El hambre emocional: ¿realidad o fantasía…?
Expertos en nutrición y psicología explican que la alimentación guiada por las emociones aparece ante situaciones de estrés o frente a la tristeza y no por apetito o necesidad física. Reconocer sus causas es clave para romper este ciclo.
:format(webp):quality(60)/https://eldebatecdn.eleco.com.ar/media/2025/12/bernardo_jose_gandini_fue_distinguido_como_profesor_consulto_por_la_universidad_nacional_de_cordoba_3.jpeg)
El buscar alivio en la comida tras un
mal día, por un momento de ansiedad o frente a una pérdida, se ha vuelto una situación
frecuente en la vida actual. En estos casos el acto de comer, se transforma en un refugio
emocional frente a situaciones difíciles. Esto se denomina hambre emocional, afecta a
adolescentes y adultos, dejando huellas profundas en la salud mental y física en quienes la
experimentan.
La Organización Mundial de la Salud (OMS), señala que más del 40% de los adultos en el
mundo reconoce haber comido por razones emocionales al menos una vez por semana,
luego de situaciones de estrés; con esto se busca llenar un vacío interno que pasa
desapercibido; esta relación disfuncional con la ingesta, puede derivar en un ciclo de culpa,
restricción y sobre-ingesta, que se repite, perjudicando la autoestima y la salud física. En
los casos graves, puede evolucionar hacia bulimia, anorexia nerviosa o trastorno por
atracón.
Según American Psychiatric Association, el 9% de la población mundial experimenta algún
tipo de trastorno alimentario; ellos suelen asociarse a depresión, ansiedad o antecedentes
traumáticos. Los trastornos alimentarios dejan de ser un problema de la voluntad o de la
dieta; representan expresiones emocionales en un cuerpo que busca control frente a las
circunstancias difíciles.
Con respecto a la imagen corporal, se destaca la relación entre la insatisfacción y la presión
social. El consumo intensivo de redes sociales y los estándares de belleza impuestos,
incrementan el riesgo de dismorfia corporal y restricciones en la alimentación, en particular
entre los adolescentes y las mujeres jóvenes.
Existen estrategias para abordar el hambre emocional: .- La alimentación consciente
facilita la reconexión con las señales corporales y ayuda a disminuir los episodios de
ingesta impulsiva. .-La terapia cognitivo-conductual permite identificar emociones y
pensamientos automáticos que lo desencadenan, reduciendo la culpa y el impulso de comer.
-La psico-educación nutricional desmonta creencias sobre “alimentos buenos o malos”,
promoviendo una visión más flexible y saludable de la nutrición. .- La aceptación y
compromiso fomenta la autocompasión y la aceptación corporal, brindando apoyo al
bienestar emocional.
QUERIDOS LECTORES: Cuando las emociones dejan de reprimirse o juzgarse, la
alimentación pierde su carga de culpa y ansiedad, y se convierte en un acto de equilibrio y
cuidado personal. Así, la comida deja de ser una fuente de sufrimiento para convertirse en
una oportunidad de bienestar, auto-aceptación y salud integral.
“Todo sufrimiento proviene del anhelo, del apego y del deseo”
Edgard Alan Poe
---------------------------------------------------------------------------------------------------