María Zysman, tras su paso por Gualeguay: “Lo que más marca es la inacción del adulto” frente al bullying
La reconocida psicopedagoga y fundadora de Libres de Bullying estuvo recientemente en Gualeguay, donde encabezó jornadas de capacitación y concientización sobre el acoso escolar y el ciberbullying. Sus advertencias sobre el impacto de las redes sociales, la exposición digital y la responsabilidad de los adultos vuelven a poner en debate una problemática que atraviesa a niños, adolescentes, familias y establecimientos educativos.
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El bullying y el ciberbullying se han convertido en dos de los grandes desafíos que enfrentan las comunidades educativas. Las situaciones de hostigamiento, las burlas, la discriminación y la violencia que muchas veces comienzan dentro de las aulas encuentran hoy una continuidad en las redes sociales, los grupos de WhatsApp y las plataformas digitales.
En ese contexto, la reciente visita a Gualeguay de María Zysman, psicopedagoga y fundadora de la Asociación Libres de Bullying, representó una oportunidad para reflexionar sobre una problemática que requiere respuestas concretas de las instituciones educativas, las familias y la sociedad.
La especialista participó de una serie de actividades desarrolladas durante el jueves 22 y el viernes 23 de octubre, organizadas por la Asociación E. A. Bavio, el Instituto Rocamora y Libres de Bullying, con el acompañamiento de la Dirección Municipal de Salud Mental y Prevención de Adicciones.
Las jornadas incluyeron encuentros con estudiantes del Instituto Rocamora y de la Escuela Pisurno, además de una capacitación abierta realizada en el Auditorio Municipal, destinada a docentes y a la comunidad.
Durante las actividades, Zysman hizo especial hincapié en la necesidad de identificar aquellas conductas cotidianas que pueden convertirse en el inicio de situaciones de violencia: los apodos ofensivos, las burlas reiteradas, la exclusión y los insultos que muchas veces se naturalizan entre compañeros.
El silencio de los adultos también deja consecuencias
Una de las reflexiones más contundentes de María Zysman está relacionada con la responsabilidad de los adultos frente al sufrimiento de niños y adolescentes.
En una entrevista publicada por el medio nacional MDZ durante febrero de este año, la especialista expresó:
“Lo que más marca es la inacción del adulto. Lo que más les duele es el adulto que no hizo nada”.
La afirmación pone el foco en una cuestión fundamental: muchas veces, quienes padecen situaciones de hostigamiento no encuentran respuestas oportunas en las personas que deberían protegerlos.
Zysman sostiene que la prevención no consiste únicamente en identificar al agresor y sancionarlo, sino también en construir vínculos de confianza que permitan a los chicos expresar lo que sienten.
Cambios repentinos de comportamiento, aislamiento, resistencia a concurrir a la escuela, angustia o dificultades para relacionarse pueden constituir señales de alerta que merecen atención.
La especialista también advierte que no todos los conflictos entre compañeros constituyen bullying. Para que exista acoso escolar deben presentarse situaciones de hostigamiento intencional, reiterado y sostenido en el tiempo, junto con un desequilibrio de poder que dificulta la defensa de quien lo padece.
El ciberbullying: cuando la violencia continúa después de la escuela
Uno de los aspectos más preocupantes del fenómeno actual es la extensión del hostigamiento al ámbito digital.
A diferencia de lo que sucedía décadas atrás, cuando muchas situaciones de violencia entre compañeros quedaban circunscriptas al espacio escolar, hoy las agresiones pueden continuar durante todo el día a través de teléfonos celulares, videojuegos en línea y redes sociales.
La difusión de fotografías sin consentimiento, la creación de perfiles falsos, los mensajes ofensivos, la circulación de rumores y la exclusión deliberada de grupos digitales son algunas de las manifestaciones del ciberacoso.
En declaraciones a Radio Nacional, Zysman advirtió que las redes sociales y los juegos en línea amplificaron enormemente las posibilidades de hostigamiento y exposición de las víctimas.
La especialista también explicó, en entrevistas con otros medios, que cuando una imagen humillante se viraliza, el sufrimiento puede multiplicarse por la cantidad de personas que la observan y comparten.
Una fotografía puede transformarse en un meme, un sticker o un video manipulado, prolongando el daño incluso después de ocurrido el episodio original.
Esta realidad obliga a repensar la educación digital y el acompañamiento de los adultos, especialmente en edades cada vez más tempranas.
Las redes sociales y la necesidad de pertenecer
Otro de los puntos que Zysman aborda habitualmente es la presión que experimentan niños y adolescentes para ser aceptados dentro de sus grupos.
La cantidad de seguidores, los comentarios, las publicaciones y los llamados me gusta pueden adquirir una importancia desproporcionada en la construcción de la autoestima.
En ese escenario, quedar excluido de un grupo de WhatsApp, ser ridiculizado públicamente o convertirse en objeto de burlas puede generar consecuencias emocionales significativas.
La psicopedagoga plantea que la búsqueda permanente de aceptación y reconocimiento digital también puede favorecer comportamientos agresivos, cuando algunos adolescentes utilizan la humillación de otros como una manera de obtener atención.
Por eso, insiste en que la educación debe recuperar valores esenciales como la empatía, el respeto por las diferencias y la responsabilidad sobre las consecuencias de las propias acciones.
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¿Qué deben hacer las familias y las escuelas?
En una entrevista , Zysman remarcó que las instituciones educativas necesitan establecer límites claros frente a las conductas que dañan a otros.
También señaló que la intervención no puede recaer exclusivamente en los docentes o en los padres, porque las situaciones de acoso suelen involucrar tanto los vínculos escolares como las relaciones que se desarrollan fuera de las aulas.
La prevención requiere escuchar a los chicos sin minimizar sus experiencias, evitar responsabilizar a quien sufre el hostigamiento y actuar antes de que los episodios se agraven.
En el ámbito digital, resulta fundamental que los adultos conozcan las aplicaciones utilizadas por sus hijos, conversen sobre la privacidad y los riesgos de compartir contenido, y promuevan un uso responsable de la tecnología.
Frente a un caso de ciberbullying, es importante conservar las pruebas de las agresiones, evitar responder con nuevas amenazas, comunicar lo ocurrido a la institución educativa cuando corresponda y buscar acompañamiento profesional si la situación afecta el bienestar emocional del niño o adolescente.
También debe trabajarse con quienes ejercen el hostigamiento y con aquellos compañeros que, mediante el silencio, las risas o la difusión de contenidos, contribuyen a sostenerlo.
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Una problemática que también interpela a Gualeguay
La presencia de María Zysman en nuestra ciudad permitió instalar nuevamente un debate que no debería agotarse con una jornada de capacitación.
Las escuelas, las familias, los clubes y las instituciones de Gualeguay forman parte de una misma comunidad en la que los niños y adolescentes construyen sus relaciones y desarrollan su identidad.
En una sociedad cada vez más conectada, las fronteras entre la convivencia presencial y la digital son cada vez menos claras. Lo que sucede en una pantalla puede tener consecuencias directas en la vida cotidiana, en la autoestima y en la salud emocional.
La visita de la especialista dejó una reflexión central: prevenir el bullying no significa solamente enseñar a los chicos a defenderse, sino fundamentalmente educarlos para que no lastimen a otros.
El desafío para Gualeguay, como para cualquier comunidad, es transformar estas instancias de concientización en acciones sostenidas que permitan construir espacios educativos más seguros, inclusivos y respetuosos.
Porque detrás de cada situación de acoso no hay solamente un conflicto entre compañeros: hay niños y adolescentes que necesitan ser escuchados, acompañados y protegidos.