Un dudoso tablero electoral
La incertidumbre que dejó el debate electoral, sumado a la inesperada reacción de la ex candidata Mónica López, aumentan las dudas sobre un escenario previo a las elecciones que aún no parece definirse y que mucho menos tiene un claro ganador.
Por Agustín Curuchet Lo curioso es que este tipo de desconcierto no sólo se observa en el electorado, del que todos esperan un voto salvador, sino que además, los propios candidatos se encuentran en un limbo, antecedente al acto de sufragar, del que parece ser, les está costando salir. Hace unas semanas la algarabía ciudadana de materializar un debate presidencial se hacía presente en medios y redes sociales; era algo de festejar, si bien Argentina representaba uno de los pocos países de Latinoamérica que aún no ejercía esta práctica puramente democrática y democratizadora, comenzaba el camino hacia esa meta, en una sociedad de tradición política particular. Pero la alegría duro poco, cuando se hizo pública la decisión del actual gobernador de la provincia de Buenos Aires de no participar del evento planeado en la Facultad de Derecho de la UBA. "Está claro mi programa de gobierno. Lo demás es chamuyo, dicen un día una cosa y otro día a otro", expresó el candidato kirchnerista cuando se lo indagó sobre su ausencia, y días más tarde, con un tono más sciolista, exclamó: "los debates toman muchas veces un tono de agresión, que no condice con el espíritu que yo siento que quiere la gente". Las palabras muchas veces connotan más de lo que dicen, y este es el caso, ya que por un lado, se ve una actitud distinta del mandatario provincial, quien según trascendidos, se siente ganador y piensa que lo logrará en primera vuelta, cuestión que, al parecer, le ha dado una nueva postura, un tanto más aireada y triunfal. Por otra parte, se destaca una determinación de continuar de la mano de Cristina, que en lo fáctico por lo menos, se demuestra en la acción de no disputar. Así fue como la política recordó a la historia del país, e incluso en partes la imitó. El fenómeno de la silla vacía se repitió al igual que en mayo de 1989, cuando Menem se ausentó en un debate fallido con el candidato radical Angeloz. A su vez, la memoria argentina evocó a Lorenzo Borocotó, quien tras ganar una banca como diputado en 2005 dentro del PRO, conformó una alianza independiente con el ala oficialista, mudándose de partido justo antes de asumir; y lo comparó de manera directa con lo ocurrido con Mónica López, que como candidata al Parlasur en nombre del Frente Renovador, decidió apoyar públicamente a Daniel Scioli. La resolución de la diputada, no solo de alejarse de las filas del massismo, sino también de su candidatura como parlamentaria del Mercosur, revela un germen que está atacando a la raza política actual, y que tiene que ver con una clara falta de convicción, que transmite también, gran confusión a la sociedad que espera ser representada por esta. La incertidumbre se volvió mayor, tras la noticia de un pacto entre Mauricio Macri y Hugo Moyano. El sindicalista, antes fiel seguidor del gobierno nacional, declaró su amparo ahora al aspirante de la coalición Cambiemos en un acto realizado para galardonar a trabajadores camioneros, en donde lo elogió, e incluso lo llamó "compañero". El debate significó un triunfo de nuestro sistema representativo, pero una derrota por no tener a todos los presidenciables discutiendo; los vínculos que supieron unir a más de un gobernante, hoy no están claros y tampoco son firmes. Las piezas de la partida que llamamos elección, que parecían estar ya organizadas y cerca de la trama final, han sido movidas e incluso cambiadas de lugar, es expectante esperar porque logren un orden razonable, que encuentre como término un desenlace que represente la opción más justa para la ciudadanía.
