Cultura de la cancelación: ¿Justicia social o bullying digital? 4ª Entrega
Cancelar es un verbo referido al no consumo de mercaderías, tiempo u operaciones comerciales; las personas cancelan suscripciones de revistas, los pacientes cancelan turnos con médicos o profesionales y morosos cancelan deudas.
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Para la Real Academia Española es: Borrar de la memoria, abolir o derogar algo. Este significado es el interesante desde el punto de vista digital en redes sociales. Esta cultura es una práctica social que tiene como objetivo moralizar el lenguaje y las presentaciones, ejerciendo presión para prohibir, o excluir publicaciones o personas políticamente incorrectas. Podría ser un equivalente, simbólicamente actualizado, del antiguo destierro que se practica en algunos escenarios intelectuales; en cátedras de universidades, por ejemplo, los alumnos no se inscriben en los cursados de profesores cancelados o abandonan los cursados; en el arte, tras denuncia, a veces mediática, se retiran distinciones y premios otorgados; los gestores por excelencia, son los medios masivos de comunicación y las redes sociales. Su origen llega al antiguo testamento; el sumo sacerdote tomaba una cabra, el chivo expiatorio, al que se le adjudicaban las culpas de la sociedad y se lo arrojaba al destierro. Un elemento, de la cultura de la cancelación fue la vergüenza pública, utilizada desde los orígenes de las sociedades; esto no es una novedad porque siempre existió, en diferentes formas, comentarios y campañas de difamación. La velocidad y el anonimato de las redes sociales no lo han generado, sino que lo han facilitado y exacerbado; en nuestra televisión y en la prensa escrita, esta se observa con frecuencia, el peligro es que desaparece la presunción de inocencia como derecho, hasta que se pruebe lo contrario judicialmente. Como en una caza de brujas la palabra de quien acusa, muchas veces un panelista de programas de televisión, no es verificada y el mensaje en el ciberespacio, se reproduce casi infinitamente sin retractación. En el caso de Woody Allen se convocó a cancelar su obra por una denuncia de abuso sexual desestimada por la justicia. A menudo, son figuras públicas y nadie, está a salvo de ser un blanco de la cancelación. Es un atentado a la libertad de expresión y al respecto existen numerosos principios filosóficos. Cuando interactuamos con personas con quienes no estamos de acuerdo, podemos ver nuestros propios errores de pensamiento. De allí que la libertad de expresión constituya una condición necesaria en el debate público. Quien cancela no dispone de otros medios para sostener posiciones y se vale del instrumento de “policía del pensamiento”; en redes, se dicen cosas que, seguramente, no dirían cara a cara con alguien. Se castigan las palabras, dotadas del poder que trasciende lo discursivo, impidiendo el disenso, como modo de inquisición digital.
“El estudio sin deseo estropea la memoria y no retiene nada de lo que toma”
Leonardo da Vinci