Información Amarilla
En los últimos días, dos hechos de conocimiento público, han desatado una actitud mediática que preocupa y se delata en el tratamiento que los medios de comunicación realizan de las noticias. La columna de hoy está destinada a poner en tela de juicio, el amarillismo mediático que se ha desarrollado alrededor del “Caso Melina” y de la historia del “motochorro” en particular, y de la información en general.
El sensacionalismo o amarillismo, es definido por la RAE, como la tendencia a presentar hechos y noticias de manera que produzcan sensación, emoción o impresión. Pero en esta carrera para lograr empatía con el público, los diferentes canales de noticias están ya explotando el recurso, que no hace más que desvirtuar la información, y generar temores no tan ciertos. Prefiero primero, referirme al ejemplo del motochorro; en este caso, se ha destinado mucho tiempo en presentar la circunstancia delictiva y el video que ya todos conocemos. Pero lo que es peor, exhibir el testimonio del delincuente delante de las cámaras, y hasta escucharlo decir el porqué de su accionar, como justificándose de algo, que en verdad, resulta injustificable. Si bien de esto trata el amarillismo periodístico, el estilo ingreso en una etapa en donde parece ya una moda analizar los diferentes tópicos de la agenda desde esta cosmovisión. No apunto a desprestigiar, o colocarme en contra de dicho método, pero si me parece pertinente concluir en que no siempre es aplicable a la realidad que se vive. En este sentido, mostrar el testimonio de un ladrón que tendría que estar tras las rejas, es sensacionalista y en mi opinión no tiene por qué estar presente en la televisión o radio. Ahora bien, para situarme en el contexto del Caso Melina, contemplo ya otra dificultad, y esto tiene que ver con que se trata, en primer término, de la desaparición física de una persona y al fin de cuentas, del fallecimiento de ésta. Creo que aquí, se amanece una cuestión que va más allá de la forma, y tiene que ver con la ética periodística; expreso esto, al estar sorprendido por la manera en que la noticia fue encarada. La espectacularizaciòn de los contenidos noticiosos, ha llegado a interpretar y presentar a este suceso como una novela policial, más que como una trágica situación, con un desafortunado desenlace y más aún, sin la existencia de un culpable oficial. Lamentablemente, no es la primera vez que ocurre, es más, se ha tornado una posición común de analizar las peripecias de la realidad, y quizás es por esto que ya no logra asombrarnos. En el evento de competir por la audiencia y obtener la primicia, los medios están generalizando un tratamiento sensacionalista de noticias que, verdaderamente, necesitan y exigen otro cuestionamiento, mucho más formal. Que los medios crean realidades, es algo que si bien no siempre se expone, se demuestra en su día a día; y tal vez por esto es que el estilo amarillista corrompe en el cotidiano. Al parecer, las placas rojas con letras mayúsculas, que antes sólo caracterizaban al canal de noticias Crónica, han inundado las señales noticiosas. No es un hecho destacable, ni mucho menos positivo, y seguramente, el causante posee una doble responsabilidad, por un lado, la de los propios medios de comunicación, y por otro, la de audiencia que acepta y consume dichos contenidos. El tipo de periodismo planteado es, por mi parte, respetable; lo curioso y cuestionable, tiene que ver con la sistematización excesiva de esta característica que transforma a las señales y, no hace más que desdibujar y corromper el acceso a la información por parte de la ciudadanía.Agustín Curuchet
