Accidente o negligencia
Como en toda catástrofe que vincula a un gran número de actores, la principal pregunta recae en quién o quiénes fueron los culpables. Hoy, el foco de todas las miradas están puestas en Rosario, tras una explosión y derrumbe que ya parecen de película, la cual se llevó la vida de más de trece personas, numerosos heridos y varios desaparecidos. De esta manera, deseo plantear una inquietud: fue este sólo un mal accionar humano o es el resultado de una incorrecta gestión de la empresa encargada de la provisión de gas y el gobierno.
A pocas horas de las tan esperadas PASO, se desató en la ciudad de Rosario, un hecho que cambió el rumbo de la actualidad política y social del país. Pasados algunos minutos de las nueve de la mañana, del martes 5 de agosto, una fuerte vibración se sintió en gran parte de la localidad; esto se debió a una explosión de gas en un edifico ubicado en calle Salta al 2100, que fue seguido de un incontrolable incendio y el derrumbe de una torre aledaña. Según testimonios de vecinos, Carlos García, gasista matriculado, junto a su ayudante Pablo Miño, habrían estado trabajando en el cambio de uno de los reguladores que controlaban el suministro de los inmuebles, ante dicha situación, se sobresaltaron, por la falta de experiencia o el temor, y abandonaron la zona. Es así, que en base a una ardua investigación aún no concluida, el fiscal de la causa reveló que se manejan dos hipótesis sobre lo sucedido: una que el gas subió por el ascensor y al encenderse los motores del mismo se produjo la explosión; la otra, que el gas se acumuló en las cocheras, cuya puerta se encuentra al lado de donde se encontraba la fuga, y al prenderse una de las máquinas ubicada en la segunda torre, se produjo la detonación. Como verán, estas son sólo premisas; lo que si queda en claro es que el desperfecto causante de tal brutal suceso, no ocurrió de manera ocasional o repentina, sino que debido al mal funcionamiento y respuesta de Litoral Gas, la empresa que se ocupa de la distribución del servicio en la provincia de Santa Fe y el noroeste de Buenos Aires, ya que los ocupantes de lo que ahora son ruinas y escombros exclamaron que los problemas y pérdidas venían de hace un tiempo y que realizaron incalculables reclamos que no fueron atendidos. Muchas voces y conocidas personalidades se acercaron al lugar del desastre, que aún tiene pocas respuestas; por política, convicción o conveniencia, pero otro grupo más numeroso y menos llamativo, llevaron adelante tareas de salvamento, rescate y apoyo a las víctimas, con el sólo objetivo de ayudar y ser fiel a su deseo solidario. Esto nos hace pensar en que si estamos haciendo verdaderamente las cosas bien, o sobre porqué quienes más se comprometen son los simples ciudadanos como nosotros, y no aquellas personas que, según la Constitución y sus interminables discursos de campaña, velan por el cumplimiento de nuestros derechos. Es por eso que llamo a concretar una introspección personal, para así acercarnos hacia lo más profundo de nuestra memoria, para tratar de que cada hecho lamentable como este constituya una bisagra para el futuro y que sirva de ejemplo para mejorar el funcionamiento de nuestra sociedad. Ayer fue el motorman de un tren que no accionó los frenos, hoy es un gasista que rompió el caño de gas de un edificio y mañana quizás nos lamentaremos por otro error humano que cause la muerte de inocentes personas; porque estos culpables irán presos por años, pero las vidas pérdidas nunca se recobrarán. Comprender, entonces, que también la incorrecta acción de la entidad de gas es responsable; Enargas, empresa que controla y regula a todos las compañías de esta índole también lo es; y no olvidar a los gobernantes locales, provinciales y nacionales, quienes poco hicieron para que esta tragedia se evite.Agustín Curuchet
