La edad de la política
La reciente renuncia del Juez de la Corte Suprema de Justicia, Eugenio Zaffaroni, ha despertado en mí una cuestión que atraviesa a la dimensión política en general. El hecho tiene que ver con la edad competente para realizar este tipo de prácticas y si son los años un parámetro para medir dicho accionar.
"El motivo fundamental, que no requiere mayor explicación, finca en el acatamiento de lo dispuesto en el 3er. párrafo del inciso 4° del artículo 99 de la Constitución Nacional", indica Zaffaroni en la carta que, con un tono afectuoso, le escribió a la primera mandataria para notificar su salida de la Corte Suprema. Dicha resolución, expone como edad límite a los 75 años, que el actual mandatario se encuentra pronto a cumplir.En este advenimiento por analizar dicho poder, han aparecido ciertas críticas que apuntan a unos de los integrantes de la corte, el Juez Carlos Fayt, quien a sus 96 años continúa con sus funciones, las cuales desarrolla desde la restauración de la democracia en 1983 y no se vio afectado por la reforma de 1994, que estableció la edad citada anteriormente.Existe en la actualidad, una tendencia a la participación de diferentes gobernantes, candidatos y mandatarios jóvenes en comparación a los cánones supuestos de la política. Desde la implicación de la juventud, hoy en pleno auge, hasta intendentes o políticos como Massa o similares que con tan sólo 40 años, pretenden elevarse en el poder y llegar a gobernar una nación. Pero, ¿es ésta una cuestión negativa, o resulta verdaderamente necesaria para cambiar la realidad política de nuestro país?La propia historia, ha demostrado casos en los que la edad de los representantes han influido en el desarrollo político del país, debido a la deficiencia en las decisiones tomadas. Tal es el caso del recordado ex presidente Arturo Illia, que sumado a una serie de problemas tanto de carácter nacional como internacional, dieron a luz a una importante crisis que manifestó la incapacidad del dirigente para poder resolverla. O el tercer mandato de Juan Domingo Perón, que a pesar de continuar con un amplio apoyo, su elevada edad, 79 años, hizo imposible terminar con su mandato y reconoció revelar cierta ineficacia.Ahora bien, nos encontramos frente a un asunto que también se desarrolla a nivel latinoamericano, ya que recientemente, en las elecciones del país hermano de Uruguay, uno de sus candidatos Luis Alberto Lacalle Pou, que con 42 años, ha ingresado a la instancia de balotaje contra el ya conocido Tabaré Vazquez. Tambien recordar, la figura de Henrrique Capriles, quien ronda estas edades y se disputó el poder en Venezuela con el sucesor de Chávez, Nicolás Maduro.Parece ser una cuestión mínima, pero el paso de los años si bien contribuye a la experiencia de los diferentes representantes, puede también desgastar sus posturas, lo que en ciertos casos, determina el futuro de sus mandatos.La columna de hoy, no viene a agredir a aquellos políticos jóvenes, ni tampoco ir contra los que tienen unos años de más. Lo que si veo positivo es la implementación de la juventud en el ámbito político, que enriquece la participación y dinamismo de su práctica. En cierto modo, me parece pertinente que exista una cierta regulación, en donde todos los actores puedan ser partícipes de la actividad política del país.Agustín Curuchet
