Por una Argentina unida
La pasada semana, un encuentro entre la presidenta de la Nación, Cristina Kirchner, y el actual jefe de gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, Mauricio Macri, desarrolló una noticia que puede haber sorprendido a muchas voces, pero que en realidad no tendría más que alegrarnos.
El hecho ocurrió en el contexto de la inauguración de un tramo de la autopista porteña Arturo Illia, en donde estos dos personajes de la política nacional se encontraron, cruzaron miradas y algunas palabras. Lo curioso y alentador, es que recién este año la relación entre Macri y la presidenta pudo destrabarse y así dar comienzo a una serie de reuniones que se fueron desarrollando, tales como el encuentro en la Quinta de Olivos , la inauguración de las oficinas de Facebook Argentina y el Tedeum del 25 de Mayo hace unos días. Lo valorable en esta serie de acontecimientos, viene de la mano de que en un año en donde la gran mayoría del ala política y gobernante del país piensa y demuestra sus ansias de llegar al 2015 lo antes posible, y, por supuesto, triunfar en los comicios; estas apariciones no hacen más que demostrar que las elecciones no lo son todo, y que, más allá de las discordias, gobernantes de diferentes partidos e ideologías pueden juntarse y conversar. Argentina nos tiene acostumbrados, ya desde hace mucho tiempo, a que los opositores políticos no tengan ningún tipo de relación, y más aún, en el día a día, quienes no se agreden o atacan verbalmente parece ser que no representan oponentes dignos de nuestra política. Está más que claro que no es así, y son estas reuniones las que lo manifiestan y comprueban. Como ya sugerí anteriormente, dicha cuestión tiene que, más allá de sorprendernos, alegrarnos como ciudadanos. Quizás sea este el comienzo de un largo camino en el que nuestros gobernantes, se olviden luego de los sufragios, quienes conforman su bando y quienes no, y así desarrollar sus funciones bajo el lema de la unión y conformación nacional. "Ni pacto, ni nada, simplemente sentido común", prefirió aclarar la presidenta en pleno acto compartido, para evitar las diversas opiniones y especulaciones que posiblemente se iban a suceder. En consecuencia, el ingeniero Macri tampoco se privó de tratar el tema a lo que aclaró: "las diferencias hay que superarlas en forma absolutamente civilizada, sin adjetivaciones ni chicanas". Sinceramente, observo un importante cambio en la gestión tanto nacional como porteña, que me hace pensar en un país más sociable y cordial, en donde reine la unidad, la cohesión y la armonía. Llevar estas razones al plano ciudadano, al pueblo, puede representar una cuestión un tanto difícil o hasta alocada, pero creo que son ellos, los mandatarios, quienes deben brindar el ejemplo y que si la transformación comienza "desde arriba", todo se vuelve mucho más sencillo y factible. Hace ya un año expresaba en una de mis primeras notas que "otra de las peculiaridades nacionales, es el hecho de que vivamos entre dos polos bien diferenciados, donde el pertenecer a uno de los bandos existentes parece ser un requisito excepcional para subsistir". Como ven, puede que esta realidad esté comenzando a ser transformada, y ojala, en unos años, o tal vez meses, podamos mirar el tópico de esta columna ya como algo obsoleto o desfasado. Con la intención entonces, de alentar a nuestros gobernantes a tomar como modelo dichos encuentro y reuniones; y también con el deseo de alcanzar una nación mucho más unitaria, alejada de las divisiones y diferencias territoriales e ideológicas, es que hoy les presento dicha temática. Sé que muchas veces suelo dar cierre a mi editorial con una conclusión, hoy serán ustedes los que le darán su fin, porque también la ciudadanía será responsable de hacer de este un país mejor, y es ahí donde nos olvidaremos de las fragmentaciones políticas, y, de la mano del diálogo, nos acercaremos a una Argentina funcionando como un bloque, a una nueva Argentina.Agustín Curuchet
