Los juegos políticos del mundial
En tiempos en los cuales se está viviendo el mundial de fútbol FIFA en Brasil, quiero apuntar mi columna a intentar destrabar la relación que este tiene y ha tenido, a lo largo de la historia, con la política. Sin olvidar resaltar, la situación que hoy atraviesa el país hermano, encontrándose en el foco de todas las miradas.
Está más que claro, el carácter masivo y ecuménico que posee el evento mundial del balompié y, es en este marco, en que las diferentes protestas y reclamos sociales pretenden mostrarle al mundo la otra realidad que se viven en los países anfitriones. Brasil, una nación que en los últimos años ha protagonizado un gran crecimiento a nivel económico, conformándose como una de las potencias del mundo, no quedó afuera de estas acciones. Desde unos días previos a comenzar el evento, los diferentes medios de comunicación existentes se ocuparon de mostrar infinidad de imágenes sobre la cara oscura de la moneda que se está viviendo; ya que no todo es fútbol y carnaval, sino que existe un trascendental desorden social, las favelas y su gente sufren condiciones de hambre y pobreza descomunal, las cuales se enfrentan a la fiesta del deporte que se desarrolla. Quizás sea éste tan sólo otro ejemplo de los tantos que se han dado en la historia, en donde los gobiernos aprovechan dicho acontecimiento para mostrarle al mundo un país próspero, sin preocupaciones ni disturbios, dando la sensación de que todo se encuentra en su lugar. Cabe entonces recordar, a la Italia de Mussolini en 1934, que aprovechó la circunstancia para hacer propaganda sobre el fascismo; o en Suiza ´54, donde el triunfo en el campeonato le dio a Alemania Occidental la posibilidad de mostrarse como una nación nueva y renovada luego de la derrota en la Segunda Guerra Mundial. Argentina, como saben, no ha quedado afuera de este estereotipo de situaciones, cuando en 1978 el gobierno militar se valió del acontecimiento deportivo para cubrir las diferentes aberraciones, torturas y asesinatos que se llevaban a cabo en lo que fue la mancha más grande de la historia de nuestro país. Estas son algunas citas, que nos demuestran que este patrón suele ser una constante. Es preciso aclarar, que la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, se tomó el tiempo para exponer explicaciones razonables sobre lo que en su estado ocurre, y remarcar las diferentes inversiones y obras que desde el comienzo de su mandato se vienen realizando. Sin embargo, el pueblo brasilero no piensa lo mismo, y manifiesta su descontento en las calles y hasta en los propios estadios. Si bien no es mi intención generalizar, me parece preciso tomar las dos opiniones para suscitar una conclusión prudente y racional. Como ven, la relación entre el fútbol y la política es más estrecha que lo que algunos piensan, lo cual no quiere decir que sea un aspecto negativo o positivo; de lo contrario, tenemos que continuar resaltando el aprovechamiento de esta coyuntura para el beneficio de unos pocos. Comparto y disfruto del deporte, y destaco su capacidad para unir y crear un sentimiento de contagioso nacionalismo, pero también creo que no por eso los mandatarios deben apoderarse de éste para plantear y difundir ideologías. Es de esta manera, que propongo que en los mundiales que siguen, las regiones organizadoras y participantes, entiendan y vivan a la esencia del juego como tal, y traten de alejarse de las oportunidades políticas, porque más allá de todas estas realidades, el mundo se une y amiga en y por el fútbol.Agustín Curuchet
