Padre Héctor Albarracín
“Necesitamos apagar el celular y la TV para conectarnos con nosotros mismos”
El Padre Héctor Javier Albarracín tiene 49 años de edad. Cursó sus estudios primarios y secundarios en la Escuela Normal “E.A.Bavio”. Hijo de Andrés Albarracín –chapista- y de Irma Rosa Pedrazzoli, modista. Con él hablamos de su vida sacerdotal y su regreso a Gualeguay. Su mirada particular de su Gualeguay; las vivencias y recuerdos; la actualidad del pueblo y su contacto con el Papa Francisco, por entonces el Cardenal Bergoglio.
¿Hace cuánto sacerdote?-Hace 23 años. El 22 de diciembre del año 1991.¿Cómo se dio esa posibilidad de entregarse a la religión?-Seguramente tuve signos de la vocación sacerdotal desde niño, especialmente en la etapa de la catequesis que recibí en la Capilla Santa Rosa, aunque no me di cuenta hasta que fui grande. El tema es que estaba estudiando una carrera terciaria en la ciudad de Gualeguaychú, con una vida a pleno motor, y en ese contexto se me despertó un gran deseo de consagrarme a Dios; una suerte de sed interior que solo Dios podía llenar; movido por ese deseo y después de un discernimiento ingresé al Seminario de San Rafael, luego me ordenaron sacerdote y me quedé en esa diócesis del sur mendocino hasta hace unos meses desempeñando mi tarea pastoral especialmente en el Seminario Diocesano.Y ahora, otra vez en Gualeguay-¡Los caminos de Dios son misteriosos pero muy sabios!; esos caminos me trajeron hace unos meses nuevamente a Gualeguay por circunstancias familiares, concretamente porque mis padres son muy mayores de edad y prácticamente no tienen parientes viviendo en Gualeguay; para que esto se concretara tanto Mons. Jorge Lozano, como el Padre Jorge Leiva, me brindaron la posibilidad de venir a colaborar en la tarea pastoral de la parroquia y a la vez poder ayudar a mis padres estando más cerca por el tiempo que esta tarea lo requiera. El obispo de San Rafael, Mons. Eduardo María Taussig, cuya madre es oriunda también de Gualeguay, me facilitó el permiso para ausentarme por un tiempo de la diócesis.Agradezco de corazón dicha oportunidad y - a la vez que acompaño a mis padres en la "recta final"- haré todo el bien que pueda en la ciudad y en la Parroquia a las que le debo tanto.¿Cómo es la actividad en San Antonio?-En la Parroquia San Antonio me encuentro de vicario parroquial, es decir, colaboro directamente con la Cura Párroco en todo lo que hace a la pastoral parroquial: Misas, grupos parroquiales, bautismos, confesiones, atención de enfermos, etc. He tenido muy buen recibimiento de parte de la feligresía y de los sacerdotes tanto de la ciudad como de la diócesis.¿Conoció al cardenal Bergoglio personalmente?-Tuve la oportunidad de concelebrar varias Misas con ocasión de algún encuentro eclesial nacional. Su nombramiento - además de ser un hecho histórico difícil de dimensionar- es una gracia para la Argentina. Esperemos que no sea una moda pasajera sino que este hecho nos ayude para crecer en la fe en la Iglesia católica, es decir, tener una mirada de fe en sus miembros, especialmente en quienes la conducen: el Papa, sucesor de San Pedro y los Obispos, sucesores de los Apóstoles; eso es que hace importante al Papa Francisco, el ser sucesor de San Pedro.¿Qué mensaje nos deja?-Gracias a Dios tengo muchos amigos en Gualeguay, amistad que hemos mantenido más allá de la distancia y el tiempo, a los amigos les digo que sepan encontrar en este amigo un sacerdote... y a los que recién me conocen a través del ministerio sacerdotal que sepan encontrar en este sacerdote un amigo.¿Cómo encontró Gualeguay?-Con Gualeguay nunca perdí contacto ya que al menos dos veces al año venía de vacaciones a visitar a mis padres, pero ahora que vivo aquí he notado algunas particularidades que me llaman la atención. No me refiero a los aspectos que han cambiado en toda la sociedad como por ejemplo la inseguridad u otros relacionados con las costumbres. Me refiero a aspectos positivos o negativos particulares a los cuales no estaba tan acostumbrado. Un aspecto positivo es la cordialidad de la gente, particularmente como sacerdote suelo "caminar" la ciudad y me encuentro con un ambiente cálido y fraterno, hay mucho respeto por la persona del sacerdote. Un aspecto negativo, según me parece, es que se maneja bastante mal; casi me chocan 3 o 4 veces justamente por respetar las leyes de tránsito... parece un hecho anecdótico pero puede ser un indicador de cómo anda la sociedad, es verdad que ha crecido mucho el parque automotor y que todos andamos acelerados, pero... ¿no será que pensamos en nosotros mismos, en nuestros intereses y nos hemos vuelto incapaces de pensar en los demás?; otro capítulo de esa misma historia son los "autos-boliches" que circulan a cualquier hora por la ciudad con grandes equipos de amplificación sin dejar dormir a los vecinos... ¡ni al cura de la Parroquia! (risas). Sería para pensarlo y analizarlo mejor...Hablando de pensar... ¿los sacerdotes tienen algún momento para reflexionar tranquilos?-Eso es esencial para nosotros, en realidad para todo aquel que quiera poder decirle "algo" a los demás... "algo" que realmente trascienda lo coyuntural del momento y les sirva para toda la vida.Necesitamos un tiempo para poder "digerir" todo lo que vivimos como sacerdotes, es decir, lo que vivimos con nuestra gente.Y esto no solo para el sacerdote sino que -como sociedad- necesitamos de ese "silencio", necesitamos "callar" tanto ruido de fuera y de dentro, apagar el celular, la TV, y conectarnos con nosotros mismos y con los demás tal cual son, en ese "lugar" encontraremos las respuestas, encontramos a Dios y el sentido de lo que hacemos o padecemos... de lo contrario, gozamos o padecemos sin saber por qué ni para qué; o bien nos pasamos analizando los "síntomas" sin llegar a poder hacer nunca un "diagnostico", es decir, llegar a las causas de los que nos sucede y poner un remedio adecuado.Yo particularmente cada tanto me voy a las orillas del río Gualeguay "a perder el tiempo", dejo la "correntada" del mundo loco que vivimos y entro en el "remanso" del río, allí nadan mejor los pensamientos y los sentimientos flotan serenamente como un camalotal. ¡Viste que los gualeyos tenemos algo de poetas... y de locos! (risas).
