Necesidad de Transparencia
Ante una semana agitada en términos políticos, ya son muchos los cuestionamientos sobre la veracidad del sistema electoral vigente. Aunque hay algunas respuestas, de nada sirven si su contexto de realización no logra esclarecerse.
Es paradójico como Tucumán, cuna de la independencia, hoy se ha transformado en la amenaza de la democracia. No es mi anhelo exagerar, pero lo que ha ocurrido en esta provincia en vigor del resultado de las elecciones, aún incierto, no es una cuestión que debe pasarse por alto. Los incidentes ocurridos en la Plaza Independencia tucumana, no solo provocaron graves heridos, sino que lastimaron a todo el pueblo argentino. Comparto y apoyo la diversidad de ideas, pero ellas no pueden llevarnos a la lucha armada; es una cuestión que, en pleno sigo XXI, ya quedó obsoleta, y donde la palabra representa el escudo más valioso. Todo esto desató un debate de fondo sobre la fidelidad de nuestro método de sufragar, e incansables denuncias de fraude. Las cuales también llevaron a plantear una gran reforma por parte del sector opositor al gobierno, quien en conjunto expuso la necesidad de abordar otro tipo de voto, ya sea electrónico o de boleta única. La eficacia de lograr que la oposición se una por una causa en común, da esperanzas de cambio en un futuro cercano, ya que me parece indispensable hablar de pactos y no de rupturas, de vínculos y no de disociación. Por otra parte, veo correcto proponer una posible renovación de la práctica electoral, corrompida por la dependencia del correo y la probabilidad de pervertir fiscales; pero siendo coherente, creo que ya no es momento para este tipo de transformación, que necesita de tiempo para implementarse y de esfuerzo para lograr una capacitación masiva. Lo curioso y destacable de esta serie de demandas, es que la mayoría de aquellos que imploran en sus declaraciones la exigencia de modificar la forma de sufragar, han logrado imponerse y triunfar en sus candidaturas por medio de la elección de la ciudadanía y utilizando dicho sistema. No hay que ser ingenuos al pensar que se realza en ellos un afán por alcanzar la transparencia, sino que la victoria o el fracaso condiciona mucho a este tipo de protestas. Hoy la mayor pesadilla quizás la esté viviendo el actual gobernador de Buenos Aires, Daniel Scioli, quien nunca imaginó el escenario que le vendría por delante luego de triunfar en las PASO. En primer término, su erróneo viaje en medio de las inundaciones que sacudieron a sus gobernados, puso el velo sobre las decisiones tomadas y la falta de obras públicas. Por otra parte, el respaldo pertinaz a la coronación de Manzur como el nuevo gobernador de Tucumán, trajo consigo réplicas de un accionar que no fue del todo acertado tanto en el desarrollo de la elección, como en lo que ocurrió luego. Sin embargo, nada parece cambiar la intención de voto, que se mantiene desde el 9 de agosto. Lo que sí es cuestionable pensar sobre los nuevos resultados que las consultoras más importantes han comenzado a publicar en esta semana, que proponen números que se refieren a una gran ventaja del oficialismo en unos casos, y una reducción de la brecha entre el segundo y el primero, en otros. Claro está que este tipo de sondeos son de poco fiar, y que depende, y casi lo hacen público, de los intereses de quien los contrata para realizarlos, por lo que debemos leer entre línea su información. En un país donde el ciudadano no puede creerle a los porcentajes expuestos por instituciones estadísticas, y también sufre controversia sobre la posibilidad de existir prácticas fraudulentas, ¿es el cambio de técnica electoral una solución? No lo sabemos, pero si estoy convencido, que Argentina necesita y debe velar por un método más honesto y transparente.Agustín Curuchet
