1a Parte
La crisis actual de España -Carlos Legna Verna
La crisis actual de España no puede desvincularse de la crisis global, iniciada en el año 2007 en el sistema financiero de EEUU. Las causas directas fueron las hipotecas basura (es decir que difícilmente serían pagadas por los prestatarios) y el desarrollo de la sofisticada ingeniería financiera, que creó burbujas especulativas.
Todo esto fue posible debido a la levedad de los controles del sector público y de los bancos centrales sobre el sistema financiero. Entre las causas más lejanas es importante la tendencia a la baja de las tasas de interés observada durante los años anteriores (mayores detalles de este proceso los hemos comentado en ediciones anteriores del aniversario de El DebatePregón, que están a disposición de los lectores en la dirección de e-mail que figura al inicio). En un mundo globalizado y fuertemente interconectado por el sistema financiero, la crisis se extendió rápidamente como reguero de pólvora.La crisis Española se conectó con la global mediante varias vías. Durante los años previos a la crisis, las tasas de interés del sistema financiero mundial eran bajas y había disponibilidad de recursos para invertir. En varios países, salvo en España, el precio de la vivienda había tendido a bajar. En cambio, en este país subió significativamente. A la vez que aumentaban los precios crecía también la actividad de la construcción, de manera tal que llegó a tener un peso en la actividad económica de España que no había tenido antes (del orden del 12% del PIB). La construcción crecía porque los ciudadanos compraban cada vez más viviendas (además de la que satisfacía la demanda de los sectores productivos) ¿Con qué dinero compraban viviendas las familias y empresas? La respuesta hace aparecer en escena al sistema financiero mundial y la conexión con la crisis posterior: la vivienda y otros productos para el hogar se compraban a crédito. Creció así fuertemente el endeudamiento privado.¿Qué permitió que creciera el endeudamiento? Los bancos, que daban créditos (a veces por un valor superior al valor real de la vivienda), muchas veces sin observar cuidadosamente la capacidad de pago del deudor. Era fácil conseguir un préstamo. ¿De dónde los bancos obtenían los recursos para financiar los préstamos? Del sistema financiero mundial y a tasas bajas. Los bancos tomaban préstamos del exterior y los colocaban en el mercado interno a tasas bastante más altas. Buen negocio, mientras estos flujos financieros continuasen. Pero llegó la crisis y se detuvieron los flujos: los bancos se quedaron sin su fuente externa de liquidez y se hizo evidente que muchas hipotecas eran basura: los prestatarios no las pagaban. Como consecuencia de la falta de liquidez, el mercado interbancario (el de los préstamos entre los bancos) se congeló.La crisis del sistema financiero comenzó a impactar al sector real. Al quedarse sin liquidez, los bancos restringieron los préstamos a las empresas, lo que produjo una primera ronda de caída de su actividad. La consecuencia directa fue una reducción del empleo y del salario real medio. Varios factores se combinaron para generar una nueva ola recesiva, que agravó la situación: cayó el ingreso total de las familias, debido al aumento del desempleo y la reducción de los salarios. Ante la nueva situación, los bancos no daban créditos para comprar (casas, autos, equipamiento del hogar, etc.) sino que presionaban para cobrar sus préstamos; y las familias tuvieron -y tienen- miedo de quedarse sin empleo. Estos tres factores produjeron una nueva y fuerte caída de la demanda, lo que a su vez acentuó la reducción de la producción, del empleo y de los salarios. Es frecuente que la actividad económica se desenvuelva creando bucles de retroalimentación: el crecimiento genera crecimiento y el decrecimiento induce decrecimiento. Hay círculos o bucles virtuosos y los hay perniciosos, como en este caso. Pero la historia no termina aquí. Las políticas públicas combatieron el incendio echando nafta. Ya hemos comentado en artículos anteriores que durante el gobierno precedente y el actual se decidió, como política prioritaria, reducir el déficit fiscal, lo que implica aumentar impuestos y reducir el gasto público. Los primeros producen una caída del ingreso disponible de la población, lo que deprime aún más la demanda; y el segundo también la contrae. Los dos últimos gobiernos generaron así una contracción adicional de la demanda que desestimuló la producción y estimuló el desempleo y la caída del salario. Esta política es aún más dura en el momento actual, por lo que el bucle negativo se va consolidando (si algún paciente lector tiene la bondad de leer mi artículo publicado con motivo del aniversario anterior de El DebatePregón podrá comprobar que anunciábamos este fenómeno). Pero como en las series de TV, la historia continúa.Volvamos a los bancos. Las malas inversiones (créditos basura e instrumentos financieros riesgosos) combinadas con las mayores dificultades para acceder a mercados externos hicieron evidente la fragilidad de su situación. Algunos tuvieron enormes pérdidas. El sector público cubrió, y cubre, de una u otra manera sus pérdidas (solamente la ayuda a Bankia, que se está tramitando en estos momentos, será del orden de 24.000 millones de Euros según las últimas estimaciones, cifra que es aproximadamente igual a 2,5 veces lo que se recorta en el presupuesto destinado a salud y educación). Estas ayudas son una causa básica del déficit actual del presupuesto; la otra es la recesión, que normalmente hace caer los ingresos del sector público. La deuda pública aumentó para ayudar a los bancos y también para pagar los intereses que el país debía, y debe, pagar. Los intereses no son iguales para todos. Ante la situación actual, los inversores buscan donde colocar sus recursos con seguridad; y si algún país no les resulta confiable, le exigen tasas de interés elevadas (la designada "prima de riesgo" que es la diferencia entre la tasa que le exigen al país -España en este caso- con la tasa que paga el bono Alemán a 10 años, considerado el más seguro en Europa). En estos momentos(31 de octubre de 2012), la prima de riesgo de España es de 412 puntos básicos, lo que significa que este país tiene que pagar una tasa de interés del 4,21% superior a la que paga Alemania (en agosto superó los 600 puntos básicos). Esto implica una pesada carga para el sector público, que finalmente repercute en los ciudadanos con mayores impuestos o menores servicios públicos.
