acerca de esta visita a la Argentina la hermana M. Jesús comenta: "-Sabemos que el padre Daniel Diez estuvo en la Argentina con intenciones de traer la Obra. Justamente estuvimos ayer en Buenos Aires buscando las fechas de esa estadía. En la Vicaría de los Agustinos nos dieron la información de que estuvo aquí del año ´34, al ´36. En ese momento no fue posible traer la Obra, pero parece que ahora la Madre y el padre D. Diez abren brecha para que nos podamos radicar aquí también. Se va cumpliendo lo que decía la Madre: "la Obra se tiene que extender como una mancha de aceite". Y así ocurre en Gualeguay con un grupo que trabaja muy bien y que verdaderamente hace el apostolado en el hospital, en el Hogar de Ancianos, en los barrios más pobres haciendo campañas para darles alimentos, ropas. Ellas nos representan a nosotras como misioneras, no son consagradas porque son casadas, viudas o solteras. Ellas continúan y abren brechas con el espíritu de la congregación y la obra social que quería la Madre. No es solo el trabajar y atender a la gente, sino que es para acercar a Dios ya a través de estas obras la gente busca y se le entrega ayuda espiritual. Lo que buscamos es que estos enfermos con los que tratamos puedan recibir los sacramentos. La Madre tenía una forma exquisita de tratar a la gente, con abnegación, con dulzura, con amor y es lo que más atrae a las personas. Y en este mundo con tan poco amor, es muy importante hacer llegar esta mano extendida, esta presencia amorosa del Señor.LEA MÁS EN LA EDICIÓN IMPRESA EN PAPEL
