Servicio Educativo
A propósito de la iniciativa, planteada por un senador bonaerense, de volver a instaurar el Servicio Militar Obligatorio, y sumando esto a los innumerables reclamos y conflictos sociales que estamos viviendo, quiero desarrollar la teoría de generar el cambio de la mano de la instrucción, y así llegar al concepto de Servicio Educativo.
Hace unas semanas, el senador bonaerense y ex intendente de José C. Paz, Mario Ishii, propuso una consulta popular en vistas a que se retome el servicio militar obligatorio para los jóvenes calificados como "ni-ni", es decir, que no estudian ni trabajan. Cuestión que rápidamente fue criticada y desmoronada tanto por oficialistas como opositores. Pero el hecho de que elija este tópico para la columna de hoy no es casual, ya que observo que nos encontramos en un ciclo en donde la unidad social se encuentra corrompida, y en donde los derechos y libertades están siendo descuidados, y se ha generado un clima de descontento y agresión casi general. Si bien entiendo y estoy convencido que el modelo de correr, limpiar y barrer es ya una etapa superada, y que el proyecto planteado por el legislador porteño puede representar una especie de "manotazo de ahogado", creo que es un aspecto sobre el que no deberíamos volver a opinar. En este sentido, y si bien puede resultar un tema trillado, creo que la solución para apaciguar la violencia y generar el ambiente de trabajo joven, necesario para crecer como comunidad, sólo será dado por la educación. Es por eso, que planteo este concepto de "Servicio Educativo", bajo la idea de que la instrucción no sólo nazca de las escuelas y demás instituciones pedagógicas, sino que sea ésta una cuestión social. En tiempos de la hiperinformación y el auge de las redes sociales, es común observar un gran cúmulo de veredictos que creen que este problema se soluciona con simples palabras de invención de planes o demás iniciativas; pero no, como en la vida, no todo es tan sencillo como parece, y es éste entonces, un problema que necesita hechos, más que promesas. Así, elijo traer a colación una acción desarrollada por el Ministerio de Educación de la provincia de Santa Fe, en donde un equipo de consejeros juveniles, realizan un relevamiento, casa por casa, de todos aquellos estudiantes, de entre 14 y 22 años, que por alguna razón, han decido abandonar la escuela. El proceso es puramente artesanal, realizando una estrategia diferente para cada chico, y del cual ya se lograron reinsertar a 1.600 jóvenes en 2013, y apunta a hacerlo con 3.400 en este año. Dicho procedimiento, que consta de varias etapas, se establece desde la visita en las viviendas, hasta el seguimiento de la vuelta a la escolaridad como fase final. Esto demuestra, que ante la situación que estamos viviendo, es el estado quien debe ir hacia los chicos y no al revés. Si bien hay muchos "ni-ni", que lo son por elección, la gran mayoría son el resultado de un conjunto de malas consecuencias políticas y sociales, que experimentan en su vida cotidiana y que se trasladan a sus familias. El advenimiento planteado anteriormente, demuestra que si se quiere se puede cambiar. Esperemos entonces, que el mismo pueda contagiarse sobre todo el país y así ir desenvolviendo un poco este régimen de instrucción a partir de la unión y convicción popular. Me gustaría concluir, parafraseando al neurocientífico argentino Facundo Manes, quien en el contexto de la pregunta sobre cómo lograr una mejor educación, más equitativa y con el mayor número de alumnos posible, el mismo contestó que la única solución factible para este problema puede darse de la mano de la incentivación. Así, un joven motivado a estudiar, tanto por sus educadores como por sus pares y familiares, será una persona que realizará con gusto su inserción y el día de mañana, se convertirá en un trabajador potencial con ansias ganas de crecer y progresar. Son bajo estas bases que deseo que se comience a implementar este sistema, al cual veo posible de aplicar, siempre y cuando, lo desarrollemos juntos como sociedad; solucionando, quizás así, no sólo éste, sino muchos otros problemas de inclusión social.Agustín Curuchet
