El dilema energético
Uno de los tantos temas que hoy se exponen en la agenda de los medios es el acuerdo entre la petrolera YPF y la multinacional estadounidense Chevron. Diversas son las miradas que apoyan o critican dicha medida, de la cual no se puede negar que ha logrado un gran alcance a nivel político. Por lo que mi tarea en este artículo es tratar de despejar ciertas dudas sobre un convenio un tanto confuso.
Antes que nada, hay que develar que, como en la mayoría de las cuestiones de gobierno, caen sobre esta resolución dos posiciones bien marcadas: la del oficialismo, que apoya ciegamente el positivo desenlace del asunto, planteándolo como la solución que resolverá el importante problema energético existente; por otro lado, la oposición acumula y realza el punto de que dicha decisión rompería con el esquema de apropiación para acercarse nuevamente a la privatización de la soberanía energética, antes en manos de Repsol. Todo acontecimiento tiene una relación histórica, y es así, que este hecho representa tan sólo un capítulo más en las arduas memorias petroleras de nuestro país. Como bien señala Nicolás Gadano, experto en la historia del petróleo en Argentina, hay tres momentos protagonizados por acuerdos, a los que no les faltaron las polémicas y denuncias, que pueden ser considerados como hitos o bisagras: el primero, en 1955, entre Perón y la Standard Oil de California -predecesoras de Chevron-; ciertos contratos firmados durante el gobierno de Arturo Frondizi, con motivo de su "batalla por el petróleo", los cuales posteriormente fueron anulados por Illia, tildándolos de nulos y dañosos a los derechos e intereses de la Nación; por último, la ya conocida privatización de YPF, como de tantas otras empresas, llevada a cabo de la mano del presidente riojano. Tal es el alcance de la alianza con Chevron, que ya se la ve como el cuarto eslabón de esta cadena histórica, que desarrollan los gobiernos en la lucha por alcanzar el autoabastecimiento de hidrocarburos. Según lo concordado, la petrolera norteamericana pretende comenzar a explotar el tercer yacimiento de shale gas y shale oil del mundo, que lleva el nombre de "Vaca Muerta". Digo pretende, porque aún, si bien hay grandes expectativas, no se conoce la cantidad ni la calidad del petróleo existente en los alrededor de 100 pozos que constituyen el establecimiento. Así, que lo que hoy se estaría comenzando a realizar, es un laborioso estudio electromagnético en ciertos pozos de cateo, con el objetivo de revelar su contenido. Otro de los tantos entredichos que este pacto ha generado es que desde el gobierno poco se ha expresado, ya que la única fuente oficial respecto del acuerdo, es la que fue publicada en la página de YPF, en donde obra una nota dirigida a la Bolsa de Comercio de Buenos Aires, a la cual se le informa que "YPF S.A. y sus subsidiarias y subsidiarios de Chevron Corporation han firmado un Acuerdo de Proyecto de Inversión con el objetivo de explotación conjunta de hidrocarburos no convencionales en la provincia de Neuquén". Y como contrapartida, la presidenta Fernández de Kirchner, ha tildado de "gatas floras" al sector opositor que hace un tiempo se oponían a la apropiación y hoy consideran a esta cuestión como una forma de retomar con las privatizaciones. Como verán, no sólo se trata de una alianza energética que más allá de sus criticas y manejados es positiva, sino que el tema se ha politizado y mucho. Además, no es casual que este precepto aparezca en plena época electoral, donde los candidatos tratan de hacer todo lo que está a su alcance para obtener votos que valen oro. Es por eso, que hay que comprender que las disposiciones deben ser entendidas en un contexto, y que en política ya nada es casual, todo tiene el objetivo de adquirir adeptos; y es en este juego de maniobras donde los ciudadanos ingresamos, y en donde debemos tratar de lograr la mayor participación posible.AGUSTIN CURUCHET
