Revolución de Alegría: Utopía o Realidad
Entre las denuncias de corrupción, la polémica de los despidos, las descontroladas fiestas electrónicas y otros tantos problemas que está viviendo el país, la sociedad se ha olvidado de un valor clave y necesario para salir adelante, el quererse como comunidad; y pongo aquí especial atención en los diferentes escraches a representantes destacados del gobierno anterior.
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Es sabido que antes una idea o proyecto político se entremezclan distintas posiciones, que hacen al estar o no de acuerdo. Esto desata un gran apoyo que moviliza a demostrarlo, y por otro lado, una interesante oposición que no se quiere quedar callada.Pero, ¿es la violencia la mejor manera de expresarse en contra de una opinión? Por supuesto que no, entiendo que haya personas que necesiten descargarse, que ven que su Nación no crece como les gustaría y que la desigualdad social hace cada vez más utópica la idea de equidad, pero a decir verdad, no creo que con esta posición se avancen muchos casilleros, por el contrario, se retroceden.Llega ahora el momento de buscar culpables, casi inevitable, pero a mi entender innecesario, ya que en esas idas y vueltas por ver quien hizo más mal que el otro, solo hay un perdedor, el ciudadano y su búsqueda de la verdad.Miles fueron las palabras que hablaron de la existencia y crecimiento desmedido de la ya famosa grieta social, y muchas otras las que la generaron. Si bien puede decirse que hoy su propaganda ha disminuido, todavía recaen en la gente las consecuencias de su intervención.Es así como, en este caso el escrache en dos oportunidades al ex secretario legal y técnico presidencial, Carlos Zanini, no habla mal solo de aquellos pocos que gastaron su saliva en agresiones, sino que de todo un pueblo.Tampoco se trata de justificar la corrupción o el mal accionar de aquellos que en algún momento fueron mandatarios, pero es la Justicia quien posee la tarea de condenar e ir contra los posibles culpables, no la ciudadanía. Siempre y cuando se trate de un sistema democrático justo y de funcionamiento correcto; dando como resultado una discusión de fondo mucho más compleja. Como expreso el Jefe de Ministros, Marcos Peña, "todos somos iguales ante la ley y todos debemos responder por nuestros actos ante la justicia, pero si queremos construir una sociedad democrática debemos ser respetuosos de los lugares donde se deben dar esas discusiones (...) No hay escraches buenos, ni escraches malos".El clima de descontento y disputa que caracterizó a años anteriores, que se había transformado, por lo menos en lo comunicacional, en una revolución de la alegría parece haber durado poco. Es que lamentablemente, no se trata de estar alegre, sino de sentir conformidad con el país en el que uno vive, la cual se logra únicamente por medio de la cooperación, en donde la responsabilidad se reparte en parte iguales y todos, sin excepción deben aportar su grano de arena.No es menester destacar que en dicha cuestión han surgido ciertas voces que apoyan o a priori no están en desacuerdo con abuchear e insultar a un funcionario público, lo cual implica la presencia de un destacado resentimiento que no hace más que oponernos como población.Si usted esperaba encontrar en estas páginas la solución para mejorar, lamento decepcionarlo; lo que sí es certero que de la mano de agresiones no llegaremos a ningún lado. Que la revolución de la alegría es algo imposible, es cuestionable, pero la única manera de saberlo es intentándolo.Agustín Curuchet
